Destino: El oasis de Alviano

De una belleza excepcional son las aves que migran y aquí han encontrado un refugio

En un área protegida que cubre unas novecientas hectáreas con zonas “birdwatching” repartidas en cabañas, una torre y un aula en donde se puede analizar el comportamiento y la belleza de unas doscientas especies cuando es su temporada, se encuentra este espacio que habla por sí solo.

Me imagino la emoción de escuchar la llegada de las diversas aves. Debe de ser toda una fiesta, como regresar a casa y que te estén esperando con los brazos abiertos.

No se imagina uno lo que hay después de recorrer el corto camino que separa la entrada al oasis y el lago Alviano. Lo primero que te encuentras es una cabaña que invita a entrar, y no se puede tener más suerte que encontrarse allí a Laura Saenz de Buruaga, nacida en Pamplona y residente en Viterbo desde hace más de veinte años. Laura es parte del equipo que se ocupa de todas las tareas en el Oasis que forma parte de la WWF- Adena en España. La gestión de este espacio corre a cargo de la cooperativa Lympha. Ella nos explica el fenómeno natural de la creación de este espacio único.

La razón por la cual han pasado en pocos años de habitar cien especies a doscientas está clara: el lago de Alviano es artificial, nació en los años sesenta con la construcción de una presa en el Río Tiber. Nadie imaginó que al construirla, para generar energía hidroeléctrica y para reducir la fuerza del agua y que no ocasionara daños en Roma, se convertiría en el hogar temporal de tantas especies.

El Lago de Alviano es como una especie de “estación de gasolina” en la autopista de la migración

En sus inicios la profundidad era baja y en poco tiempo se ha naturalizado y colonizado por diferentes especies, la unión de varios elementos, ha creado un ambiente muy propicio para la migración de infinidad de especies. Las zonas de los humedales sirven para que las aves migratorias se sientan cómodas en este entorno. Por el momento han sido observadas doscientos tipos de especies . Desde la década de los 90 hasta la actualidad, han pasado de ser cien especies de aves a unas doscientas, fruto de un muy cuidado y manejo de la Reserva.

Septiembre es un mes de transición, entre las aves que han pasado aquí en verano y las que llegarán para pasar el invierno. Las que estuvieron aquí ya volaron hacia África y ahora poco a poco irán regresando las que vienen del centro y del norte de Europa.

Por la autopista A1 de Italia y desde Roma, se puede llegar a este precioso paraje en menos de una hora y media de camino.

Otra visita cercana

Y ya estando en al zona se puede visitar el castillo de Alviano . Han restaurado el afresco con la representación del milagro de las golondrinas muy famoso en la zona. Es la representación de un hecho en la ciudad que sucedió en el año mil doscientos doce en la zona del Belvedere. Fue durante una predicación que fue interrumpida por unas golondrinas. Se dice que San Francisco habló con ellas hasta conseguir silenciarlas.

El castillo nació como una fortaleza militar en el año novecientos noventa y cinco en plena época medieval y en mil cuatrocientos noventa fue restaurado por el Conde de Alviano y Señor di Pordenone que participó en diversas luchas en Italia y sirvió a los Estados Pontificios. Se marchó a Venecia y se unió a la familia Orsini para combatir contra el Papa Rodrigo Borgia y la familia Colonna que quería apropiarse de sus territorios.

Su relación con España

En 1503 Fernando II de Aragón contrató a Bartolomeo para derrotar a los franceses y conquistar el reino de Nápoles. Bartolomeo fue determinante en la victoria de la batalla del Garellano, con la que se inició la dominación española de la Italia meridional. No quedó allí el tema, porque al año siguiente, en 1504, Bartolomeo derrotó a Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Su historia no fue corta, al final y después de mil batallas ganadas y perdidas, murió en octubre de 1515 durante el asedio de Brescia. Los venecianos acogieron su cuerpo con una grandiosa ceremonia y le enterraron en la iglesia de San Esteban, en Venecia.

El descubrir parajes como el Oasis de Alviano invita a seguir investigando lo caprichosa y maravillosa que es la naturaleza.