El viaje de 6.000 kilómetros de galgos rescatados

  • Una hembra de galgo descansa tras su reciente llegada al refugio que puso en marcha la holandesa Vera Thorenaar en el 2010
    Una hembra de galgo descansa tras su reciente llegada al refugio que puso en marcha la holandesa Vera Thorenaar en el 2010

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22 de abril de 2015. 12:35h

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22/4/2015

Abandonados por sus dueños, en muchos casos coincidiendo con el final de la temporada de caza, centenares de galgos son recogidos cada año por una asociación en Málaga que los cuida a la espera de hogar, una familia que suelen hallar fuera de España, en no pocas ocasiones a 6.000 kilómetros de distancia. Utilizados para la captura de las liebres, carreras clandestinas o cría, cuando rondan la edad de 4 años, algunos ejemplares son entregados en perreras o, simplemente, dejados a su suerte en las carreteras.

Sensibilizada con la situación del galgo en nuestro país, la holandesa Vera Thorenaar, afincada en Málaga desde hace 30 años, puso en marcha en 2010 un refugio en la localidad de Alhaurín de la Torre para rehabilitar a estos animales y facilitar su adopción en hogares españoles y del extranjero.

Aunque las instalaciones solo tienen capacidad para acoger a una treintena de animales al mismo tiempo, gracias a las gestiones realizadas con diversos colectivos internacionales, la asociación Galgos en Familia, fundada en 2008 por Thorenaar, pudo cerrar el pasado año con 190 adopciones.

De ellas una veintena se produjeron a unos 6.000 kilómetros de distancia, en Estados Unidos, en colaboración con la asociación Galgo Rescue International.

La normativa de ese país solo permite que los perros viajen en marzo, abril, mayo, octubre y noviembre, para evitar los meses con las temperaturas más extremas. Primero, los galgos viajan por carretera de Málaga a Madrid, donde duermen una noche en un hotel próximo al aeropuerto, para después tomar un avión a Nueva York.

Los canes viajan en la bodega, acompañados en cabina por un pasajero voluntario español o americano para facilitar el embarque y desembarque, y por lo general se tumban en el transportín, sin que sea necesario administrarles ningún tranquilizante, según ha explicado Thorenaar.

Una vez que el animal se envía fuera de España, pasa a depender de la organización que se ha interesado en la adopción, y si el galgo "no encaja" en la familia de acogida, algo que ha pasado en contadas ocasiones, ya se queda en ese país, a la espera de otro hogar.

La mayor demanda desde el extranjero procede de Holanda y Bélgica, países en los que Galgos en Familia trabaja con Greyhound Rescue Holland y Greyhounds Rescue Belgium, respectivamente, y en menor medida de Austria, Finlandia, Francia o Inglaterra.

El caso de España llama la atención por el reducido número de adopciones: alrededor de una quincena en 2014, lo que la fundadora del refugio atribuye a que no existe concienciación al respecto y a que muchos españoles tienen una idea errónea de los galgos.

"Piensan que es un animal que necesita correr mucho y moverse, pero es una mascota ideal, muy tranquila" a la que, ha enfatizado, también "le encanta el sofá".

Habla desde el cariño que profesa a estos animales y con conocimiento de causa, pues comparte su propia casa con tres galgos, y cuida, junto a un equipo de voluntarios, a decenas de perros de esta raza que esperan nueva familia en el refugio, cuya continuidad depende de aportaciones privadas.

Cuando los galgos desechados por sus propietarios llegan a este lugar, se les extrae sangre para comprobar si tienen enfermedades, como las que transmiten garrapatas o pulgas, se les medica en caso necesario y se les esteriliza para evitar que sean dedicados a la cría. Ya solo necesitan una nueva familia.

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