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Para mí, una obra maestra de ciencia ficción injustamente criticada: una joya que nadie valora

Esta película desafió las normas del thriller psicológico, ofreciendo una experiencia cinematográfica cargada de simbolismo con un juego continuo de la percepción

Ewan McGregor interpreta Sam Foster, un psiquiatra que está atrapado en un caso que desafía la realidad
Ewan McGregor interpreta Sam Foster, un psiquiatra que está atrapado en un caso que desafía la realidadDifoosion

Estrenada en 2005, Stay fue recibida con desconcierto por crítica y público. En parte entiendo por qué viene cierto escepticismo. Se trata de una obra cargada de simbolismo en la que suceden cosas que simplemente no se pueden explicar. Este es uno de esos extraños casos que pueden entenderse como una pieza singular en el género, sobre todo por su manera de jugar constantemente con la idea de la percepción y los límites de la conciencia.

Lejos de la etiqueta de “thriller psicológico confuso” con la que se la definió en su momento, la película de Marc Foster propone toda una experiencia que se mueve en un territorio poco explorado: el espacio frágil entre la vida, la muerte y la memoria. El filme sigue los pasos de Sam Foster, un psiquiatra interpretado por Ewan McGregor, que intenta evitar el suicidio de Henry Letham, un joven estudiante atrapado en visiones que parecen abandonar cualquier explicación estrictamente racional.

La atención al detalle como clave para entender la película

Uno de los rasgos más distintivos del filme es su estructura narrativa, diseñada para reproducir el desconcierto que experimentan los propios protagonistas. A medida que avanza la trama, los espacios se repiten con ligeras alteraciones, los diálogos parecen reiniciarse y ciertos rostros se multiplican en situaciones que no guardan coherencia lineal.

Sin embargo, esta repetición no responde a un capricho formal. Más bien se trata de un mecanismo que introduce al espectador en un estado de incertidumbre constante, reflejando la inestabilidad psicológica que sostiene el núcleo principal de la historia. A pesar de las críticas, Stay es un viaje de lo más interesante en el que cada elemento funciona como una pista hacia un desenlace que da sentido a todo. Una propuesta original que narra lo que sucede cuando tratamos de enfrentarnos a lo inexplicable.

La narración avanza como un recuerdo borroso: reconocible, pero siempre desplazado unos milímetros de la lógica. Esa sensación de extrañeza es justamente la que permite que la película trascienda su aparente misterio y se convierta en una propuesta creativa que fue injustamente valorada. En este sentido, la recepción fría que tuvo en su momento parece revelar más sobre las expectativas del público que sobre el contenido del largometraje en sí mismo.

Dicho esto, su mayor virtud es la coherencia narrativa que implican sus innumerables capas ocultas. Eso sí, es el tipo de película que exige la más absoluta atención. Si uno se da cuenta de los detalles, se es consciente de que se está viendo una cinta muy bien atada. Es confusa y enrevesada, pero todo forma parte del juego. Es valiente porque acepta el riesgo narrativo como una forma que intenta sorprender saltándose los caminos habituales del thriller. Para mí, Stay es una obra maestra que puedes encontrar en Prime Video. Y sí, si Ewan McGregor tiene los pantalones cortos, es por algo.