Cinco destinos subterráneos, no aptos para claustrofóbicos

Visitamos las profundidades de la Tierra en busca de nuevos misterios

Existen determinados escenarios más abiertos a entrar en la categoría del misterio. Son las selvas muy frondosas, los desiertos, el océano, todo lo que es amplio para la figura del hombre y oculta la vista como hacen los frondes de la selva, o es tan abismal aquello sin final que la vista abarca, que la vista parece quedar oculta casi hasta perder su sentido. El misterio trata de lo oculto, aunque en ocasiones se extienda a lo largo de miles de kilómetros. Pero existe un mundo todavía más oculto, digamos, lo oculto dentro de lo oculto, el misterio que guardan los misterios, y para encontrar estos lugares haría falta volver la vista al suelo. Allí abajo se despliega un abanico de lo que todavía no conocemos, oculto a la vista en ocasiones a lo largo de kilómetros.

Cueva Veryovkina

Empezamos con el plato más fuerte para saciar el apetito, en la que a día de hoy se considera la cueva más profunda del mundo. El Everest del inframundo. Un poco más abajo quizás entraríamos en los primeros niveles del infierno, y debe decirse que hace falta una clase de valor excepcional para descenderlo. La Cueva Veryovkina, situada en la Cordillera de Gagra, concretamente en un pequeño estado independiente dentro de Georgia, está considerada como la cueva más profunda del mundo, con 2.212 metros separando su punto más alto del más bajo. En la misma cordillera se sitúan la segunda y tercera cueva más profundas del mundo.

Su interés parte del gran número de estudios que este tipo de cueva permite, ya que cada una de las capas que la conforman aporta nueva información sobre la Historia de nuestro planeta. Cuándo cayó este meteorito se descubre en esta capa, por qué ocurrió una gran extinción en aquella, qué clase de bosques poblaban el Cáucaso hace millones de años se descubre por aquí, son preguntas, preguntas que responden al impulso de los misterios. Por cada metro que descienden los espeleólogos, se apunta un nuevo dato con la meticulosidad adecuada en las libretas, y una nueva línea de conocimiento sale por los agujeros de esta cueva para ver la luz del mundo.

Túneles de Cu Chi

Un soldado estadounidense camina por un valle vietnamita en 1969. Protegiendo sus flancos caminan sus compañeros, siempre con la vista atenta por si aparece algún enemigo subido a una palmera. Están tensos y los rifles tiemblan, ansiosos por desfogarse. Al calor tremebundo del trópico se le añaden cuarenta kilos de equipamiento militar, los mosquitos borrachos embriagándose con su sangre, días y quizás semanas sin una noche de descanso. Y la tensión, es esa tensión desastrosa a cada paso.

De las entrañas de la tierra asoman amplias bocanadas de fuego y cunde el caos de una batalla. El soldado se olvida del calor y de los mosquitos y del sueño pero mantiene la tensión, en este caso una tensión cazadora, buscando enloquecido quién, o qué criatura, es aquella que ha aparecido del suelo escupiendo bolas de fuego.

Semanas después le explicarán al soldado que los vietnamitas crearon en 1945 una extensa red de túneles durante la ocupación francesa, y que tras la invasión estadounidense dicha red se prolongó hasta ocupar 250 kilómetros bajo la ciudad de Ho Chi Mihn y sus alrededores. En estos túneles, que hoy pueden visitarse por un precio de entrada que no llega a los 10 euros, los guerrilleros del Vietcong dormían, comían, vivían y definían sus estrategias de batalla, veinticuatro horas al día y siete días a la semana. Y al sentir la tierra vibrar bajo la bota americana, salían a saludar.

Mammoth Cave

La realidad que más podría acercarse a Viaje al centro de la Tierra, la novela colosal de Julio Verne, por su aspecto fantástico y su entramada red de laberintos, sería el sistema de cuevas más extenso del mundo que está situado en Kentucky. Claro que aquí no es posible encontrar, como en la novela, enormes bosques de setas gigantes, ni océanos de la misma longitud que el Pacífico, pero sí permite tantear, aunque solo sea con la punta de los dedos, el verdadero significado del misterio sumergido.

Mammoth Cave y las cuevas que la rodean conforman 590 kilómetros de galerías, ocupando una superficie de 214 kilómetros cuadrados. No es poco, es mucho. Son galerías tan altas como la cúpula de Notre Dame, quizás incluso más; ríos subterráneos que hacen de hogar a pececillos de aspecto retorcido; reflejos de tonos violeta e incandescente; estalactitas, estalagmitas, estalagnatos de colores claros y oscuros, producto de siglos de goteo químico. Una de sus cascadas, conocida como Frozen Niagara, lleva siglos congelada por el frío de las cuevas.

Desde las primeras exploraciones a mediados del siglo XIX hasta hoy, Mammoth Cave ha albergado en sus entrañas a millones de turistas, confundiéndoles con sus intrincados laberintos de piedra caliza. Pero lo mejor es que todavía no se han explorado por completo. Todavía quedan muchos tramos para recorrer y asombrarse con ellos por primera vez.

Cuevas de Toledo

No hace falta perderse en Asia Central ni volar hasta Estados Unidos para asombrarse con los misterios subterráneos. Bajo Toledo, ciudad de leyendas, se extiende una amplia red de cuevas y pasadizos que merecen una visita. De las trece cuevas, túneles y criptas que marcan el recorrido de Toledo subterráneo, llama la atención la Casa del Duende. Excavada en la roca desnuda bajo el barrio de San Miguel, llega en ciertas zonas a los tres metros de alto y de ancho. El misterio radica en que no ha sido posible datar su construcción y todavía se desconoce su objetivo. Lo más probable es que fuera excavada durante los primeros años de la ciudad con la intención de realizar algún tipo de ceremonia mágica o religiosa.

Pero son trece criptas, túneles, pasadizos y cuevas. En las cuevas bajo el Museo del Greco, se cuece una leyenda escalofriante relacionada con un famoso alquimista toledano, el Marqués Enrique de Villena. Se supone que fue aquí donde, tras fingir su muerte, llevó a cabo una serie de experimentos ocultistas para transmutar su cuerpo en una horrible criatura. Cuando los habitantes de Toledo conocieron que el Marqués estaba oculto en esta cueva, todavía ignorantes de los hechizos que fraguaba en ella, corrieron a buscarlo y encontraron en su lugar esta nueva criatura todavía formándose. Quebraron el recipiente donde se encontraba y acabaron con ella, pero el último grito del Marqués, mitad hombre, mitad demonio, pudo oírse a lo largo de toda la ciudad.

Trece. En la cripta de la Iglesia de San Andrés, un desprendimiento provocó que decenas de momias se acumularan, dando lugar a una lóbrega escena de cadáveres resecos que todavía hoy puede visitarse. Esta y más leyendas se cuentan en los túneles del acueducto romano y en la Puerta del Vado, pero no te las diré para que las descubras por ti mismo.

Dark Star

En Uzbekistán se ha hundido una estrella oscura. Rodeada por temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados, la que podría ser la cueva más profunda del mundo - todavía queda mucho por explorar - reduce con violencia las temperaturas hasta posicionarlas por debajo de los cero grados. Enormes paredes de hielo se conforman a los lados de las galerías más anchas, mientras pequeños pasadizos en vertical se escurren a la vista.

Por el momento se han descubierto 900 metros de profundidad pero aquí cabe el aspecto más interesante de la cueva. En su interior corretean pequeños invertebrados nunca antes vistos, parecidas a criaturas de la fantasía, y es excitante porque aún queda mucho por descubrir. La oscuridad en sus pasadizos es absoluta, pero se dice que a cada metro que uno desciende, el negro adquiere una mayor intensidad, como si esto fuera posible, hasta el punto de que incluso el negro de la superficie es considerado como un tono cercano al blanco allí abajo. En la estrella más oscura.

Si el mundo subterráneo es el misterio que guardan los misterios, la Cueva Dark Star es el misterio que vive dentro del misterio que guardan los misterios. Válgase la redundancia para definir con palabras el desconocido absoluto, para el que ni siquiera existen palabras con qué definirlo. Ahora dependería de cada uno reunir el valor suficiente para bajar y descifrarlo.