Podemos

Podemos se negó a renunciar a la subvención por tener 4 grupos

En la negociación con PP, PSOE y C’s Bescansa dejó la mesa cuando se le pidió por escrito renunciar a un millón de euros. Iglesias presiona a los socialistas y les advierte de que si no ceden no les apoyarán para la investidura

Un diputado sujeta un esquema del hemiciclo en la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados
Un diputado sujeta un esquema del hemiciclo en la sesión constitutiva del Congreso de los Diputadoslarazon

Pablo Iglesias se quedó fuera del pacto que formó la Mesa del Congreso porque no consiguió su principal objetivo: que sus tres formaciones aliadas –En Marea en Galicia, Compromís en Valencia y En Comú Podem en Cataluña– tuvieran grupo propio. Para camuflar su fracaso, el líder de Podemos arremetió contra los «partidos del bunker». Teatralizando al máximo su enfado, el líder morado acusó a PSOE y Ciudadanos. Pedro Sánchez y Albert Rivera se convirtieron en los objetivos de sus dardos para minimizar los daños en su coalición. Iglesias intentaba dar por zanjada la petición de sus aliados que le disputan protagonismo político y ponen en entredicho su pretendido liderazgo único de la coalición haciendo patente su debilidad.

La dirección de Podemos intentó pasar página de la polémica tras la constitución de la Mesa. No le dejaron. Primero, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, dejó claro que no tenía ninguna intención de renunciar a su grupo parlamentario. Poco después se sumó la vicepresidenta de Valencia y líder de Compromís, Mónica Oltra. Iglesias volvió a situarse en la tesitura de alcanzar un acuerdo que diera satisfacción a estas reivindicaciones. Hoy tiene que tomar la decisión final para evitar que las costuras de Podemos se resientan y su liderazgo quede magullado.

Pablo Iglesias, consciente de la presión de sus aliados, intentó un acuerdo durante la negociación de la composición de la Mesa del Congreso. Albert Rivera, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy intercambiaron conversaciones telefónicas y mensajes desde el día siguiente de las elecciones. También lo hicieron con Pablo Iglesias, pero los tres grandes partidos ya vieron que la formación morada no tenía ninguna intención de llegar a un acuerdo so pena de comulgar con las ruedas de molino de los cuatro grupos en el Congreso.

A las reuniones que mantenían Rafael Hernando –PP–, Antonio Hernando –PSOE– y Miguel Gutiérrez –Ciudadanos– en los despachos del Congreso se incorporó Carolina Bescansa. La mano derecha de Iglesias insistía en su solicitud: un grupo para cada candidatura vinculada a Podemos. Los demás no daban su brazo a torcer. En un momento determinado, Bescansa puso sobre la mesa la renuncia a las prerrogativas de los grupos en materia de subvenciones, intervenciones de todos en los plenos y comisiones, y mayor cupo para presentar iniciativas. Iglesias y Errejón se encargaron de publicitar en los medios esta renuncia. Ante esta petición continuada, la situación se encalló entre los negociadores hasta que los tres grandes partidos decidieron cambiar la estrategia. PP, Ciudadanos y PSOE, que consideran la petición de Podemos como no reglamentaria, aceptaron transigir y asumir la reivindicación. Pusieron una condición para el acuerdo planteando a Bescansa: que la renuncia se hiciera por escrito.

Nunca llegó ese texto a los negociadores y, al final, no hubo pacto. La dirección de Podemos no pudo imponer a sus aliados la renuncia y, menos, por escrito. Ni Compromís, ni En Comú Podem, ni En Marea tienen intención de renunciar a las subvenciones ni a las prerrogativas de los grupos. Rechazaron la propuesta y mantuvieron el pulso. Bescansa dejó de ir a las reuniones e Iglesias asumió el papel de ofendido ante los acuerdos a tres bandas que lo dejaban fuera de la Mesa del Congreso, y sin grupos. Su sobreactuación sólo pretendía que sus aliados bajaran la presión y camuflar su debilidad. No lo ha conseguido. Las tres agrupaciones quieren hacer política en el Congreso y no tienen intención de renunciar a su protagonismo, aunque sea en detrimento del liderazgo de Iglesias. La no presentación del texto a PP, Ciudadanos y PSOE es la prueba del algodón.

Iglesias, para sortear esta tesitura, planteará a los suyos varias opciones: un único grupo en el que se repartan el poder las cuatro coaliciones emulando el modelo de Izquierda Plural en la pasada legislatura; dos grupos como resultado de separar los diputados de Podermos –42– y los de las tres agrupaciones –27–; y un tercer escenario no deseado: la diáspora de sus diputados en el mixto o con otras fuerzas. Las tres opciones dejan diluido su liderazgo y ponen de manifiesto que Podemos es toda una amalgama de intereses contrapuestos en la que Iglesias no controla los 69 diputados que se arroga su formación. Cualquiera que sea la solución final deja a Iglesias tocado en el primer encaje de bolillos de la legislatura.

Ello no fue óbice para que ayer Podemos, en boca esta vez de su secretario de Política, Íñigo Errejón, no se moviera un milímetro de su exigencia y redoblara su presión al PSOE quejándose de que, «mientras ceden sus senadores a ERC y DiL interpretando el reglamento del Senado de manera flexible para formar grupo», se opongan «a que otras fuerzas que sí lo cumplen lo puedan tener en el Congreso». «En política los compromisos se demuestran con hechos, no sólo con palabras. Por ahora, el PSOE sólo ha utilizado excusas para ni siquiera sentarse a conversar», sentenció.