lunes, 29 mayo 2017
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España

España / Pactos electorales

Garzón prima la deuda de IU a su puesto en la lista con Podemos

  • IU rebaja sus exigencias en la negociación con Iglesias para hacer frente a la falta de liquidez del partido

Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, e IU, Alberto Garzón, en el Congreso
Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, e IU, Alberto Garzón, en el Congreso
Javier Fernández-Largo

Izquierda Unida (IU) y Podemos caminan hacia el «sorpasso» por un sendero plagado de incógnitas. Por el momento, IU ha rebajado sus exigencias hasta el punto de preocuparse más en las negociaciones por las cuestiones económicas del pacto que por el orden de las listas. La forma de saldar la deuda que atenaza a IU, cifrada en 14 millones por el Tribunal de Cuentas más cerca de otros dos millones de la campaña del 20-D, tiene más importancia que el puesto de salida de Alberto Garzón, que, en caso de concurrir por la lista de Madrid, quedaría ubicado, como muy arriba, en el quinto lugar.

El secretismo del que hace gala la formación morada ha vuelto a hacer acto de presencia mientras que la coalición de izquierdas abrió el lunes una consulta a la militancia para apoyar un pacto del que no se conocen sus puntos. Lo único cierto por ahora es la voluntad de llegar a un acuerdo existente entre los más altos niveles de ambas formaciones. Tanto Pablo Iglesias como Alberto Garzón tienen muy claro que IU y Podemos deben confluir de cara al 26-J. Esa sintonía está facilitando que, al menos entre los dos líderes, las cosas aparentemente marchen mucho mejor que hace unos meses, allanando las gestiones realizadas entre los responsables de organización de los dos partidos, Pablo Echenique y Adolfo Barrena. Ambos son los comisionados de Podemos e IU para trazar la hoja de ruta que permita un pacto electoral.

No obstante, y hay que remarcarlo, las conversaciones entre Iglesias y Garzón son las que están jugando el papel más importante. Desde el partido morado, y pese a la discreción al respecto, remarcan que el entendimiento es posible gracias a una cuestión generacional. «Pablo no podría entenderse con Cayo Lara o con Gaspar Llamazares», aseguran. Lo cierto es que la relación de los dos líderes treintañeros se ha estrechado desde que el de Podemos desembarcó en el Congreso. Las vicisitudes de la legislatura más corta de la democracia española han servido para afianzar vínculos entre ambos. La «veteranía» de Garzón en el Hemiciclo –obtuvo su acta de diputado por IU en las elecciones generales de 2011– le ha proporcionado enteros frente a la bisoñez del novato Iglesias, al que ha orientado dentro de la Cámara Baja en varias ocasiones sirviendo incluso como «hombre bueno» en las conversaciones con el PSOE. Pero en ese acercamiento entre IU y Podemos y sus respectivos líderes, dirigido a propiciar un pacto de cara a las nuevas generales, han pesado otros factores. La subida de la coalición de izquierdas en las encuestas ha dado alas a las peticiones de acuerdo reclamadas desde dentro de Podemos, donde algunos señalaban que al partido morado le faltaron los votos de IU en el 20-D para obtener un mejor resultado.

A esto hay que sumar el cambio –aunque sea por interés electoral– de la línea de la transversalidad marcada por el secretario político de Podemos, Íñigo Errejón, en un giro a la izquierda asumido de forma pública por Iglesias y Echenique. Algunos dirigentes de la formación morada vinculados con anterioridad a IU y al PCE también habrían aportado su granito de arena con gestiones informales ante responsables de dichas organizaciones.

Tampoco hay que olvidar las palabras de Julio Anguita dando oxígeno a un pacto entre Podemos e IU: «Están obligados a la confluencia». A otro nivel, Iglesias y Podemos cuentan con simpatías entre dirigentes de la coalición, como los responsables de Galicia y Cataluña, Yolanda Díaz y Joan Josep Nuet. E incluso un europarlamentario de IU como Javier Couso no oculta su buena relación personal y política con Iglesias.

Atrás quedan las tensiones vividas entre IU y Podemos que llevaron a intercambios de acusaciones y descalificaciones entre las cúpulas de ambos partidos. Si Iglesias llegó a calificar a la coalición –en alusión a sus líderes– de «pitufo gruñón», ahora las cosas han cambiado. Podemos también ha pasado de reclamar la entrada en el partido a título personal a un pacto con siglas. «No tiene sentido confluir con Compromís o la plataforma de Ada Colau y no hacerlo con IU», argumentan desde la formación morada. El ofrecimiento a Garzón para buscarle acomodo a título individual en las listas del 20-D, realizado el pasado verano, ha dado paso a un acuerdo con su formación.

La estrategia de los «quintacolumnistas»

Algunos miembros del Consejo Ciudadano Estatal, con toda probabilidad siguiendo consignas de realizar un reparto de papeles, no han tenido empacho en proclamar en conversaciones discretas que el acuerdo con IU no estaba hecho. No a nivel de militancia, ya que la de la coalición tiene hasta el miércoles para valorarlo. Y tampoco en lo que se refiere a los «dinosaurios» de IU como Lara o Llamazares. Otra cuestión es que la cúpula ligada a Garzón sí esté ganada para la confluencia. Tampoco hay que olvidar que Iglesias conoce bien los entresijos de IU y que su «padre ideológico», Manuel Monereo, histórico dirigente de IU y PCE, ha sido uno de los partidarios de tender puentes, postura que le ha valido durísimas críticas desde la coalición, donde ha llegado ser considerado «quintacolumnista» de Podemos. Monereo, un «peso pesado» como ideólogo y responsable de formación, ocupó un lugar destacado en el mitin de la Caja Mágica en Madrid en la campaña del 20-D. La imagen de Iglesias abrazándose a él causó conmoción en IU. Sus divergencias con Lara y sus críticas al ex coordinador de IU, así como su apoyo a Tania Sánchez frente al núcleo dirigente madrileño de «los black» –por su responsabilidad en la presencia en la Caja Madrid de Miguel Blesa– son conocidas.

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