África

¿Qué tienen en común el independentismo catalán y una guerrilla senegalesa?

Un intrincado sistema de ayudas sociales e hipocresía bochornosa rodean con los colores de la señera a la región independentista de Casamance

El líder de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián
El líder de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel RufiánLa Razón

Hablemos de Casamance. Informo al lector que si busca una región en África Occidental donde relajarse hasta cansarse, escuchando música reggae y sintiéndose más libre que una golondrina rozando las aguas del embalse de Valmayor, este es el lugar ideal. Pero no le diga a nadie que yo le di la idea. Casamance. Playas de ensueño se extienden desganadas a lo largo de decenas de kilómetros, prodigiosos tallistas de la madera venden, casi desganados, sus estrambóticas creaciones a cualquier turista que haya querido perderse en tan maravilloso y desconocido paraje. Casamance. Árboles verdes de selva frondosa, arena blanca y milagrosa. Encajonado en el sur de Senegal, entre Gambia y Guinea Bissau. No le importa demasiado a nadie, tan apartado del mundo como aparenta estar. Casamance. Un Jardín del Edén prácticamente desconocido.

Claro que el mundo es puro equilibrio. Donde hay orden, existe el caos; donde brilla la luz, se forman las sombras. Aunque las encontremos agazapadas en las esquinas. Así ocurre que un rápido tecleo en Google nos enseñará que en el año 2008 un grupo de turistas españoles fueron asaltados en esta región de ensueño. Tres mujeres, también españolas, fueron violadas en 2018. Otro tecleo, no tan rápido, nos mostrará las siglas del Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC), nacido hace ya cuarenta años y cuya misión principal parece ser la de conseguir la independencia de su región con respecto al resto de Senegal. Los nombres de sus viejos aliados, los que ya les abandonaron, son de sobra conocidos: Libia, Irak, Gambia... Por esta razón, hoy investigamos el gran juego, destapamos unos milímetros de su manta colosal. En el punto exacto donde encontramos ciertas estrategias del independentismo catalán que van más allá de las sandeces que berrea Gabriel Rufián al abrigo de su escaño.

No paz, no guerra

Esta historia tiene sus comienzos en 1980, cuando el movimiento nacionalista de Casamance cobró forma con la creación del grupo Mouvement des Forces Democratiques de Casamance (MFDC), y una de sus ramas derivó dos años después en un brazo armado conocido como Attika. Las razones que llevaron a un sentimiento independentista son de lo más diversas, aunque la causa principal - siempre lo es - sería la cultural. Mientras Senegal se trata de un país cuya religión mayoritaria es el islam, la región de Casamance se caracteriza por ser cristiana en su mayor parte. Por otro lado, desde un punto de vista étnico los casamanceses son más parecidos a sus vecinos de Bissau, añadiendo un nuevo factor y nada despreciable a nuestra ecuación. Un último dato a tener en cuenta, aunque menor, es este puramente económico. Puede ser que Casamance no se trate de una región especialmente rica, pero sí cuenta con la mayor parte de los recursos madereros senegaleses, entre los que se encuentran la teca y el preciado palo rosa. Y esto sería sin hablar de una pequeña pero importante cantidad de cannabis que se planta en esta selva alejada de cualquier ojo indiscreto.

Los regímenes de Muamar el Gadafi y Saddam Hussein fueron aliados de Attika en sus inicios.
Los regímenes de Muamar el Gadafi y Saddam Hussein fueron aliados de Attika en sus inicios.

Estos recursos económicos alimentan al brazo armado del nacionalismo en Casamance, después de que sus aliados internacionales abandonaran el tablero, y el conflicto ha generado a lo largo de los años la cifra de 11.000 refugiados cobijados en Gambia y otros 8.000 en Guinea Bissau. Unos recursos económicos parcos, pese a todo, que no son suficientes para proseguir su lucha. Por esta razón el conflicto ha evolucionado a lo largo de los últimos años, y tras la firma del tratado de Roma en 2012, que prometía medidas especiales para la región de Casamance, Attika ha suavizado sus actividades de combate. La postura de los rebeldes en la actualidad es confusa, relajada. Como ocurre en tantos otros lugares del mundo donde las guerras se han estancado por falta de presupuesto, aunque todavía queden quienes están dispuestos a entregar su vida por su ideal, el conflicto de Casamance se encuentra en una situación conocida como no paz, no guerra. Ningún tratado de paz se ha firmado pero uno puede visitar el lugar sin miedo a llevarse un balazo.

Quizá sea el lugar ideal para visitar si buscas ciertas dosis de riesgo sin desbordar el vaso. Y debo decir que los lugareños son por lo general amables, bondadosos y relajados, pescadores y tallistas de madera en su mayoría. No vaya a creer el lector que el 100% de la población son terribles guerrilleros, sedientos de sangre humana. Para nada.

¿Barcelona o Madrid?

Volamos rápidos a marzo de 2019. Un tipo, que soy yo, decide pasar el fin de semana en Casamance. Llevaba dos meses viviendo en Senegal y ya me había enamorado del bullicio contagioso que pulula por el país, revestido con colores chillones y conversaciones cargadas de sudor nocturno. Quise ir a Casamance por dos razones: la primera, porque no me creía esta estrafalaria situación de no paz, no guerra en un país tan maravilloso como es Senegal; la segunda, y quizá las más importante, porque ya había conocido a varios individuos enviados por la Generalitat de Cataluña para encargarse de hacer propaganda contra España por las calles de Dakar, y varios de ellos tenían su residencia en Casamance. Esta propaganda es de lo más divertida. Los adláteres de los nacionalistas catalanes recorren de sol a sol las callejuelas de la capital senegalesa, como héroes sin capa, y procuran convencer a los potenciales inmigrantes africanos para que no vayan a Madrid, ni vayan a Andalucía o Asturias o Burgos porque todos estos sitios son racistas y andan habitados por malvados. Les dicen que mejor sería si fueran a Barcelona y Tarragona.

¿Acaso creían que el efecto llamada solo era cosa de los africanos?

En cualquier caso, me interesaba este dato de que los héroes catalanistas vivían en una región independentista de Senegal. Y me interesaba todavía más el hecho de que, al mencionar ciertas ramas del nacionalismo de Casamance, nos referimos a uno violento. Y allá que fui. Y esto es lo que vi.

El pequeño pueblo costero de Kafountine es una Barcelona en miniatura. Las casas son de barro y las barcas de madera, desde luego que es una Barcelona más humilde que la española, pero resulta admirable encontrarse una señera hondear raída y desgastada sobre el tejado de la escuela municipal. No hay una bandera senegalesa, tampoco una de Casamance. Se ve la señera. Algo sucia por el polvo que trae la playa, pero cruzada de líneas amarillas y rojas al fin y al cabo. No demasiado lejos de dicha escuela, en la misma calle, puede encontrarse el mejor restaurante de Kafountine. Su nombre es La paella catalana, y lo abrió Jauma, natural de Calella, hace un puñado de años. Se come divinamente, todo quede dicho.

Y, al igual que ocurre con ciertos individuos en Cataluña, el rencor visceral hacia el resto de los españoles traspasa fronteras, zigzaguea las calles sin asfaltar de Kafountine, se resbala hasta entrar en la escuela con bandera y penetra profundo en las mentes volubles de los chiquillos senegaleses. Solo me insultaron una vez en Senegal, en los tres meses que estuve allí. Fue después de cenar en el restaurante de Jauma, cuando un grupo de adolescentes del lugar insistieron en acompañarme a mi Airbnb y me preguntaron si era catalán. Al contestarles yo que no, que era madrileño, demostraron una habilidad asombrosa para insultar en cuatro idiomas: francés, catalán, español y wolof. No cejaron en sus insultos hasta que, algo preocupado, les aseguré que mi padre sí es catalán, así que yo también soy catalán de alguna manera. Entonces esbozaron una sonrisa irresistible, blanca y brillante, y los fuegos del odio se apagaron. Siguieron paseando conmigo hasta mi alojamiento y allí se despidieron amablemente, hasta el día siguiente.

Propaganda pastelosa

Los diferentes proyectos de Cataluña en la región son de lo más empalagosos. Fiel a los estilos de propaganda romanticona y facilona que despliegan los sectores de la izquierda y el nacionalismo catalán en nuestro propio país, donde unos son luchadores por la libertad, la paz y la justicia, y otros son gobiernos autoritarios y violentos, enemigos acérrimos de la democracia. Basta con echar un vistazo al bonito documental dirigido por el historiador Xavier Puigserver, titulado Kásuumaay, una experiencia de paz en Casamance.

La pieza se ambienta en Oussouye, un sufrido reino integrado en el interior de Casamance - en realidad es hoy una comuna que apenas llega a los 4.000 habitantes - que pugna por escapar de la espiral de violencia que asola la región desde hace 30 años. Pequeños detalles a lo largo de la cinta nos muestran un estilo propagandístico que ya es habitual en el noreste peninsular: el Estado senegalés comenzó el conflicto, los militares senegaleses utilizan a la población civil como escudos humanos, Senegal busca acabar con nuestras tradiciones mientras nosotros únicamente tratamos mantenerlas... Este tipo de diferenciaciones entre víctimas (los independentistas) y verdugos (el Estado) demuestran un hecho inquietante. Porque, sin necesidad de que se le diga directamente, el espectador no puede evitar apoyar, o comprender de alguna manera, la lucha armada y violenta del nacionalismo en Casamance.

Debe reconocerse que la fundación Catalunya-Casamance realiza loables proyectos destinados a la alfabetización de niños y adultos en Casamance, muy necesarios para impulsar el desarrollo de la región, pero... ¿dónde está el truco? Puede ser que lo encontremos en el más estrecho colaborador de esta fundación: ProjecteXevi es una organización que se define como “una asociación de cooperación, ayuda humanitaria y solidaridad con los países menos desarrollados”. Aunque la realidad es que su actuación solo se centra en un país, en una zona muy concreta: Casamance. Sus medios de financiación pasan desde las donaciones privadas hasta “diferentes eventos sociales, como ferias y fiestas organizadas por diferentes ayuntamientos y entidades sensibilizadas con la causa”. A qué causa se refieren, esto es un misterio. ¿O no?

Pero puede ser peor. Desde la experiencia conozco cómo funcionan las simbiosis entre organizaciones europeas y las escuelas africanas, y la metodología habitual en estos casos es muy sencilla. Las ONG y fundaciones consiguen presupuestar la construcción de los colegios, aportan el material escolar y, si es necesario, realizan cursos de formación para complementar los estudios de los maestros locales. Por esta razón podría extrañarnos, cuanto menos, saber que en los colegios de Catalunya-Casmance “los niños/as están a cargo de tres profesores locales y la ayuda de un voluntari@ expatriad@”. ¿Qué función practica el voluntario? ¿Por qué se supone que hacen falta europeos para controlar a los profesores? No solo es una muestra evidente de desprecio hacia los profesores y sus capacidades, vigilándolos tan estrechamente, sino que hace saltar todas las alarmas cuando ya nos hemos informado sobre los intereses catalanes en Casamance. Al hablar de las escuelas catalanas en dicha región, ¿nos referimos a educación o adoctrinamiento?

Animo al lector, si busca ayudar a los habitantes de Casamance, a donar a otras organizaciones más útiles en la misma región.

Aquí termino mi pieza, con la pregunta del principio. De esta manera nos saldrá un círculo sin fisuras. ¿Qué tienen en común el independentismo catalán y una guerrilla senegalesa? No lo sabemos, no nos lo dicen. Pero ya sabemos que justifican de alguna manera sus actos violentos. Ya sabemos que son racistas de la cooperación, cuando únicamente se interesan por ayudar, a su manera, a las regiones nacionalistas mientras el resto de Senegal bien puede hundirse en la miseria - que no lo hará porque es un país fuerte, lleno de gente fuerte -. Ya sabemos que esto huele rancio, cuando parece que parte del presupuesto de la Generalitat (y los impuestos de los españoles) acaba aquí. Si supiéramos cuándo, y cómo comenzó exactamente esta peligrosa amistad entre nacionalistas... quizá entonces podríamos descubrir qué tienen en común los independentistas catalanes y la guerrilla senegalesa. Aunque dudo mucho que Gabriel Rufián y su cuadrilla vayan a ser sinceros en este asunto.