Moda

Juncal Rivero será la encargada de relanzar Miss y Míster España

Rivero dirigirá un certamen que fue muy censurado cuando Begoña García-Diego estaba al frente
Rivero dirigirá un certamen que fue muy censurado cuando Begoña García-Diego estaba al frentelarazon

Mal comienza hoy la Pasarela Cibeles, un nombre que nunca debió perder porque estaba acreditado y tenía eco mundial. Lo mismo hizo Barcelona con Gaudí. Mandan las imposiciones publicitarias, a quienes todos rinden lógica pleitesía, algo que Ion Fiz no está dispuesto a mostrar a Charo Izqiuerdo, directora de los tambaleantes desfiles, donde ya no admiramos aquellas primeras filas con la flor y nata de los vips capitalinos. Trajes que Charo define de «batuburrillo», como si fuese novedad en las variables exhibiciones de Ifema.

El recinto está lejos, obliga a diez paradas de metro, es feo, incómodo, y su moqueta destroza el caminar. Deben de existir poderosas razones –imagino que monetarias– para sostenerlo tan distanciado del centro urbano. Es como ir de excursión con ánimo de ponerse al día. Charo escurre responsabilidad asegurando que hay un comité selector que puntúa del 0 al 10. Los que no pasen de cinco votos quedan fuera. Eso pasó con el diseñador Ion Fiz.

La pasarela languidece. Ya hay tema para entretener con la costura de si la realzarán alguna de las Infantas. Doña Letizia pasa mucho y compra bien asesorada, hasta en los postizos, que prodiga en melenitas no siempre favorecedoras. Lo hace barato y más español, salvo el caso de Hugo Boss, que ya no monta aquellas ventas liquidadoras que tan bien nos venían. Eran para forrarse y resultaba única de confección la ropa de caballeros, especialmente los trajes.

Mas de una vez coincidí, gangueros ambos, con Juncal Rivero, no solo de nuestras mejores Miss España, también es maniquí de aplaudido refinamiento y libertad. Acaban de nombrarla directora de Miss España, un título hoy desvalorizado, sin olvidar sus primeros años, tan censurados estando al mando Begoña García-Diego, que en gloria esté. Envidiándola, la acusaron de mangoneo permanente y de tener un almacén lleno con los regalos destinados a las participantes.

Juncal fue Miss Europa y no se perdía desfiles de alta costura –donde esta semana se ha celebrado el 70 aniversario de Dior, que siempre estuvo enfrentado a Balenciaga– en sus años de inexplicable matrimonio parisiense con Félix Cabeza, que entonces tenía La Dorada» en Avenue George V y la colocó de cajera ornamental. En Madrid la frecuentaba Rocío Jurado, que disfrutaba chuperreteando las coquinas.

Nadie las sorbía mejor que la diva y se comía bandejas enteras que Alejo García (R.I.P.) y yo le llevábamos a su casa cuando cada miércoles comíamos siempre lentejas preparadas por la fidelidad de Juan López de la Rosa, que hoy reposa en el camposanto chipionero en un nicho desde el que se ve –¿lo cuidará en la altura de su segundo piso?– el monumento casi Benlliure que le dedicó el pueblo a la artista.

Es de obligada visita el lugar que ella puso en el mapa y siempre clamó por una «ruta Rocío Jurado» que podía evocar desde su escuela a la zapatería remendona de su padre, el bar de su primo, El Gato –donde tan bien se come–, la playa de las tres, el polémico huerto de los naranjos por el que clama Amadó y con apoteosis final ante la Virgen de Regla, a la que tanto veneraba. En su atrio, José Antonio Campos y yo echamos las cenizas de un íntimo amigo, para mí imprescindible.

A Rocío llegaron a prohibirle ir a rezarle porque los turistas la liaban igual que en su boda con Pedro Carrasco, de la que estuvo más enamorada que del torero. Herrera y Ollero le cosieron traje blanco andaluz con cuatro volantes, modelo destrozado en un armario que se inundó.

Pero vuelvo a Juncal –Juncalita para su casi hacedor
Mathieu– y sus ganas de, desde primeros de año, darle la vuelta al doble y tan maleado concurso. Ojalá lo consiga. Está en juego la belleza nacional, donde supongo que no meterá caña Pedro Sánchez.