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Bratislava, la ciudad de las estatuas de bronce

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  • Paparazzi de Bratislava
    Paparazzi de Bratislava

Tiempo de lectura 4 min.

13 de septiembre de 2014. 19:02h

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María Jesús Tomé.  9/7/2014

Bratislava es una ciudad olvidada por muchos turistas que realizan el triángulo mágico de Praga-Viena-Budapest. Y es una pena porque la capital eslovaca cuenta con uno de los cascos históricos más bellos de Europa. Situada a unos 60 kilómetros de la capital de Austria -desde la que se puede llegar en barco a través del Danubio-, Bratislava es una urbe que merece la pena descubrir porque cuenta con un patrimonio singular y muy variado. Destacan algunos edificios barrocos como los palacios de Keglevich, Pálfffy y Grassalkovich, residencia del presidente de Eslovaquia, o el de Pauli, donde debutó el músico húngaro Franz Liszt a los 9 años.

Como dirían los anglófonos, un must de Bratislava es su castillo desde el que se tienen una vistas increíbles del Danubio, de hecho las mejores que he visto del río desde un promontorio urbano. La construcción, que alberga parte de las obras del Museo Nacional de Eslovaquia, es originaria del siglo XV pero tuvo que ser restaurada por un incendio que la devastó completamente a principios del siglo XIX tras la batalla de Austerlitz.

Otro de los enclaves más emblemáticos y concurridos de la antigua Presburgo, nombre que tenía Bratislava antes de la Primera Guerra Mundial, es la Plaza de Hlavne Namestie, uno de los lugares donde se concentra la actividad y el ambiente de la zona. En el centro se sitúa la Fuente de Maximilian, dedicada al primer emperador coronado en la ciudad y construida en el año 1572. En el lado este de la plaza está el Stara Radnica (Ayuntamiento Viejo), mezcla de estilo gótico y renacentista, y en la parte norte el Palacio de Kutscherfeld, residencia del embajador francés. Muy cerca se encuentra el Palacio del Primado, donde en 1805 Napoleón y Francisco II de Austria firmaron la Paz de Presburgo.

Uno de los elementos más sorprendentes de las calles de Bratislava son las figuras de bronce que jalonan el centro histórico. La más conocida es la del Cumil, en el cruce de las calles Panská y Sedlarská. Representa a un trabajador que sale de una alcantarilla y mira hacia la calzada (dicen que para fisgar por debajo de las faldas de las mujeres). Ésta es la preferida por los más pequeños que juegan con él sentándose sobre su cabeza.

Otra de las estatuas más emblemáticas es el soldado napoleónico que está apoyado en uno de los bancos de la Plaza de Hlavne Namestie. Napoleón visitó en varias ocasiones la ciudad de Bratislava no siempre con buenas intenciones.

Otra escultura muy famosa es el Schöne Náci, ubicada en la calle Rybárska brána. Personifica a uno de los personajes más famosos de la vida de la ciudad de principios del siglo XX, Ignác Lamar, que saludaba a las damas levantando graciosamente su sombrero de copa y con frecuencia les regalaba flores o les cantaba una canción.

Por último, en la confluencia de las calles Laurinská y Radnicná nos pilla por sorpresa un paparazzi intentando tomar una instantánea. Aunque, estoy segura, que es el fotógrafo más retratado de la ciudad por lo que encarna a la perfección la figura del cazador cazado.

Un último consejo. No hay que marcharse de Bratislava sin probar uno de sus platos típicos, el halusky, unos gnocchi de patata con queso de oveja y bacon, acompañado de la cerveza local, la kelt.

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