El Muro de Berlín, la Ventana del Recuerdo

El Muro de Berlín fue la consecuencia material más conocida de una guerra mundial no declarada: la Guerra Fría.

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19 de septiembre de 2018. 18:08h

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Maica Rivera 19/9/2018

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El Muro de Berlín representó mucho más que una frontera territorial. A uno y otro lado se desarrollaron dos modos de entender la política, la cultura y las ideologías. Dos maneras de entender la vida. Quizás por ello, en busca del entendimiento, sea imprescindible para el viajero conocer el escenario de la cicatriz que ha dejado en la historia los autoritarismos del siglo XX.

En realidad, el Muro de Berlín fue la consecuencia material más conocida de una guerra mundial no declarada: la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, el orbe se dividió en dos bloques, uno capitalista, representado por Estados Unidos, y el otro comunista, representado por la Unión Soviética. Ese fue el motivo que desencadenó el enfrentamiento que alcanzó su punto más crítico con la Guerra Fría.

El Muro de Berlín, la Ventana del Recuerdo
El muro de la vergüenza

El domingo 13 de agosto de 1961, Berlín Occidental amaneció rodeada de cuarenta mil soldados armados y ciento cincuenta y ocho kilómetros de alambrada de espino, un alambre que se convirtió con el paso del tiempo –tras cuatro fases de edificación– en un infranqueable muro de ladrillos, bloques de hormigón y zonas de seguridad.

Las potencias occidentales no pudieron intervenir con un levantamiento militar porque, además de que se quería evitar un tercer conflicto mundial armado, el muro había sido construido en territorio comunista.

El muro fue denominado por la RDA –la parte soviética– como Muro de Protección Antifascista, y por los medios de comunicación, como “muro de la vergüenza”.

Se desconoce el numero exacto de víctimas que fallecieron en el intento de cruzar el muro hacia Berlín Occidental durante los veintiocho años de su existencia. Se estima que fueron más de doscientas personas.

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín sorprendió al mundo con su Su apertura –conocida en Alemania con el nombre de “die Wende”el Cambio– fue consecuencia de un error en una declaración soviética en una rueda de prensa en directo. En ella se anunció por equivocación que todas las restricciones para cruzarlo habían sido retiradas. De inmediato miles de personas se dirigieron al muro. Ante el grito unánime de “wir sind das volk –somos el pueblo–, los guardias fronterizos no se atrevieron a disparar, y por fin, se abrieron los puntos de acceso.

El muro desapareció físicamente con extraordinaria rapidez, pero la tarea de la unificación era ingente. Se podría decir que el Muro de Berlín cayó hacia ambos lados. Hacia el este, puso en evidencia el vacío ideológico mantenido por unos regímenes militares. Hacia el oeste, descubrió la falta de convicciones éticas en las sociedades consumistas.

El Muro de Berlín, la Ventana del Recuerdo
La Ventana del Recuerdo conmemora a las víctimas

Frente a La Ventana del Recuerdo, las historias de aquellos que murieron intentando cruzar a la parte occidental desvelan el propósito real de la construcción del muro: privar de la libertad. El muro convirtió en prisioneros a todos aquellos que se encontraban en la parte soviética la noche en que se erigió.

Poco antes de su demolición, el muro estaba formado por ciento un kilómetros de una altura media superior a tres metros, así como sesenta y ocho kilómetros de alambre de espino de similar altura, más ciento catorce kilómetros de vallas. Todo ello controlado por unas trescientas torres de vigilancia e incontables patrullas en la llamada franja de la muerte. Los soldados tenían órdenes de impedir la evasión de cualquiera que intentara cruzar el muro hacia la Alemania del Oeste. Incluso aunque para ello tuvieran que disparar al que huía.

La Guerra Fría se cobró en el Muro de Berlín vidas. Vidas de los que se negaron a aceptar las imposiciones de una guerra que, aunque sin ser llamada conflicto bélico, produjo víctimas.

El Memorial del Muro de Berlín

En la estación de metro de Bernauer Strasse, los murales con imágenes recrean una atmósfera que no permite olvidar que fue una de las estaciones fantasmas durante los veintiochos años en que Berlín quedó dividida. Conserva las antiguas letras que la anunciaban cuando fue sellada su entrada y su salida, y es en sí misma un recordatorio de que la calle Bernauer Strasse sirvió en aquellos años de auténtica frontera. Adquirió el sobrenombre de “Calle de las lágrimas”. En ella se encuentra el Memorial del Muro de Berlín.

Elevándose desde el suelo, unos tubos de acero marcan el trazado exacto que el muro recorría. El memorial tiene una longitud de casi un kilómetro y medio, en el cual, un tramo de setenta metros de muro original hacen del lugar uno de los más emotivos de Berlín para presentar respeto a las víctimas de aquella Guerra Fría.

El acero que asoma entre el gris hormigón provoca una terrible angustia. La expresión “telón de acero” allí adquiere una realidad que abruma. La aplastante sensación de desolación junto al muro lleva a pensar en una división no solo de Berlín, sino del mundo: una “cortina de hierro” que, no nos engañemos, aún perdura. Quizás ese sea el mayor motivo de que Berlín sea un destino de viaje imprescindible al menos una vez en la vida, tomar conciencia de que los conflictos debidos a ideologías no han terminado, y que son una oscura sombra sobre el orbe que aún se cobra vidas.

Tour del Memorial del Muro de Berlín realizado con Paseando por Europa.

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