Cuenca, magia entre dos ríos

Entre las hoces del Júcar y del Huécar se levanta esta ciudad cargada de encanto para el viajero en cualquier época del año

Vista de Cuenca con el Puente de San Pablo en primer plano
Vista de Cuenca con el Puente de San Pablo en primer planoFotografía Turismo de Castilla-La Mancha

«Cuenca es una ciudad inverosímil de puro original y desconcertante. A un tiempo ingrávida y firme, dulce y áspera, disparatada y serena…». Así de especial la describió el recientemente fallecido escritor conquense Enrique Domínguez Millán, gran amante y defensor de su ciudad natal. Y lo cierto es que, por la belleza de su insólita orografía, esta urbe es un destino de viaje único en cualquier época del año, ya que logra sorprender a los viajeros que se «pierden» por sus calles.

Caracterizada por su casco antiguo ubicado en un peñón rocoso sobre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar, Cuenca ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad. La parte nueva de la ciudad se extiende a los pies de ese peñón, lo que confiere la peculiaridad de ser una urbe construida a dos niveles, cobijando en su interior una belleza muy singular que la hace única y sin igual.

El corazón de Cuenca nos invita a realizar un recorrido por sus lugares más emblemáticos. Comenzamos nuestro paseo por esta ciudad amurallada en su casco antiguo, en el que destaca la Plaza Mayor, las Casas Colgadas, los «Rascacielos» y, por supuesto, el Puente de San Pablo, que conecta el antiguo convento con el centro de la localidad.

El casco antiguo de Cuenca

Corazón neurálgico de la urbe, la Plaza Mayor está rodeada de edificios con fachadas de colores. Rompiendo la línea del bonito arcoíris arquitectónico que dibujan, se encuentran dos construcciones realizadas en piedra: el ayuntamiento y la hermosa e inacabada Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca. El primero cuenta con tres plantas y una imponente fachada de estilo barroco que se levanta sobre tres arcos de medio punto que conectan la Plaza Mayor con la calle principal. La Catedral, por otro lado, se comenzó a construir en el siglo XII y, desde entonces, ha sido reconstruida varias veces; la última en el siglo XX en la que su fachada de estilo gótico, aunque de gran belleza, quedó inacabada. El valor patrimonial de esta plaza se complementa con el aliciente de bares y terrazas en los que poder degustar la exquisita gastronomía local.

Las Casas Colgadas, por lo particular de su edificación, se han convertido en un referente para los visitantes. Estas fueron construidas por necesidad en una Cuenca donde hace seiscientos años solo el borde de la hoz del río Huécar quedaba como espacio para edificar viviendas. Caracterizadas por su diseño estrecho y alargado, solo tres son visitables: la Casa de la Sirena, que aloja un mesón, y las Casas del Rey, que albergan un Museo de Arte Abstracto Español. Por sus balcones voladizos de madera que se asoman al río sobre el acantilado, estas Casas Colgadas encaramadas a la cornisa de la roca son un símbolo indiscutible de Cuenca y la foto obligada que debe tomar cualquier viajero que recorra esta hermosa ciudad.

Merece, igualmente, que nos detengamos en los conocidos popularmente como «Rascacielos», un conjunto de edificios construidos en la Edad Media, fruto de la necesidad de los conquenses de aumentar el número de viviendas. Es ejemplo de una arquitectura vertical muy particular que se adapta a la fisionomía del terreno montañoso de Cuenca, edificando casas estrechas de gran altura hasta alcanzar las cuatro plantas en la calle Alfonso VIII, donde tienen su entrada, y hasta diez en la parte que da al río. Estas singulares construcciones con siglos de historia son otro de los iconos de la ciudad.

El Puente de San Pablo es, por otra parte, uno de los mejores puntos para sacar fotografías y plasmar la esencia de Cuenca. Construido en el siglo XX y sustituyendo al primigenio, este puente cruza el Huécar y es de hierro y madera —el anterior era de piedra—. Algo que sí comparten ambos es su aspecto de pasarela, bajo la cual la belleza de la naturaleza parece sostenerlo en perfecto equilibrio. Cruzar este puente es una experiencia que cualquier paseo por Cuenca debería incluir, pues desde él se contemplan unas vistas indescriptibles y maravillosas.

La Ciudad Encantada, un espacio donde la magia de la naturaleza lo envuelve todo

Pero no solo la capital conquense merece una pausada visita, ya que en su provincia también hay citas obligadas que bien merecen un alto en el camino. Podríamos decir que la naturaleza abraza Cuenca y se funde con ella. Así queda de manifiesto en lugares como el nacimiento del río Cuervo, los callejones de los Majados —una ruta ideal para los amantes del senderismo y la naturaleza, con sinuosos pasadizos y estrechos corredores—, el Cañón del río Júcar o la Ciudad Encantada, entre otros muchos. Esta última, la Ciudad Encantada, ha sido declarada Sitio Natural de Interés Nacional y, con sus formaciones rocosas que pueden recordar a siluetas humanas, animales y objetos modeladas por la erosión del agua, del viento y del hielo de millones de años, han formado uno de los parajes más espectaculares de nuestro país. Un lugar muy peculiar que ha cautivado a grandes figuras como Federico García Lorca, quien le dedicó un soneto bajo el título «El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca», incluido en su célebre obra Sonetos de amor oscuro.

Por todo lo comentado, por lo especial de sus calles, de sus edificios alargados y singulares, por la naturaleza que la envuelve con su particular magia, por la cultura y por la gastronomía con la que deleitan los conquenses a sus visitantes, por todo ello, Cuenca es un destino que merece la pena ser visitado, al menos, una vez en la vida.