Razones para practicar el turismo nacional: la arquitectura española

Un breve e incompletísimo repaso a la riqueza de nuestra arquitectura abre el apetito para el momento en que podamos volver a visitarlo con libertad.

Alhambra de Granada, Andalucía/Foto: Petr Slovacek/Unsplash

Desde delante hacia detrás

Decía Tertuliano Máximo Afonso que en ocasiones es mejor explicar la Historia desde delante hacia detrás, como haría un navegante que explora un río desconocido hasta sus orígenes. Es una idea alocada, es cierto, pero otorga cierta emoción al aprendizaje de nuestro pasado, desde el presente hacia atrás, comprendiendo las ligaduras de cada minuto que palpitamos vivos en relación con los pasos que recorrieron nuestros antepasados. Esto es, mezclando los años, siglos y edades hasta concentrarlos en un mismo punto. La Historia pasaría entonces de ser una constante repetición de lo que ya está escrito, un ejercicio sencillo, a un entresijo de conceptos ligados entre sí, sin necesidad de unirlos con una periodicidad lineal. Es una idea alocada, sí, pero reconozcamos que también original, en honor a la memoria del atormentado profesor. Y recuerda en cierta medida a nuestra arquitectura. La arquitectura española no sigue un orden concreto una vez se levanta cada edificio, estuvo allí, está allí, y si el destino lo requiere seguirá allí cuando no quedemos ninguno de nosotros.

La Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia. Ivan Terron / Europa Press 16/05/2020 /Foto: Ivan Terron / Europa Press /Ivan Terron / Europa Press

Cojamos Valencia para comenzar este experimento. Desde delante hacia detrás. En Valencia se entrelazan los edificios hasta que, ya fijos en el suelo, parecen vivir un presente continuo. Vemos casi al mismo tiempo, con apenas unos minutos de diferencia que se requerirán para movernos de un sitio a otro, los trazos pulidos y blancos de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, cuya construcción comenzó en 1994; la Lonja de la Seda, construida a lo largo del siglo XV; y bajo la Catedral pueden visitarse los vestigios restantes de antiguas residencias romanas. La Catedral también juega con los conceptos del tiempo, empujándolos a un núcleo duro que es su construcción, en la que se combinan los estilos románico, gótico valenciano, renacentista, barroco y neoclásico, y donde además se dice que se guarda el Santo Cáliz tras ser regalado por Alfonso V de Aragón.

Desde el modernismo catalán hasta Roma

Son largos siglos que se entrecruzan en nuestra tierra, hasta romper los conceptos de pasado y futuro y convertir el tiempo en un único punto. Sin líneas. Basta una visita a Barcelona para encontrar el modernismo catalán: el Palacio de la Música y el Hospital de San Pablo, el Parque Güell y su palacio, ambos obra de Gaudí y su mente fascinante. Las delicias que moldearon las manos ágiles de de Lluís Domènech i Montaner. E irguiéndose por encima de la belleza modernista, su concepto absoluto, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Y de un salto, sin salir de Cataluña, lanzándonos de cabeza en Tarragona como si de una piscina se tratara, el tiempo se revuelve y contornea, y aparecen bruscos los mejores restos de arquitectura romana y declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Solo habría que buscar sin demasiado esfuerzo su Arco del Triunfo, el circo y anfiteatro romanos, el Foro.

La Universidad vista desde el pueblo.

¿Qué ocurre cuando distorsionamos el tiempo? El espacio se resiente. Basta cerrar los ojos en el Paseo de Gracia y abrirlos en Comillas, Cantabria, y seguimos inmersos en el modernismo catalán, más alejados de su tierra madre. Cantabria, capital Santander, donde la vista regala joyas regionalistas como el Palacio de la Magdalena y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, ambos construidos en 1909. Pero siguiendo de la mano del regionalismo cántabro, no hace falta buscar edificios imponentes y recargados. Basta un paseo por sus pueblos, de una belleza humilde y aun así, exquisita. En ellas se entremezclan el románico con el gótico, la madera con la piedra. Decenas de pequeñas ermitas se barajan con las casas, por todo el norte en general, desde el Santuario de Nuestra Señora de las Ermitas en Orense, hasta San Juan de Isil, Lérida, pasando por San Juan de Gaztelugatxe en Vizcaya. El medievo regaló a nuestro país estas muestras de arquitectura perenne.

Catedrales, mezquitas y puentes de hierro

Bajamos al galope hacia el sur español. Pasamos, deteniéndonos a observarlas con la honra que merecen, la Catedral de Burgos (estilo gótico, siglo XIII) y la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (estilo barroco, siglos XVII-XX). Es preciso estar atentos cuando se visitan estas exquisiteces, su piedra limpia puede presentar una engañosa juventud y hacernos creer en un momento de debilidad que datan de los mismos años, en parte debido a la creencia popular de que solo en la Edad Media tenían los hombres fe suficiente para levantar estos templos. Aunque sí es cierto que una catedral pocas veces deja de crecer, cambia, se adapta, se adorna con nuevas joyas de piedra, y los propios edificios parecen entrar en nuestro juego de la Historia en retroceso, siendo tantos los toques y retoques que les concedieron a lo largo de los siglos para aumentar su belleza.

Gigantes y cabezudos bailan junto a la Catedral de Burgos en honor de Santa María la Mayor

Es evidente que los edificios fueron creados en un momento determinado pero, ¿quita o resta alguna impresión al Pabellón Puente de Zaragoza, construido para la Expo del 2008? Es igualmente deslumbrante. La arquitectura, una vez quieta en sus cimientos, se mantiene, pero los hombres buscamos el cambio constante y lo plasmamos en las obras, nosotros no escapamos a esa linealidad del tiempo, y en puentes como este, tan diferente al puente medieval de San Martín (Toledo) se puede apreciar ese cambio del ser humano, no tanto hacia un nivel mayor de belleza sino hacia una mayor amplitud del concepto que tenemos de ella.

¿No es igualmente impresionante visitar en Madrid sus Cuatro Torres, las más altas de España y un desafío a la gravedad, que la Plaza de las Ventas o la Basílica de la Almudena? Independientemente de nuestros gustos y prejuicios. Ya decía Aristóteles que una mente educada comprende un pensamiento, aún sin aceptarlo. Yo encuentro un placer especial al visitar la Giralda de Sevilla, en sus inicios minarete musulmán y en la actualidad campanario católico, y también cierto orgullo por mi Historia completa. El Museo Memoria de Andalucía de Granada (2006-2009) tampoco se queda atrás.

Los misterios que ocultan sus paredes

Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 2016. JUNTA DE ANDALUCÍA 24/02/2020 /Foto: /JUNTA DE ANDALUCÍA

Visitando cada uno de los edificios nos hacemos las preguntas adecuadas. ¿Cómo fue verlos crecer, piedra a piedra, hierro a hierro? Cierta gloria empapa el proceso de creación en obras como estas. Algunos, como los Dólmenes de Antequera, no fueron únicamente los comienzos de un edificio sino de la arquitectura en nuestra tierra. ¿Qué dramas y momentos de felicidad se desarrollaron dentro de sus paredes? En el interior del Real Teatro de las Cortes, en Cádiz, España avanzó su primer paso en el sufrido camino de la democracia, al elaborar la Constitución de 1812. En alguno de los viejos edificios de Toledo dijo Bécquer que una estatua mató de un guantazo a un soldado napoleónico irrespetuoso. ¿Cuál sería?

Son tantos edificios, tan bellos, casi inmunes a los años. Despistado de mí, esta orgía de belleza ha tornado en nerviosas mi mente y mis manos al teclear, hasta el punto de que casi olvido mencionar el Museo Guggenheim en Bilbao, o el castillo mudéjar de Coca, o la Alhambra, o el casco antiguo de Santiago de Compostela. Pero son tantos, y es sencillo agotar al lector si intento abarcarlos todos en un artículo. Cuando un país cuenta con más de 30 edificios, o conjunto de edificios, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, casi llegaría a ser injusto meterlos a todos en un puñado de palabras. Mejor será que los visitemos, tiempo al tiempo, a sabiendas de que nuestra situación de ahora es temporal, y no queda mucho tiempo hasta que podamos regresar atrás para volver a disfrutarlos.