Cómic

Aunque te cueste creerlo, los teléfonos caracol de One Piece tienen su inspiración en un artilugio de la vida real

El oscuro origen de los caracoles más famosos del anime

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Den Den Mushi de One Piece

Si hay algo que nos ha robado el corazón en el universo de One Piece, son los Den Den Mushi. Estos simpáticos caracoles no llevan con los Sombrero de Paja desde el primer número del manga, ya que hubo que esperar hasta el número 94. Pues bien, ¿y si te dijera que su origen no es solo producto de la genialidad de Eiichiro Oda? Hay una historia real, y bastante curiosa, detrás de ellos.

Aunque suene a locura, la idea tiene raíces históricas que se remontan a la Francia de 1850. Por aquel entonces, un investigador de lo oculto llamado Jacques-Toussaint Benoît ideó un aparato con un nombre casi imposible de pronunciar: la "brújula pasilalínica-simpatética", aunque todos lo llamaban simplemente "telégrafo caracol". La teoría de Benoît era, cuanto menos, estrafalaria: creía que, al aparearse, los caracoles generaban un fluido que creaba un vínculo telepático inquebrantable entre ellos. Según él, esta conexión superaba cualquier distancia, permitiendo una comunicación instantánea que dejaría en pañales al telégrafo eléctrico de la época.

Un fracaso absoluto que afectó a Benoît

La idea del telégrafo caracol se remonta a 1850
La idea del telégrafo caracol se remonta a 1850

Lejos de quedarse en teorías de bar, Benoît se puso manos a la obra y construyó un telégrafo caracol. Lo que hizo fue pegar literalmente 24 caracoles, asignando una letra del abecedario a cada uno. El concepto era ingenioso en su rareza: si tocabas el caracol correspondiente a una letra, su "pareja" en el otro extremo del mundo se movería, permitiendo deletrear mensajes. Como era de esperar, la ciencia terminó chocando con la fantasía durante su primera demostración oficial. El invento no funcionó como se esperaba.

Por desgracia, el final de esta historia es mucho más sombrío. Cuando le exigieron repetir la demostración para confirmar que no era un fraude, Benoît desapareció. Lo que aquel hombre nunca llegó a imaginar es que su mayor fracaso, ese sueño fallido de caracoles conectados, acabaría inspirando más de un siglo después uno de los elementos más icónicos de toda la historia del manga/anime.