Inteligencia emocional
Reemplazar un “lo siento” por esta palabra demuestra una inteligencia emocional superior a la media, según Steve Jobs
Un ajuste mínimo en el lenguaje cotidiano puede cambiar la forma en que se perciben la seguridad personal, el liderazgo y la calidad de las relaciones

En la comunicación diaria existen expresiones que se utilizan casi de manera automática. Frases aprendidas desde la infancia, socialmente aceptadas y asociadas a la educación y el respeto, se repiten sin apenas reflexión. Una de ellas es “lo siento”, una fórmula habitual para suavizar tensiones, reconocer errores o simplemente evitar un conflicto incómodo. Sin embargo, desde la psicología y el estudio del liderazgo se lleva tiempo analizando si su uso constante produce siempre el efecto deseado.
El debate no gira en torno a la importancia de pedir disculpas cuando corresponde, sino a la tendencia a disculparse de forma sistemática incluso cuando no existe una responsabilidad real. En ese punto, algunos expertos en inteligencia emocional señalan que el lenguaje puede transmitir mensajes implícitos sobre autoestima, seguridad y control de la situación, más allá de las palabras literales.
Por qué repetir una disculpa de manera continuada puede perder efecto
Una disculpa tiene valor cuando responde a un error concreto y es percibida como sincera por ambas partes. Sin embargo, cuando se convierte en un recurso habitual para abrir frases o justificar acciones cotidianas, puede perder eficacia. Diversos estudios sobre comunicación interpersonal coinciden en que las disculpas excesivas suelen estar vinculadas al deseo de agradar o de evitar cualquier tipo de fricción, incluso cuando esta es inevitable o necesaria.
La científica del comportamiento Shadé Zahrai, formada en Harvard, ha señalado que este patrón puede proyectar inseguridad y debilitar la credibilidad personal. Disculparse de más no siempre genera empatía; en algunos contextos, transmite duda sobre las propias decisiones o falta de convicción al expresar una opinión.
Qué decir en vez de un "lo siento"
Frente a ese uso automático del “lo siento”, algunos especialistas proponen una alternativa sencilla: sustituirlo por “gracias” en situaciones donde no existe un daño real, pero sí una interacción social delicada. El cambio no es semántico, sino emocional. Mientras la disculpa centra la atención en un supuesto error, el agradecimiento desplaza el foco hacia la actitud del otro.
Decir “gracias por tu paciencia” en lugar de “lo siento por llegar tarde”, por ejemplo, no elimina la responsabilidad, pero introduce un matiz distinto: reconoce al interlocutor y refuerza el vínculo desde una posición más equilibrada. Este tipo de formulación suele generar un clima más constructivo y evita que la conversación se construya únicamente desde la culpa.
Esta forma de comunicación no es nueva ni exclusiva del ámbito académico. Steve Jobs, cofundador de Apple, fue uno de los líderes empresariales que aplicó de manera consciente este enfoque. Su estilo, a menudo analizado por su dureza y exigencia, también se caracterizaba por un uso estratégico del lenguaje en momentos clave.
Jobs evitaba disculparse públicamente cuando consideraba que hacerlo podía debilitar el mensaje o la visión a largo plazo. En su lugar, reformulaba el contexto y utilizaba el agradecimiento como herramienta para reconducir situaciones complejas. Un ejemplo especialmente citado ocurrió en 1997, cuando Apple atravesaba una grave crisis financiera y necesitó el apoyo de Microsoft. En lugar de presentar el acuerdo como una derrota, Jobs afirmó: “Tenemos que abandonar la idea de que para que Apple gane, Microsoft tiene que perder... Tenemos que agradecer a Bill y a su equipo por su ayuda”.
La frase no solo evitó una disculpa implícita, sino que transformó la narrativa del momento, proyectando control, visión estratégica y confianza en el futuro de la compañía.
Desde la perspectiva de la inteligencia emocional, elegir conscientemente entre “lo siento” y “gracias” implica comprender el impacto emocional del lenguaje. No se trata de eliminar las disculpas, sino de utilizarlas cuando son necesarias y sustituirlas cuando solo funcionan como un escudo social.
Este tipo de comunicación transmite firmeza sin agresividad y empatía sin sumisión. Por ello, muchos expertos consideran que saber cuándo agradecer en lugar de disculparse es una señal de madurez emocional y de habilidades sociales avanzadas, especialmente en contextos profesionales o de liderazgo.