Alto Tajo, un enclave en el que perderse

Con una de las aguas más limpias de la Europa occidental, el Tajo brinda la oportunidad de descubrir un paisaje idílico en la provincia de Guadalajara

El peor de los tiempos es quizá un buen momento para buscar lugares perdidos en los que volver a encontrarse con la naturaleza y reconciliarnos con la vida más salvaje. El polvo de un camino flanqueado por enormes pinos me persigue cada vez que paro la moto para asomarme a una ladera desde la que observo un río esmeralda que salta sobre peñascos, creando curvas y márgenes. Es el Alto Tajo a la altura de Poveda de la Sierra, en la provincia de Guadalajara. Un camino errante que nunca se detiene y que, por algún motivo geográfico, decidió ir a parar al Atlántico en lugar del Mediterráneo. Este río ha llevado durante siglos a los gancheros con sus troncos de madera hasta escupirlos en Aranjuez. Es una de las aguas más limpias de la Europa occidental, que impulsa a todo aquel que se acerca a zambullirse en ellas.

De madrugada, un cielo sin luna envuelve mis pasos desde la ruta que empieza en la pasarela de los pescadores hasta el salto de Poveda. Con una linterna, ilumino el agua y dejo que la luz de las estrellas y mi cámara hagan el resto. Recostado sobre una gran piedra, el ruido de la cascada me acompaña hasta el amanecer y durante el camino de regreso me desoriento y me siento felizmente perdido en el oscuro bosque.

Al día siguiente, en el sendero que conduce al puente verde colgante, una pareja de italianos se pregunta cómo es posible que no haya nadie. No tengo respuestas. He venido llamado por un impulso. Por el color del agua, su claridad. Y es que debajo de ese puente podemos encontrar una playa de arena amarilla que nada tiene que envidiar a las postales más llamativas. Una vez allí, uno descubre todo lo demás.

La inmensidad del valle vista desde los cortados de piedra, la tranquilidad del pueblo y la amabilidad de su gente. Andrea y Parri me ofrecen su mesa e incluso la gasolina de su generador para llenar el depósito y poder volver durante la noche por carreteras que parecen olvidadas. Varios ciervos se cruzan en el camino durante el trayecto de vuelta, lo que me obliga a parar. En el peor de los tiempos lugares como este nos devuelven al mejor de los tiempos.