

Cómic
Si eres de los que creció pegado a Dragon Ball, seguro que alguna vez has fantaseado con pasear por los pasillos de Capsule Corporation. Esa arquitectura de cúpulas, curvas imposibles y edificios que parecen naves espaciales refleja el estilo inconfundible de Akira Toriyama. Lo curioso es que, para vivir esa experiencia, no hace falta teletransportarse a la Capital del Oeste de Dragon Ball. Basta con darse una vuelta por la Costa Azul francesa.
Escondido entre villas de lujo en Théoule-sur-Mer, cerca de Cannes, hay una mansión que desafía cualquier etiqueta: el Palais Bulles. Es una locura diseñada por el arquitecto húngaro Antti Lovag entre 1975 y 1989. Sin duda, su diseño vendría a ser una rebelión en toda regla contra la arquitectura de toda la vida: todo son volúmenes redondeados, como células o cuevas futuristas. Es que lo ves y jurarías que estás en los laboratorios del Dr. Brief o en algún poblado de Namek.
A nivel de escala, esta joya dejaría boquiabierto hasta al emperador Pilaf; es una casa digna de la fortuna de los Brief. Tiene unos 1.200 metros cuadrados, diez dormitorios, once baños y un salón panorámico. Y ni hablemos de las piscinas o del anfiteatro al aire libre con vistas al mar: es el escenario perfecto para montar un torneo de artes marciales privado o para esos banquetes que se marca Goku cada vez que salva el mundo.
Ver sus formas es volver de golpe a las tardes de nuestra infancia frente a la tele. Te das cuenta de que aquella estética espacial de los ochenta fue más allá de los dibujos. No hace falta decir que fue una visión de futuro que muchos compartían. Además, da la sensación de ser un lugar que desprende esa misma libertad y optimismo que encontramos en Dragon Ball. Y si te pica la curiosidad de saber cuánto vale, se puso a la venta por 335 millones de dólares, aunque de esto hace unos cuantos años, en 2021.