El Camino del Cid: una ruta con trazas de historia, cultura y gastronomía medievales

Si se busca una ruta para hacer en España este verano, que aporte cultura y sacie el paladar, el recorrido efectuado por el héroe más conocido de la Reconquista es indispensable

Ciertos personajes no precisan una introducción. En el caso de Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, una introducción no le es necesaria a nadie que haya habitado España durante los últimos mil años. Bastaría con presentarlo como una realidad tan estrambótica y gloriosa, tan plagada de dudas y de historias, que ha traspasado las fronteras de la leyenda para cabalgar a sus anchas por ellas. Es un hombre que cabalga entre la realidad y la leyenda de forma parecida a cómo cabalgó por las tierras del noroeste y este peninsular, ligero de lujos y ceñida la espada. Con la vista fina y la barbilla recta. Dispuesto a todo.

Se sabe que combatió con honor - en aquellos tiempos, el honor era una virtud inquebrantable - junto a Alfonso VI, fue desterrado y tras unos meses como caballero a sueldo entró al servicio de la taifa de Zaragoza, combatió invicto para los musulmanes, recuperó el favor del rey leonés, fue desterrado una segunda vez, conquistó Valencia y pasó a la Historia. Y todo esto en una vida. Sus andanzas al servicio de uno y otro gobernante, en esta o aquella guerra, le llevaron a recorrer gran parte del este peninsular en un camino que comenzó en Burgos, su tierra natal, y terminó sellándose en Valencia tras conquistarla. Esta ruta la conocemos actualmente como el Camino del Cid, y es el plan perfecto para salpicar el verano con trazas de historia y cultura españolas.

El Camino del Cid también pasa por otras zonas, aparte de las explicadas a continuación, y especialmente conocidas son las del Anillo del Maestrazgo y La Defensa del Sur, pero cuando hablamos del camino que llevó al noble burgalés desde su tierra hasta la inmortalidad histórica, este es el trayecto más recomendado.

El destierro

Mucho se ha hablado del famoso episodio de la Jura de Santa Gadea, aunque no existe ninguna evidencia histórica sobre la misma y es más probable que se trate de una invención literaria. El verdadero punto de ruptura entre Alfonso VI y el Cid vino tras el saqueo que este último efectuó en la taifa de Toledo, que por aquél entonces gozaba del amparo del rey leonés. Alfonso ordenó al Campeador abandonar Castilla en un plazo de nueve días, dándole tiempo a refugiar a su esposa e hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña, armarse y reunir a su grupo de fieles, conocidos como la mesnada.

Esta primera parte de la ruta, que ronda los 356 km y debería realizarse en cuatro días para visitar con tranquilidad las localizaciones más emblemáticas, parte desde Vivar del Cid (Burgos) hasta Atienza (Guadalajara), pasando por la sierra de Pela que por aquellos años (siglo XI) marcaba la frontera entre el reino de Castilla y la taifa de Toledo. La primera parada, igual a la del Cid, pasa por el monasterio donde resguardó a su familia, colindante con el valle del Duero y salpicado por bosques de pinos y llanuras bajas. La memoria medieval es intensa en este recorrido hasta Guadalajara, donde además de cruzar hasta seis espacios naturales (entre los que destacan el valle del Arlanza y La Yecla), numerosos castillos y atalayas propias de los años de la Reconquista se cruzan sin apenas necesidad de buscarlos.

Tras atravesar la ciudad de Burgos y deleitarse con su Catedral, el Monasterio de las Huelgas o la Cartuja de Miraflores (los ejemplos de arquitectura medieval en esta ciudad asaltan al visitante en cada esquina), el tramo recorre numerosos pueblos marcados por el estilo románico rural y termina en el Castillo de Atienza, ya en tierras arriancenses. Entre los pueblos mencionados, es complicado destacar unos por encima de los otros, su belleza compite con una ferocidad propia del Campeador, aunque es de parada obligada probar un guiso en Berlanga de Duero y pasearse sin prisa El Burgo de Osma.

Tierras de Frontera

Desde Atienza hasta Calatayud (Zaragoza) siguen 250 kilómetros de ruta que marcan una segunda etapa en la vida errante del Campeador. El burgalés y sus hombres tomaron por la fuerza Castejón de Henares, o quizás Jadraque (en este punto difieren los historiadores) en busca de víveres, y tras un breve saqueo del valle que los rodea, prosiguieron su camino hacia el valle del Jalón en su travesía por tierras musulmanas. Llegaron hasta la villa fortificada de Alcocer y después de tres meses de asedio, la conquistaron. La taifa de Valencia, ultrajada por los castigos del Campeador, envió un ejército de 3.000 hombres para exterminar a su mesnada, con el previsible resultado de una victoria aplastante por parte de los burgaleses y la huida histérica de los musulmanes derrotados. La persecución de los perdedores llevó al Cid hasta Catalayud.

La ruta sigue este camino, bajando desde los 1.320 metros de altitud en la Serranía de Atienza hasta los 536 metros en Calatayud. Tras atravesar Medinaceli, el paisaje se torna en uno menos frondoso, más seco y plano, propio de las tierras de frontera. Gran parte de los enfrentamientos del siglo XI se fraguaron en estas tierras, donde colindaban diversas taifas y los reinos castellanos, y basta un vistazo por la ventanilla del vehículo para imaginar las duras batallas que se dieron en este mismo suelo. Los castillos también son habituales en este tramo, fueron creados con roca firme y la roca firme se mantiene impasible, más allá de los hombres que las colocaron, más allá incluso de las ideas que llevaron a colocarlas. Los castillos de Jadraque, Pelegrina, Sigüenza, Medinaceli, Montuenga de Soria y Monreal de Ariza merecen una visita o, como mínimo, una parada para observarlos con detenimiento.

Las localidades que cruza esta parte del camino, que por lo general debería recorrerse en 3 días, son tranquilas y pocas superan los 400 habitantes. Se respira un ambiente de calma en contraposición con el bullicio ensordecedor del hierro y del acero en tiempos del Campeador. Razón de más para detenerse en algunos de estos pueblos y sumergirse en su cultura, entrecruzada con el legado musulmán y el castellano, y donde ya pueden apreciarse muestras de arte mudéjar intercaladas con el románico. Su gastronomía es un punto más que añadir al placer que supone visitarlas, en esta tierra sobresalen la sopa de ajo, los fardeles y el exquisito vino de Aragón, comidas propias de un verdadero caballero a las órdenes del Campeador.

Las Tres Taifas

297 kilómetros y cuatro días de viaje separan Calatayud de Cella, Teruel, en el trecho conocido como las Tres Taifas por recorrer las viejas taifas de Toledo, Zaragoza y Albarracín. Aquí sembró el Cid hierro y fuego bajo las órdenes del rey zaragozano al-Mutamán, y posteriormente reunió a sus tropas en Cella para lanzarse a la conquista de Valencia. Pero Rodrigo Díaz de Vivar era uno de aquellos hombres con una visión más amplia que los prejuicios. Entabló una profunda amistad con el gobernador musulmán de Guadalajara y consiguió que su mujer e hijas estuvieran seguras bajo su amparo, convirtiendo esta parte de su vida en una especialmente interesante.

Los complejos amurallados se suceden a lo largo del camino, desde Calatayud hasta Albarracín, pasando por Daroca y Molina de Aragón. El arte mudéjar de Calatayud es actualmente considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, volviendo imprescindible un paseo lento por sus calles, pero no menos importante es la antigua fortaleza musulmán de Daroca. Por aquí fluían ejércitos musulmanes, mercancías y religiones en su camino al valle del Ebro. Se trata de uno de esos reductos de tierra y piedra que guardan dosis de Historia concentrada. Y más adelante, tras tomar en Monreal del Campo un desvío por la Nacional 211 hasta llegar a Molina de Aragón, el viajero será testigo de uno de los castillos mejor conservados de la época.

La ruta pasa por Albarracín y desde allí se efectúa el último tramo hasta Cella, haciendo una parada obligada en el acueducto romano que une ambas localidades. La sorpresa que guarda este acueducto es su forma excavada en la roca, de manera muy distinta a la que estamos acostumbrados en los acueductos de Segovia y Tarragona. Se trata de un breve desvío histórico en nuestra ruta que merece la pena.

La Conquista de Valencia

Llega el punto álgido de la ruta del Cid, en su hazaña más histórica. Desde Cella hasta la ciudad de Valencia siguen 200 kilómetros de camino marcados por la gloria. Tras reunir a sus fieles en Cella, el Campeador marchó con sus tropas a las orillas del Mediterráneo, convirtiendo la vieja ciudad de Sagunto en su cuartel general durante los tres años que duró la ofensiva. Ofensiva terrible, por otro lado, que se saldó con un prolongado asedio y numerosas bajas por ambas partes hasta que el Cid llegó al momento culmen de su historia, ya dentro de las murallas valencianas y observando sus nuevos territorios desde la torre del alcázar. No sería fácil mantener esta nueva plaza, sin embargo, ya que las tropas musulmanas buscaron recuperarla a cualquier coste, convirtiendo la zona en una marcada por sangrientas batallas durante los años posteriores a la victoria.

La riqueza histórica de este tramo es tan valiosa como el resto del camino. Desde la visita de Teruel, conocida como la capital del mudéjar aragonés, hasta el primer vistazo que nos concederá el camino de las murallas de Sagunto, el viajero cruza a lo largo de tres días varios de los pueblos más marcados por la arquitectura gótica de nuestro país, en especial Segorbe. En esta deliciosa localidad destaca su Catedral, aunque también se encuentran muestras del barroco temprano en la iglesia de San Martín y la iglesia de San Joaquín y Santa Ana.

Tampoco se queda corto en belleza natural. Las tierras altas de Valencia, pasando por los estrechos de Mijares y los Sabinares del Puerto de Escandón, ofrecen increíbles vistas intactas a la mano del hombre, y el humedal de Marjal dels Moros es de una hermosura abrumadora. Su amplia variedad de plantas endémicas y aves de temporada lo conforman como un lujo natural de una belleza muy singular. ¿Chapotearon por aquí las pezuñas de Babieca, el corcel del Campeador, en su camino a la victoria? Pensemos que sí, y deleitémonos con el sonido de ese chapoteo mientras retumba en nuestra imaginación. En este tramo también podrían visitarse algunas de las más hermosas playas del litoral mediterráneo, y es un asunto gozoso el de refrescarse en sus aguas tibia, anterior al lance definitivo. Una vez atravesada la entrada de Valencia, precisa finiquitar correctamente la aventura con una paella y dos o tres horchatas que calmen la sed por nuevas batallas.