Coche eléctrico

Los coches autónomos no están preparados para situaciones de alto riesgo según un nuevo informe

La IA generativa entrena a los coches autónomos para superar los retos más peligrosos de la carretera

Errol Musk en el podcast Wide Awake
La conducción autónoma tiene margen de mejora

Es innegable que los coches autónomos han avanzado una barbaridad. Ahora bien, a pesar de tantos años de desarrollo, todavía hay un muro difícil de derribar: esos momentos críticos y puntuales que son, precisamente, los que causan los accidentes más graves. Los expertos los llaman "casos límite". Hablamos de situaciones como una curva cerradísima con el asfalto mojado o un cambio de rasante inesperado que pone al límite la estabilidad del coche. Son eventos que ocurren muy de vez en cuando, pero cuando pasan, las consecuencias son desastrosas si el sistema no sabe cómo reaccionar.

El gran problema es que la inteligencia artificial actual no está lo suficientemente entrenada para estos escenarios. Y claro, no podemos simplemente salir a la carretera a buscar accidentes a propósito para ver qué hace el software; sería carísimo, lentísimo y, sobre todo, una locura para la seguridad pública. Si un sistema de IA apenas ve situaciones extremas durante su aprendizaje, es casi imposible que sepa qué hacer cuando se las encuentra de golpe en el mundo real.

Un campo de entrenamiento virtual impulsado por IA generativa

Para intentar solucionar lo que acabo de comentar, un equipo de investigación de la Universidad de la Ciudad de Dublín, junto con otro de Birmingham, ha dado con una idea bastante ingeniosa. Han creado un campo de pruebas virtual que utiliza IA generativa para crear escenarios de alto riesgo de forma segura. En lugar de sentarse a esperar a que ocurra un imprevisto en la calle, este modelo genera a la carta situaciones realistas y muy exigentes que llevan al coche a sus límites físicos de agarre. De esta forma, el vehículo puede "practicar" maniobras peligrosas una y otra vez en un entorno digital sin que nadie corra el más mínimo peligro.

Lo que hace especial a este sistema es que se centra en las situaciones más difíciles: combinar curvas cerradas, pendientes pronunciadas y velocidades altas para poner a prueba tanto a la máquina como al humano. Cabe mencionar que el objetivo final no es prescindir del conductor y que se olvide del volante. Al contrario, el proyecto se centra en la "conducción compartida". Vamos, que el coche y la persona se apoyen mutuamente.

La lógica detrás de esto es aprovechar lo mejor de cada uno. Los humanos somos muy buenos usando la intuición y adaptándonos a lo desconocido, mientras que las máquinas son imbatibles en rapidez de reacción y precisión. En este sistema, el control es flexible. Si vas por una recta tranquila, tú llevas el mando; pero si la IA detecta que te acercas a una curva peligrosa demasiado rápido, empieza a intervenir de forma suave para estabilizar el coche. No es un volantazo brusco ni una toma de control intrusiva, sino una transición gradual diseñada para que se sienta natural y el conductor no se asuste.

Para comprobar si esto funcionaba de verdad, los investigadores fueron más allá de las simples simulaciones por ordenador y sentaron a personas reales en simuladores. Los resultados fueron muy interesantes, especialmente para los conductores con menos experiencia. Cuando se veían en apuros en carreteras complicadas, la IA les echaba una mano justo a tiempo, reduciendo drásticamente el riesgo de perder el control. Lo mejor fue que, cuando la conducción era segura, el sistema no molestaba, permitiendo que el conductor se sintiera siempre protagonista y no un simple pasajero.