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La ANC se prepara para volver a tomar las calles

La asociación asegura que el Gobierno quiere dinamitar las instituciones catalanas

  • Jordi Sánchez y Jordi Cuxart
    Jordi Sánchez y Jordi Cuxart
D. Fernández.  Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

14 de octubre de 2017. 03:45h

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Mientras el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, medita su respuesta al requerimiento del Gobierno, las asociaciones independentistas tensan la cuerda. No sólo quieren que el president declare la independencia tras el amago del pasado martes, sino que están dispuestos a tomar de nuevo la calle. De este modo, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, con el permiso de la CUP, han comenzado a movilizar a los suyos. Ayer, sin ir más lejos, Puigdemont se reunió con estas asociaciones para tomarles el pulso.

El presidente de la ANC, Jordi Sánchez, remitió ayer una carta a sus militantes en la que les advertía de que el lunes será una jornada determinante. Y lo será porque la Audiencia Nacional decidirá cómo proceder sobre las denuncias por sedición contra su persona; el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart; el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, y la intendente de Mossos Teresa Laplana. «Tengo la sensación de que estamos siendo utilizando como rehenes por parte de la Fiscalía y otras altas instancias españolas. También el lunes el Gobierno Rajoy decidirá con mucha probabilidad dinamitar las instituciones de la Generaliat para ponerlas bajo su control», señaló. Por lo que, al margen de las movilizaciones, tampoco descartó paros masivos como la huelga general del 3 de octubre. Sánchez emplazó, pase lo que pase, a los militantes a mantener la cadena de confianza porque «no hay marcha atrás en la determinación de construir un nuevo Estado independiente en forma de República». También abogó por mantener siempre una respuesta no violenta y pacífica «ante la más que probable actitud represiva y violenta de las fuerzas policiales», alegando que desde el Estado necesitan un relato violento para justificar sus decisiones y represión.

En su opinión, la mano tendida al diálogo del Govern es absoluta y honesta, pero «en ningún caso esconde ninguna renuncia a la proclamación de la República, ni mucho menos se puede interpretar como una vía al reformismo constitucional», y llamó a no desconfiar de los que han representado hasta ahora a los independentistas.

Tras asegurar que el Govern ha asumido el mandato del 1-O y ha diseñado una estrategia ganadora, argumentó que se ha ofrecido diálogo al Ejecutivo central para hacer «más transitables estos últimos pasos hacia la República, aunque el horizonte que se intuye es una reacción antidemocrática del Gobierno». Cree que la decisión de dar una oportunidad al diálogo fue una apuesta arriesgada pero honesta, aunque admitió que nadie sabe si éste llegará a buen puerto.

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