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“Perdona, España”

  • “Perdona, España”

Tiempo de lectura 4 min.

19 de abril de 2019. 17:46h

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Emilio de Diego/ Real Academia de Doctores de España.  19/4/2019

Estos días de la Semana Santa, en que tantos seres humanos buscan el perdón a la luz de su fe, en bellísimas manifestaciones de fervor religioso, los españoles demostramos nuestra capacidad de escenificar magníficamente, año tras año, la ocasión de pedir a Dios la remisión de nuestros errores. La palabra hablada, el silencio emocionado, o la canción, que es la otra forma de rezar en tantos lugares de nuestro país, se hacen camino y puente hacia la reconciliación. El éxito en este intento está asegurado, porque, como decía Heine, el oficio de Dios es perdonar.

Tal vez por ello sería buen momento, aprovechando esta disposición a reconocer nuestras culpas, para ampliar dicha petición a otros; por ejemplo a España, reiteradamente vituperada por quienes buscan la exculpación propia en la supuesta responsabilidad ajena. Por los que ayer y hoy miran al pasado buscando en él, según Judt “provecho político, seleccionando las partes que pueden servir a sus propósitos, recurriendo a una historia retorcida, para dar lecciones morales oportunistas, consiguiendo así mala moral y mala historia”. Claro que en nuestro interesado desorden conceptual, no faltarían quienes se preguntasen ¿qué es España? Pues para evitar digresiones evasivas diré simplemente que España somos los españoles todos, incluso aquellos que pretenden serlo en el menor grado posible. De tal modo pedir perdón a España sería tanto como pedirnos perdón a nosotros mismos, unos a otros y en suma a todos. Aunque en este ejercicio, a diferencia que en las llamadas a la misericordia divina los resultados no están garantizados, a la vista de las pocas experiencias que tenemos.

En cualquier caso, para intentarlo a modo de ensayo y con las variantes oportunas que quieran añadírsele, me atrevo a proponer al respecto esta oración:

- Perdona España porque con indeseable frecuencia no hemos sabido valorar nuestra historia, permitiendo que nos la escriban y la interpreten torciceramente.

- Perdona España porque de esta manera no podemos respetarnos en lo que fuimos y en lo que somos.

- Perdona España porque no sabemos aceptarnos, en nuestros aciertos y en nuestros fallos, y nos hemos convertido en desgraciado ejemplo “roussoniano” de que el ofendido perdona, pero el ofensor jamás, haciendo así imposible el perdón en la medida necesaria y conveniente.

- Perdona España porque aunque un poco pícaros todos, o casi todos, hemos olvidado la sentencia de Guzmán de Alfareche: “perdón es gloriosa victoria”

- Perdona España por nuestra tendencia a no perdonar nada y a perdonarnos todo a nosotros mismos. Aquí, obviamente, nosotros somos nosotros, frente a los otros; es decir, los demás.

- Perdona España porque a pesar de las recomendaciones de Bécquer, en sus rimas, hemos perdido, casi siempre, la ocasión de pedirnos perdón.

- Perdona España porque no nos hemos dado la oportunidad de poder apreciar que todo se perdona menos no tener corazón.

- Perdona España porque no sabemos estimar a los mejores de los nuestros: esos jóvenes, obligados a emigrar no pocas veces, formados para la vida con su esfuerzo y sin atajos, en todos los campos profesionales; o a esos hombres y mujeres soldados que demuestran, día a día, los valores del compromiso y del deber y que en la tarde-noche del Jueves Santo desfilan por las calles malagueñas con la Legión, como emblema, conjugando en el primer legionario, en el Cristo de Mena resurgido de las manos de Palma Burgos, la mística del sacrificio que da sentido a su vida; o esos guardias civiles y policías, respetados en todo el mundo; o, en fin, a aquellos que calladamente se afanan por vivir con la mayor dignidad y hacernos a los demás un poco más dignos.

- Perdona España porque somos capaces de emprender hasta lo más inverosímil con asombrosa intensidad, pero resultamos incapaces de mantener el esfuerzo el tiempo necesario, salvo en la defensa numantina de determinadas posiciones, no siempre defendibles.

- Perdona España porque no hemos abordado la oportunidad de comprendernos a través del perdón.

- Perdona España porque vamos cayendo en la crispación, en el fomento del odio y en la exclusión de quienes no se identifican con nosotros. O acaso peor aún en la desidia y en la indiferencia frente a nuestros problemas.

- Perdón España porque en demasiadas ocasiones recurrimos tarde a los deseos de paz, piedad y perdón.

- Perdona España por nuestro apego a la intransigencia para con los demás.

- Perdona España porque somos capaces de producir un volumen de leyes superior al de casi toda Europa occidental, pero incapaces de que se cumplan, al menos por algunos.

- Perdona España porque a demasiados de nosotros nos es aplicable la fórmula del perdón expresada por Cristo en la Cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

No estoy demasiado convencido del éxito de esta plegaria, ya que no sé cuántos tendremos el coraje suficiente para pedirnos y concedernos el perdón. Pero coincido con Horacio en que el que pide perdón por sus faltas es justo que, a su vez, lo otorgue a los demás. Por eso, de acuerdo con A. Pope, aunque equivocarse es humano y perdonar es divino, no estaría de más que intentaremos romper el monopolio de Dios, al menos en esto del perdón.

Emilio de Diego

Real Academia de Doctores de España

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