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Unos dados de 12.000 años reescriben toda la historia de las apuestas humanas

Estábamos completamente equivocados respecto a cuándo y dónde nacieron las apuestas

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Fichas de un casino

La historia de las apuestas podría ser mucho más antigua de lo que se pensaba. Un estudio publicado en American Antiquity sostiene que varios pueblos indígenas de Norteamérica ya usaban dados de dos caras hace entre 12.800 y 12.200 años. Eso adelanta en miles de años el origen conocido de los juegos de azar y cuestiona la idea de que este tipo de prácticas nacieron primero en las civilizaciones del Viejo Mundo (el mundo conocido por los europeos antes de la llegada de Colón a América).

Los investigadores no creen que los objetos hallados fueran simples restos de hueso o piezas decorativas, sino instrumentos fabricados para producir resultados aleatorios dentro de juegos con reglas. En la práctica, eso significa que ya existían formas tempranas de apuesta o, al menos, de juego de azar estructurado, en la Edad de Hielo, algo que, además, facilitó la integración de grupos de humanos distintos.

Los primeros dados no se tiraron en Europa

Los dados recogidos en el estudio (Foto: Robert J. Madden)
Los dados recogidos en el estudio (Foto: Robert J. Madden)

El trabajo parte de una idea sencilla, pero difícil de demostrar: no basta con encontrar una pieza pequeña de hueso para considerarla un dado. Por eso, el arqueólogo Robert J. Madden desarrolló un sistema de identificación basado en ejemplos etnográficos bien documentados de dados nativos norteamericanos. A partir de ese patrón, revisó materiales arqueológicos de distintas épocas para separar lo que realmente podía considerarse una herramienta de juego de lo que no.

El resultado fue amplio. El estudio identificó 565 objetos diagnósticos y otros 94 probables repartidos en 57 yacimientos de 12 estados del oeste y las Grandes Llanuras. Muchos pertenecen a periodos relativamente recientes dentro de la prehistoria, pero al menos 14 ejemplares se remontan a hace unos 12.000 años. Los más antiguos aparecen en depósitos Folsom de Wyoming, Colorado y Nuevo México, una cronología que los sitúa miles de años antes que los dados más tempranos conocidos en Eurasia.

Estos dados no se parecen a los de un casino moderno. Son piezas pequeñas, normalmente de hueso, con dos caras diferenciadas mediante incisiones, pigmento o cambios en la superficie. Se lanzaban en grupo y el resultado dependía de cuántas mostraban una cara concreta al caer. El mecanismo era simple, pero suficiente para introducir azar real en una partida y convertirlo en una base para competir, puntuar y probablemente apostar bienes o favores dentro de una comunidad. La propia investigación subraya que, en los registros históricos nativos, estos objetos funcionaban como agentes aleatorizadores en juegos de azar y para apostar.

La importancia del juego: más que un divertimento

Ese matiz es importante porque cambia la lectura del hallazgo. No se trata solo de “jugar” por entretenimiento, sino de aceptar un resultado incierto generado por un objeto diseñado para ello. Ahí está el vínculo con las apuestas. Puede que no existieran mesas, fichas ni dinero como hoy los entendemos, pero sí un sistema material para dejar algo al azar y asumir sus consecuencias dentro de un juego reglado.

El estudio también plantea que estos juegos cumplieron una función social relevante. Pudieron actuar como herramientas de integración entre grupos con poca relación previa, facilitando intercambios, alianzas y vínculos en encuentros periódicos. En otras palabras, apostar no habría sido solo una forma de ocio, sino también una tecnología social útil para organizar relaciones humanas en contextos muy antiguos.