Parque Nacional Torres del Paine, en Chile

Sorprende y cautiva la imagen de las Torres del Paine, pero también la de innumerables ríos, lagunas, lagos, macizos y glaciares que en su conjunto conforman el parque.

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26 de julio de 2018. 20:53h

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Maica Rivera/Edición gráfica Miguel Berrocal.  26/7/2018

El Parque Nacional Torres del Paine –conocido mundialmente por las imponentes “torres” que le dan su nombre– es uno de los destinos de viaje más bellos del planeta. En él sorprende y cautiva la imagen de las Torres del Paine, pero también la de innumerables ríos, lagunas, lagos, macizos y glaciares que en su conjunto conforman el parque.

Designado como parque nacional en 1959, fue nombrado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978, aunque su verdadero nacimiento fue muy anterior a esos dos hechos.

Su origen data de hace millones de años

Las formaciones geológicas –rocas caracterizadas por una misma composición y estructura– de su superficie se originaron en tres fases. La primera ocurrió hace unos 60 o 70 millones de años, surgiendo de ella el Cerro Toro, elemento de la cordillera de los Andes del sur.

Posteriormente, en la segunda fase, hará unos 12 millones de años, se formaron las asombrosas Torres del Paine. Y finalmente, en la tercera fase, como consecuencia del deshielo y movimiento de glaciares, aparecieron grandes masas de agua que son hoy los lagos y lagunas que caracterizan el paisaje de todo el Parque Nacional de Torres del Paine, cuyo terreno supera las 180.000 hectáreas.

Uno de los principales atractivos del lugar es, indiscutiblemente, el macizo o cordillera Paine. En ese pequeño grupo de montañas destacan las denominadas torres del Paine, tres picos graníticos de unos dos mil seiscientos metros de promedio de altura.

Características del Parque Torres del Paine

Ubicado en la región de Magallanes y de la Antártica de Chile, el parque se mantiene alejado de los núcleos urbanos y de la presencia del ser humano, logrando, de este modo, conservar una fauna y flora de gran riqueza. Existen en torno a los paisajes más icónicos diferentes circuitos turísticos que lo recorren a través de montañas y bosques, siendo algunos de ellos –como las torres y cuernos del Paine, el río Paine, los lagos Grey, Pehoé, Nordenskjöld y los glaciares Grey, Pingo, Tyndall y Geikie– rutas de indescriptible belleza.

El parque está influido en sus diversos ecosistemas por la cercanía de la Antártida, el océano Pacífico y el Campo de Hielo Patagónico. Debido a esas influencias, su clima oscila durante el año de templado a frío muy lluvioso sin temporada seca. También se caracteriza por fuertes vientos que pueden alcanzar los 150 km/h.

Torres del Paine es un destino que despierta no solo el interés del viajero, sino también el de la ciencia, ya que en él existe la posibilidad de hacer estudios que descubren incógnitas del pasado permitiendo prever como evolucionará el futuro.

En dichas investigaciones, por ejemplo, se ha demostrado que el fuego ha sido un elemento de destrucción en el interior del parque en los últimos 13.000 años –se originaba por sí solo en los momentos de mayor variabilidad climática–, aunque los informes demuestran que ha sido en las últimas décadas cuando la negligencia humana ha causado los más devastadores incendios forestales. La acción del hombre es un agente erosivo cuyos efectos en Torres del Paine intentan ser detenidos.

Es imposible no dejarse conquistar por estos bosques, ríos, lagunas y montañas

Es invierno y el frío en esta parte de Chile es muy intenso. Me han advertido de las hostiles condiciones climáticas: fuerte viento, helada lluvia... Pero tambin me han descrito la soledad y belleza que en esta época del año reina en Torres del Paine. No concibo marchar de Chile sin visitar el parque.

Desde Punta Arenas, ciudad con el aeropuerto más cercano al Parque Nacional Torres del Paine, me dirijo hacia él al amanecer. Más de cuatro horas de coche en las que se van sucediendo paisajes inolvidables.

Al adentrarnos en el parque, una fina lluvia y un cielo gris amenazan, aunque percibo que con los sentidos una naturaleza que ha crecido sin ser tocada por mano humana.

Pido al guía ir deteniéndonos en miradores, ríos, lagos, cascadas... Me apeo del auto para contemplar, para admirar..., para alimentar con mi memoria vida. En cada parada, la lluvia empapa la ropa, el fro congela el rostro y el viento golpea el cuerpo sacudiendo las gotas de agua. A pesar de ello es imposible no dejarse conquistar por estos bosques, ríos, lagunas y montañas.

Laguna Amarga, la postal perfecta

En la búsqueda de la panorámica perfecta nos dirigimos a Laguna Amarga. Encallada en las faldas del Cerro Toro –la primera formación geológica del parque–, esta laguna debe su nombre a las aguas que le dan su singular sabor y es conocida por ofrecer una de las perspectivas más bellas de las Torres del Paine.

Al llegar frente a ella, el paisaje está cubierto por nubes bajas y apenas se diferencia la tierra con el agua, pues el gris del cielo asemeja una tela que cubre como una “nada”... Pero aqu el sol es caprichoso y el tiempo cambia. Es una caracterstica del parque y su magia.

Ahora, por los rayos de sol iluminada, Laguna Amarga ofrece tras ella la imagen de los macizos que dan nombre a este parque. Son tres “torres”; tres picos de granito que dejan sin palabras. En apenas unos minutos, que la naturaleza regala y la atesora en lo más profundo del alma.

Comienza nuevamente a llover. Siento que las gotas de lluvia están templadas frente a la frialdad de mi piel, o quizás sea que en realidad son lágrimas derramadas por la belleza contemplada. Sean lo que sean, es líquido que se desliza imparable, que resbala, que escapa, que sigue su curso sin que lo detenga, pues no quiero intervenir en nada: aquí el ser humano no debe dejar huella de su paso.

Completamente fascinada por el paisaje, comprendo que el Parque Torres del Paine es algo más que macizos, ríos, lagos y cascadas. Este parque es el frío, es el viento, es la lluvia... condiciones que caprichosas cuando quieren cambian. Es el olor a tierra mojada, a agua dulce y amarga, a vegetacin no cultivada, a animales que no temen a nada... Es sentir que an existen lugares donde la naturaleza habla.

exto Maica RiveraEdicin gráfica Miguel Berrocal.

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