Isla de Mauricio: deseada y multicultural

En pleno Océano Índico, Isla de Mauricio ofrece una amalgama de sabores, credos y paisajes donde el viajero se topa con un paraíso vacacional y un patrimonio étnico-cultural único en el mundo

El hotel Dinarobin Beachcomber Golf Resort & Spa es uno de los más exclusivos de la isla, rodeado de naturaleza
El hotel Dinarobin Beachcomber Golf Resort & Spa es uno de los más exclusivos de la isla, rodeado de naturaleza

En pleno Océano Índico, Isla de Mauricio ofrece una amalgama de sabores, credos y paisajes donde el viajero se topa con un paraíso vacacional y un patrimonio étnico-cultural único en el mundo

Enclavada a unos mil kilómetros al este de Madagascar, esta isla volcánica, con un tamaño aproximado de la mitad de la isla de Mallorca, nos seduce nada más pisar su suelo. Ya desde el avión de la compañía Alitalia, que nos trae desde Madrid vía Roma, observamos por la ventanilla el inmenso océano de color azul turquesa que, gracias a la barrera de arrecifes de coral que rodea casi todo el perímetro de la misma, se entrelaza en una explosión de colores, como el blanco de la arena de las playas, con el verde de la vegetación exuberante y con el marrón de las montañas, restos de los antiguos volcanes, que nos anticipan cuál va a ser la tónica en nuestro viaje.

La historia reciente de esta isla es todo un compendio de situaciones que dan para escribir libros. Desde que los árabes la pisaron por primera vez dándole el nombre de Dina Arobin –la Isla de la Plata–, y que curiosamente es el nombre de uno de los hoteles en los que merece la pena quedarse durante la estancia (Dinarobin), hasta su independencia de Gran Bretaña en 1968, por ella han pasado gentes y culturas de todo tipo, como los portugueses, holandeses, franceses, indios, musulmanes y chinos. El idioma oficial del país es el inglés, aunque los dos idiomas más populares son el francés y el créole, un francés un tanto peculiar.

Patrimonio de la Unesco

Nuestro primer destino no puede ser más idílico. Desde el aeropuerto recorremos la carretera que bordea la costa sur de la isla, para llegar a la península de Morne, donde se ubica posiblemente el icono de toda la isla y declarada Patrimonio Cultural de la Unesco desde 2008. Nos referimos a la montaña Le Morne Brabant. Sus más de 500 metros de altura se elevan sobre un océano de color turquesa arropado por una barrera de arrecifes, que se hizo famosa porque fue antiguamente utilizada como refugio por los esclavos huidos del colonialismo. Pues bien, a sus pies se encuentran algunos de los mejores hoteles como son el Dinarobin Beachcomber Golf Resort & Spa y el Paradis Beachcomber Golf Resort & Spa. Hoteles de cinco estrellas, con lujosos bungalós construidos como las cabañas de estilo colonial, junto a playas de arena blanca, bordeadas de cocoteros, con piscinas sin fin, y restaurantes junto al mar, donde se observa la espuma blanca de las olas rompiendo contra la barrera de arrecifes, y con unos fondos marinos de corales con sus peces multicolores.

Un baño con delfines

Después de disfrutar del hotel arropado por el espectáculo de la naturaleza, nos dirigimos a Dolswim en Riviere Noire, junto a la Bahía Tamarín. Aunque hay que madrugar, resulta una experiencia única bañarse junto a los delfines y, de paso, ver al lado de la isla de Benitiers un pequeño islote de coral que parece flotar sobre las aguas turquesas, llamado «roca del diamante», que es todo un espectáculo.

Tras nadar y disfrutar con los delfines, podemos ver otros animales no marinos en el Parque del Mundo de Aventuras de Casela. Tortugas gigantes, jirafas y cebras a las que el viajero puede dar de comer, leones, rinocerontes, miles de aves... Pero, eso sí, no será posible ver ningún «dodó», un ave a la que se le atrapaba fácilmente por no poder volar, desapareciendo durante la colonia holandesa en la isla. Actualmente es tal el poder de seducción de dodó que se ha convertido en emblema nacional, hasta el punto de que está representado en el escudo del país, siendo también uno de los protagonistas de «Alicia en el País de las Maravillas». Como colofón a la visita de Casela se puede realizar un agradable safari con un quad por un recinto salvaje junto a algunos de los animales mencionados.

Al día siguiente nos dirigimos a Chamarel para ver una preciosa cascada de más de 80 metros y, a continuación, hacemos una parada en las «Tierras Coloreadas», unas dunas que combinan varios colores, creando un espectacular paisaje. Pero el punto fuerte de esta zona es el Grand Bassin, un lago que ocupa el cráter de un volcán extinto. Llamado Ganga Talao por los hindúes, se trata del lago sagrado de esta comunidad en Mauricio. Presidiendo el lago se encuentran dos esculturas gigantescas que representan al dios Shiva y a su esposa, la diosa Durga Maa Bhavani. La fantástica panorámica del lago con numerosas estatuas de dioses y de las ofrendas de los peregrinos atraen a todos los que lo visitan, inclusive a los que no profesan esa misma religión.

Después de hacer las últimas compras en la capital del país, Port Louis, con regateo incluido, nos acercamos a «Cap Malheureux», el cabo de la Desgracia, sobre todo para los franceses, ya que fue aquí donde desembarcaron los ingleses para apoderarse de la isla. Una atractiva iglesia católica con tejado rojo imprime un bonito contraste con las aguas azules del mar. Desde aquí hasta la capital se suceden numerosos hoteles en la costa, destacando el considerado más exclusivo de la isla y posiblemente de todo el Océano Índico, nos referimos al Hotel Royal Palm Beachcomber Luxury, un lugar ideal para alojarnos y, a la luz de la luna, recordar todas las bellezas de esta isla multicultural.