Madrid con letras de oro

La capital de España se ha convertido en un destino de vanguardia para el viajero que busca «sentir». Con su deje caótico y libertario ofrece lugares y razones que incitan a vivirla

  • La plaza de Santa Ana es uno de los centros neurálgicos del barrio y en ella se dejan sentir las alas de creatividad de las musas que por allí habitan
    La plaza de Santa Ana es uno de los centros neurálgicos del barrio y en ella se dejan sentir las alas de creatividad de las musas que por allí habitan

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23 de febrero de 2018. 01:22h

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23/2/2018

Existe el dicho de que los viajes deberían iniciarse con una lectura. Aquí, en el barrio de las Letras de Madrid, ese concepto se materializa. La zona es una de las más emblemáticas de la capital. Conocida también como Barrio de los Literatos o de las Musas, crea con su arquitectura un espacio que se asemeja a un pequeño pueblo en cuyo interior todo tiene cabida: arte –en la fachada de sus edificios y esculturas–, moda –en pequeños comercios que muestran un estilo bohemio atribuido a los artistas–, gastronomía... Se trata de un barrio en el que, ante todo, late la vida, permitiendo así tomar el pulso a una capital única.

La mayoría de sus edificaciones pertenecen al siglo XIX y XX, aunque conserva algunas construcciones del Siglo de Oro español, periodo en el que el barrio dio hospedaje a reconocidos escritores y artistas como Quevedo, Lope de Vega, Góngora o Cervantes, quien habitó de alquiler al menos en tres casas de las calles que lo conforman, muriendo empobrecido en una de ellas. El lugar desprende no sólo el encanto de aquella época dorada de creación artística, sino el hechizo de personajes ficticios tan inolvidables como Alonso Quijano, el hidalgo que, enloquecido por la lectura de libros de caballería, tomó el sugerente nombre de Don Quijote de la Mancha, encarnando a uno de los viajeros más entrañables de las letras... En sus andanzas muchos interpretan una secreta búsqueda: sentir la vida.

Quizá por ello cada una de las citas literarias incrustadas en el suelo de una de sus vías, la calle de las Huertas, sea como un capítulo abierto a experiencias que tientan por las emociones que implican: amor, valentía, esperanza, ternura... Como la buena literatura, pasear sobre las letras doradas que caracterizan al barrio desvela otros mundos... y a pensar estimula.

Lo habitan las musas

Como decía García Lorca, «la poesía es algo que anda por las calles». ¿Y qué es la poesía sino vida? En la Plaza de Santa Ana, una escultura en bronce representa al poeta a tamaño natural, levemente inclinado para dar impulso al vuelo de una alondra que entre sus manos se dispone a volar. Situada frente al Teatro Español, representa la esencia de lo que ofrece el Barrio de las Letras: alas de creatividad inspirada por las musas que por allí lo habitan.

El barrio provoca la añoranza de una época pretérita a la vez que recuerda que en ella existió una sociedad que fue criticada por la literatura. En una pintoresca callejuela, la de Álvarez Gato, conocida como el Callejón del Gato, un suceso curioso dio origen a que el escritor Valle-Inclán alumbrara un nuevo estilo teatral y narrativo: el esperpento. Con él se enjuició a la sociedad española, que en su imitación de las innovaciones europeas se había convertido en una mezcla entre lo ridículo y la grandeza.

Hoy el callejón evoca en su fachada –con una copia de dos antiguos espejos– la historia al que lo visita: con la intención de atraer clientes, una ferretería colocó dos espejos, uno cóncavo y otro convexo. El resultado fue que se convirtió en un entretenimiento popular el contemplar las figuras deformes que proyectaba el reflejo. Inspirado en aquella reacción, Valle-Inclán plasmó en su obra «Luces de Bohemia» una «deformación grotesca de la realidad». Mucho se ha escrito acerca de esos dos espejos. Hay quien asegura que el cóncavo reflejaba a Don Quijote –afilado cual espíritu justiciero– y el convexo a Sancho Panza –figuras más oblongas y terrenales–. Lo cierto es que el mundo puede ser percibido de muchas maneras y que se trata de una elección personal el cristal con el que se mira. Así es el Barrio de las Letras, un sitio que intenta interpretar la vida de manera distinta. No sólo conmueven los versos y las citas escritas en las calles, también asombra mirar hacia lo alto. Un inolvidable impacto visual es el que causa el jardín vertical de CaixaForum, pues en él, las plantas crecen y se agarran a la pared, alegoría de las alas que por aquí otorgan las musas.

En el barrio, sujetando al tiempo, un carillón goyesco ofrece con sus figuras un pequeño espectáculo en la Plaza de las Cortes durante cuatro veces al día... En ocasiones, la historia de este lugar trae ecos perturbadores como, por ejemplo, en el hotel The Westin Palace –junto al reloj–: el inmueble fue durante la Guerra Civil un improvisado hospital. También posee edificios como el Ateneo, antaño meca de los que amaban la cultura que hoy sigue siendo un punto de encuentro de intelectuales. La biblioteca y sus salas merecen una visita.

Quizás un punto idóneo para comenzar sea una antigua floristería conocida como El Jardín del Ángel, antiguo cementerio en el que estuvo enterrado Lope de Vega. En su centro, un anciano olivo habla de otras vidas y un viejo pozo profundiza en una tierra que a la muerte pertenecía... Fascina el aroma de las flores que, sin respiro, al olfato cautivan.

Dejaremos para otra ocasión hablar de sus cientos de historias, lugares de hospedaje y gastronomía, pues encierran un fragmento imprescindible de este barrio que invita a ver la vida de manera distinta.

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