

Análisis
God of War es una de las sagas más representativas de la historia de PlayStation y Kratos es uno de los personajes icónicos que todos los usuarios son capaces de recordar. No es fácil llegar a ese estatus, al Olimpo de una de las compañías más emblemáticas de la industria. Tras una espectacular trilogía en la mitología griega, se mantuvo el nivel en sus dos entregas nórdicas. Y, con una serie en marcha, todo apunta a una tremenda continuidad de la saga, que no para de protagonizar rumores.
Sin embargo, nunca pensé que podría hablar de God of War como algo anodino y que apenas aporta nada a la actualidad del sector del videojuego. A lo largo de los años, las aventuras de Kratos han sabido cómo generar un tremendo impacto de una u otra manera, generando interés en los jugadores. Viendo el resultado de otras licencias, su salto al género metroidvania (uno de los más populares en la actualidad), parecía una certificación del éxito sobre el papel. Nada más lejos de la realidad.
God of War: Sons of Sparta es un juego plano, que no consigue destacar en prácticamente nada de lo que propone. La cesión del desarrollo por parte de Santa Monica a Mega Cat Studios, cuyo bagaje era mínimo en el sector, provoca que no se había experimentado antes en la franquicia. No es solo que decepcione como una parte del universo de God of War, sino que también lo hace como metroidvania, lo que son terribles noticias en cualquier sentido.
God of War: Sons of Sparta es un nuevo videojuego centrado en la adolescencia de Kratos y su hermano Deimos en la región de Esparta. Mediante una historia que el propio protagonista le va contando a su hija Calíope, se narran algunas de las aventuras y las desventuras de los jóvenes, lo que sirve como un buen aperitivo a modo de spin-off para todos aquellos que quieran aumentar más su conocimiento sobre la licencia de Santa Monica. El problema es que ni siquiera aquí destaca, con un argumento con altibajos y que apenas aporta a lo que pretende ofrecer como apoyo a esa vertiente griega.
El verdadero aliciente que se puede encontrar en este título es conocer a Kratos antes de que su vida se desmoronara, por lo que su actitud es totalmente diferente a lo que tiene acostumbrados a los seguidores de la saga. Ahora es una persona más jovial, incluso más cabal, teniendo que frenar a su hermano en muchos de sus impulsos. Una demostración de todo lo que puede generar un hecho traumático para alguien y un mensaje claro de humanidad para uno de los personajes más despiadados de la época de PS2, que ya comenzó a mostrar otra cara en sus últimos años.

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta God of War: Sons of Sparta es la comparación constante con otros videojuegos del género metroidvania. No consigue destacar en su combate, que resulta repetitivo y tiene una evolución muy pobre con el paso de las horas, además de contar con patrones muy predecibles por parte de los enemigos. En este sentido, realizar un parry o una combinación de ataques resulta puramente mecánico, por lo que los amantes del género no encontrará un gran reto entre sus niveles.
Tampoco es que se pueda considerar un juego de una enorme complejidad en el diseño del mapa. Hay decenas de metroidvania que hacen un trabajo de interconexión y backtracking más profundo e interesante. En el título de Mega Cat Studios es fácil ir de un punto a otro del mapa repetidas veces sin nada interesante que hacer, lo que genera cierto desgaste en el jugador. Es necesario hacer ese ejercicio de apreciación y de costumbrismo ante lo que se está desarrollando en la partida para poder disfrutarlo, y eso es una terrible noticia para un juego que intenta aportar algo diferente a lo que se ha visto hasta el momento. No lo pongo en duda, pero es fácil caer en la conclusión de que es una excusa para poder ofrecer un nuevo episodio de una historia que va camino de convertirse en la gallina de los huevos de oro.

Tampoco ayuda el arma elegida para dar forma a este título. Es cierto que no se le pueden imbuir armas con los dones de los Dioses como sucede en los títulos posteriores a nivel cronológico y es un buen guiño histórico portar la lanza y el escudo como los auténticos guerreros espartanos, pero esto no deja de ser un videojuego. La capacidad para mejorar esas armas es mínima, más allá de apostar por un aumento de crítico o realizar daño elemental, y los combos que se pueden ejecutar con ella no aportar espectacularidad, sino que se ha decidido apostar por el realismo. No quiero utilizar la palabra aburrido, pero sí que se puede considerar un combate plano. De nuevo, malas noticias para el género en el que se ha internado God of War.
Todo lo que intenta se queda en un quiero y no puedo. Ya sea por la inexperiencia del estudio o porque simplemente God of War no encaja en el género. Honestamente, me inclino más por la primera opción. Si algo demostró Prince of Persia: The Lost Crown es que las grandes sagas pueden encajar donde se lo propongan y se me ocurren muchas maneras más apropiadas de llevar a Kratos a un entorno metroidvania. Y si, para colmo, el atractivo del multijugador cooperativo es una opción postgame, resulta una oportunidad perdida en todos los sentidos.

Mucho se ha comentado acerca del estilo artístico de God of War: Sons of Sparta y considero que se ha generado mucho dramatismo al respecto. No es que sea un juego bonito y que genere un gran impacto en lo visual, pero tampoco es un desastre como he leído en muchas opiniones de los jugadores. El problema es que otros trabajos como Blasphemous, que también han apostado por el mismo estilo, han realizado un trabajo más profundo y dedicado a este visual en 16bits. Tampoco ayuda que el aspecto general de God of War siempre haya sido puro espectáculo de luz y color, cuando aquí todo se vuelve más plano, con un tono sepia presente en todo momento para ofrecer reminiscenicas de esa época antigua.
Probablemente no es lo que nadie esperaba al imaginar un God of War metroidvania, pero a medida que vas avanzando por los diferentes niveles del título se pueden apreciar grandes estampas que aportan belleza a la Grecia antigua. No ha sido uno de los aspectos que más me ha desagradado del título, ni mucho menos, por lo que creo que son críticas injustificadas. Hay otros muchos aspectos de Sons of Sparta que provocan que este título vaya a pasar sin pena ni gloria, por lo que deberíamos acostumbrarnos a valorar otros estilos artísticos diferentes a lo que acostumbran las sagas de renombre. Algo que también se traduce a la banda sonora, que se adapta a esa estética y recoge un excelente guiño rescatando los clásicos coros que definían los temas principales de la saga a la que hace honor.


God of War: Sons of Sparta es uno de esos experimentos fallidos que, si bien no le va a quitar toda la épica a las saga, sí que supone un tropiezo en un camino que hasta ahora era inmaculado. Aquellos que quieran disfrutar de una nueva aventura protagonizada por un joven Kratos estarán encantados, siempre y cuando consigan superar las carencias que deja la propuesta en el género metroidvania. Habrá que esperar para poder ver a Kratos recuperar esa gloria digna de los Dioses mientras, en esta ocasión, atraviesa una pequeña senda de mediocridad.