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Meteora, monasterios en el cielo

En Tesalia, al norte de Grecia, la naturaleza ha moldeado rocas gigantescas que el hombre decidió trepar para construir su guarida espiritual y sentirse más cerca de Dios.

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Meteora.

Tiempo de lectura 5 min.

06 de julio de 2018. 10:47h

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Julio Castro.  Meteora. 5/7/2018

Cuanto más alto estemos, más cerca del Creador nos sentiremos. Esa debió ser, o algo muy parecido, la conclusión a la que llegaron los primeros ermitaños cuando eligieron las grutas de las cumbres de Meteora, allá por el siglo XI, para transformar su existencia en «vita contemplativa», rodeados por la inmensa soledad y la espiritualidad de las llanuras de Tesalia. Pero habrían de pasar tres siglos más hasta que un monje y gran erudito (Athanasio, posteriormente declarado santo), convenció a un entusiasta grupo de fieles para llevar a cabo la titánica empresa de construir un monasterio donde parecía imposible hacerlo. Y así surgió el Gran Meteoro (o Monasterio de la Transfiguración), sobre un farallón de arenisca a 613 metros sobre el nivel del mar, con el fin de acercarse todo lo posible a Dios y, a su vez, refugiarse del hombre (los ataques de albaneses y otomanos que, en aquella época, eran continuos y sangrientos).

Poco a poco, varias comunidades más fueron siguiendo el ejemplo de Athanasio hasta completar un total de 24 monasterios, todos ellos coronando estas fabulosas atalayas, «las rocas enviadas por el Cielo a la tierra» para permitir a los griegos retirarse y rezar, tal y como dicen los textos sagrados ortodoxos. De los 24 monasterios originales, hoy tan solo se conservan seis (en dos siguen habitando monjes), que fueron declarados, en su conjunto, Patrimonio de la Humanidad en 1988: Gran Meteoro, San Esteban, San Nicolás, Santísima Trinidad, Roussanou y Varlaam. Los 18 restantes fueron tristemente destruidos por un fuerte terremoto y durante la contienda de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas alemanas descubrieron que servían de refugio para la resistencia griega. Por desgracia, nada está a salvo de la furia de la naturaleza ni de la locura humana.

Meteora, que en griego significa «piedra suspendida en el cielo» (así es más fácil entender todo), se encuentra en el corazón de Grecia, en la región de Tesalia, a 320 kilómetros de Atenas. La mejor opción para llegar hasta aquí es volar desde Atenas a Ioannina, el aeropuerto más cercano, en un corto vuelo doméstico operado por Olympic Air (www.olympicair.com). Cien kilómetros más en coche y, por fin, estaremos en Kalambaka, el epicentro de este enclave mágico, que nos recuerda a la Capadocia turca, surgido como resultado de uno de esos «caprichos» que la labor tenaz de la erosión se empeña en regalarnos de vez en cuando: un valle cuajado de imponentes moles de arenisca que se elevan desde el suelo como queriendo ser los auténticos pilares de una cúpula celestial. De los seis monasterios, Gran Meteoro, el más grande y visitado, conserva las reliquias de su fundador en el interior de una capilla bizantina con paredes y techos completamente cubiertos (no hay ni un centímetro sin pintar) por frescos multicolores que detallan las persecuciones y los crueles martirios sufridos por los cristianos. En la actualidad, el acceso a estos monasterios se ha facilitado enormemente gracias a la instalación de varias escaleras y puentes, pero conviene saber que, en su día, los monjes se veían obligados a acceder a ellos mediante cestas elevadas por un sistemas de poleas; algo que nos ayuda a imaginar la enorme dificultad que debió suponer su construcción y la dureza de sus vidas. Para poder visitarlos (la entrada cuesta tres euros) recuerda que, tanto hombres como mujeres, deben conservar decoro en su vestimenta, esto es, llevar sus hombros y piernas cubiertos. En Visit Meteora (www.visitmeteora.travel) en Kalampaka, encontramos información sobre actividades a realizar en la zona; también organizan visitas guiadas a los monasterios.

Epiro, mar y montaña

Una serpenteante carretera que atraviesa la cordillera del Pindo, la frontera natural entre la región de Tesalia y Epiro, nos conduce hasta Zagori (Zagorohoria sería su nombre completo) y sus pintorescos pueblos de montaña con una historia y características únicas. Zagori es una bella región que aparece escondida entre altas cumbres (su nombre significa «el lugar detrás de la montaña») y está salpicada por 46 pueblos que se han mantenido casi intactos desde su creación; ninguno de ellos es demasiado grande y todos conservan una arquitectura común que los define, donde su principal protagonista es la piedra. Vassilis, nuestro guía, nos cuenta que «por fortuna, ni los turcos fueron capaces de llegar hasta aquí durante la guerra», algo que contribuyó a preservarlos, ya que nada fue destruido.

El Parque Nacional Vikos-Aoos es un enclave de visita obligada para los amantes del trekking y la naturaleza. Aquí se encuentra el desfiladero de Vikos, el «Greek Canyon», que con sus 990 metros de profundidad y tan solo 1.100 de separación entre sus paredes está considerado como la garganta más escarpada del mundo, superando incluso al Grand Canyon de Arizona.

Gran parte de los senderos que comunican los pueblos de Zagori se ven atravesados por caudalosos ríos y arroyos. Para salvar estas barreras naturales, los habitantes de Zagori decidieron, hace muchos años, construir las «skalas», una serie de puentes de piedra con uno, dos o tres arcos, que facilitó su comunicación y el comercio en cualquier época del año. Dentro del Parque Nacional podemos encontrar hasta siete de estos puentes entre los que destacan el Konitsa (el más grande y alto, con sus 40 metros) y el Kalogeriko, considerado el más bello y especial por tener tres arcos y un trazado que asemeja una oruga en movimiento, que lo diferencian del resto. Uno de estos ríos, el Voidomatis, destaca por ser de los más limpios de Europa; todo un clásico para el descenso de aguas bravas fáciles, aptas para toda la familia. El color turquesa de sus aguas es difícil de olvidar. Rutas en rafting o kayak organizadas por Zagori Outdoor Activities (www.zagori-outdoor.gr).

Y ya que estamos en Epiro, ¿por qué no acercarnos a la costa y darnos un buen chapuzón en las fantásticas playas del Jónico? Desde Parga, la localidad más turística y con más servicios, podemos alquilar un barco y salir a navegar haciendo paradas en playas solitarias donde nos sentiremos como un auténtico Robinson. Por otro lado, en Sivota, la compañía Deep Blue Divers (www.deepbluedivers.gr) ofrece inmersiones de buceo en fondos marinos catalogados entre los mejores de Europa por la transparencia de sus aguas.

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