Las 8 ermitas más hermosas de España no tienen rival

Un repaso a las ermitas más bonitas puede recordarnos cómo en nuestro país, hasta sus esquinas más sencillas están cargadas de belleza.

Ermita de San Juan de Gaztelugatxe.
Ermita de San Juan de Gaztelugatxe.Enrique Lopez pixabay

Decorando nuestro país, se desperdigan con una calidez deliciosa algunas de las ermitas más bellas del mundo. El profundo sentimiento cristiano de nuestros antepasados hizo posible su construcción el lugares aparentemente inaccesibles. Ellas solas, rodeadas de la naturaleza más bruta, significan un bastión de esperanza donde parece que nada queda. Quizás este verano sea un buen momento, si las circunstancias lo permiten, para visitarlas, admirarlas, demostrarles el respeto que merecen. No por un sentimiento religioso, exclusivamente, ya que esto depende de cada uno, sino por haber aguantado, firmes, los bandazos con que la historia ha decidido castigarles. Ellas han aguantado firmes los temporales, las guerras, las enemistades. Hacemos un repaso a las diez ermitas más hermosas de España.

San Bartolomé, Soria

Imagen de la ermita templaria de San Bartolomé. FOTO: Daniel Muñoz https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.es

Entramos en los terrenos del misterio. La ermita de San Bartolomé, defendida por el cañón de Río Lobos, parece querer protegerse de alguien. Al conocer que fue edificada por la Orden del Temple y mantenida por ellos hasta su brusca desaparición, el misterio se acentúa. ¿Qué ocurrió tras sus muros, cuántas conjuras tramaron los caballeros al abrigo del cañón de Río Lobos? El ambiente que se respira en esta ermita difiere a las demás. Y el misterio continúa cuando hay detractores de esta afirmación sobre los Caballeros del Temple, y los estudiosos se dividen entre quienes les conceden su construcción y quienes se la niegan. ¿Quién tendrá razón? Pero ya es tarde para saberlo. El ambiente que se respira juega con los aromas, instigando el engaño. Durante su visita no puede escaparse una ojeada a sus cuevas adyacentes, algunas de tamaño considerable y donde se han llegado a encontrar diversos artilugios prehistóricos.

Virgen de Monfragüe, Extremadura

Situada en el Parque Nacional de Monfragüe, su posición privilegiada para sumergirnos en la naturaleza la convierte en una ermita excepcional. En su interior guarda una talla bizantina de la Virgen que trajeron desde Jerusalén los caballeros cruzados de la Orden de Monte Gaudio, en el siglo XII. Esta talla muestra un pedazo de historia de la ermita. Ha sido utilizada por diversas órdenes religiosas, gracias a su lejanía respecto a ciudades y pueblos, además de su proximidad al prácticamente imposible de conquistar Castillo de Monfragüe. El nombre de este castillo y esta ermita proceden de la palabra árabe Al-Mofrag, que significa “el absimo”, y debemos reconocer que el nombre es acertado. Un abismo separa a la Virgen de Monfragüe del mundo. Retar a este abismo, subiéndolo, es la mejor manera de alcanzar a entrar en ella.

Santa Cristina de Lena, Asturias

Imagen de Santa Cristina de Lena.

Nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, esta ermita visigoda construida en torno al siglo VII ha entremezclado su sentido religioso con la inspiración. No es para menos. Su posición privilegiada sobre el río Lena le otorga un sabor a fortaleza, a refugio. Su piedra aparentemente fría alberga un interior cálido, ese refugio, donde se dice que hallaron amparo los mineros asturianos durante la revolución de Asturias en 1934. Aunque ha sido reformada o restaurada en diversas ocasiones, la primera de ellas en el 852 y la última en 2012, sigue manteniendo su sabor original. De quietud y sintonía con el amplio campo que la rodea. Esta es una visita especial para quien tiene la oportunidad de verla, y su poder para calmar el espíritu más tempestuoso justifica cualquier viaje.

San Tirso y San Bernabé, Burgos

Si hablamos de Historia española encerrada en una ermita, aquí se guardarían las páginas más jugosas. Lo que fue en tiempos del paleolítico un refugio para los cuerpos de los hombres (sus pinturas rupestres lo demuestran), pasó a ser, en algún momento, un refugio para sus almas. En algún momento porque su transición de un punto al otro fue tan sutil, tan delicada en sus pasos, que se desconoce la fecha exacta en que fue construida. Unos dicen que en el siglo VIII o IX, otros que en el siglo XIII. Aunque las fechas carecen de importancia al entrar en ella y mirar al techo, a los bellos frescos pintados con el mimo del ermitaño. Sus seis pisos conforman un total de 100 kilómetros de galerías excavadas en el interior de la roca, un espectáculo, un milagro, casi. Este es el complejo kárstico más amplio de España y un lugar perfecto para perderse por unas horas.

San Juan de Isil, Lérida

Imagen de la ermita de San Juan de Isil y su cementerio. FOTO: Josep Renalias https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es

El estrecho río Noguera Pallaresa roza los muros de esta ermita del siglo XI, a pocos metros del pueblo Esterri d’Aneu. Quizás podamos utilizar la palabra solemnidad para describirla. O calma. Rodeada del brillo suave de los frondes de los árboles, acompañada únicamente por un viejo cementerio, permite al visitante huir por unas horas del frenesí de la vida. Será la magia calma de las ermitas que se concentra en esta tan pequeña. En cualquier caso, piedra sobre piedra conforma un pedazo de historia, celebrada todos los años en la festividad de San Juan, el 23 de junio.

San Felices en Haro, La Rioja

Situada en los Riscos de Bilibio, en el punto exacto donde hubo un castro romano para defender la región, se encuentra una de las ermitas más remotas de nuestro país. Construida en 1710, su precaria posición ha obligado a reconstruirla numerosas veces. Uno de los aspectos más conocidos de esta ermita es la Batalla del Vino que se celebra todos los 29 de julio. Tras una romería subiendo su escarpada pendiente, y la misa consiguiente, se celebra un combate cuyas armas son las botas de vino. Ganará el más mojado de todos. La vista desde esta ermita posee un toque de magia castellana. Domina con cautela los viñedos que la rodean, esta vista tan hermosa, y el esfuerzo que supone subirla paga merece la pena con creces.

San Úrbez, Huesca

Imagen de la ermita de San Úrbez. FOTO: Sobrabre https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/

Al borde del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, las montañas esconden esta ermita, construida en el siglo VIII. Se oculta a los ojos de extraños en la conocida como Cueva de Sestral. Su nombre procede de la creencia de que San Úrbez, un santo pastor de la zona cuyas ovejas no comían más que las malas hierbas de los campos que pisaban, residió en esta cueva en diversas ocasiones. Este era un hombre de personalidad mágica, que impulsaba a quienes le conocían a agasajarlo. Él, tras pasar cortas temporadas en las casas que le acogían, renegaba de este trato especial y salía en busca de un nuevo refugio donde le trataran con normalidad. Quizás fue en esta cueva donde encontró la paz que andaba buscando.

Nuestra Señora de Belén, Albacete

La belleza de esta ermita reside en su interior, como una metáfora que se refiere al espíritu de los hombres. El exterior blanco y de detalles sencillos no parece llamar la atención del caminante despistado, pero los frescos cuidadosamente pintados en su interior reconfortan a la persona más endurecida. Como a tantas ermitas, a esta le rodea una leyenda. Dice que cuando un pastor de la zona iba a ser devorado por una gran serpiente, se apareció la Virgen sobre un espino y mató a la serpiente. Así comenzó la adoración a la Virgen del Espino, que desembocó dos siglos después en la construcción de esta ermita. La tradición marca que todos los 28 de diciembre se sube en procesión a esta ermita, para felicitar a la Virgen por haber dado a luz a Cristo.