sábado, 27 mayo 2017
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Cataluña

Cataluña / Educación

Actividades extraescolares, ¿lujo o derecho?

  • El 64% de los alumnos de entre 3 y 14 años realiza algún tipo de trabajo fuera del aula, pero el acceso a este refuerzo no está garantizado para el 100%.

Las clases de refuerzo de inglés son un clásico de las actividades extraescolares y sirven para mejorar el nivel adquirido en el colegio.
Las clases de refuerzo de inglés son un clásico de las actividades extraescolares y sirven para mejorar el nivel adquirido en el colegio.
Luis Sevillano

En Cataluña existe un creciente interés social por la participación de los hijos en actividades infantiles extraescolares, el cual se refleja también en un aumento de la demanda. Estos datos resultan muy positivos ya que los niños que participan en estas actividades registran un mayor rendimiento académico, sin olvidar además la vertiente educativa de las extraescolares.

Así, según datos ofrecidos por el Síndic de Greuges de Cataluña, cerca de 600.000 niños y niñas entre 3 y 14 años realizan actividades extraescolares de carácter académico, una cifra que representa el 64% del total, mientras que otros 350.000 llevan a cabo actividades extraescolares relacionadas con la música, el arte y el deporte. De hecho, sólo en Barcelona, se contabilizaron el año pasado 500 puntos en los que se realizan este tipo de actividades de soporte escolar. Así pues, queda patente que en Cataluña existe un soporte social a la participación de niños en extraescolares, sin embargo, tal y como pone de relieve el recopilatorio de evidencia científica rigurosa existente en torno a las actividades extraescolares que fortalecen el aprendizaje realizado conjuntamente por la Fundación Jaume Bofill y Ivàlua en el marco del proyecto «¿Qué funciona en educación?», aún hay retos a superar en este ámbito, principalmente el poder garantizar el acceso del conjunto de la población a cualquier extraescolar.

«Nuestras extraescolares tienen buena salud, pero hay cosas a mejorar», señala al respecto Edgar Iglesias, doctor en Pedagogía y miembro del equipo educativo de la Asociación Educativa Integral del Raval, quien en este sentido destaca que «las extraescolares son un patrimonio colectivo, con una base comunitaria y deben generar cohesión social». Y es que tal y como señala Iglesias, existen barreras para el acceso a estas actividades «debido al desconocimiento de sus beneficios y de la oferta, al contraste entre el ámbito urbano y el no urbano, a la falta de atractivo que a día de hoy éstas pueden tener para la población inmigrante, lo cual resulta especialmente lamentable por cuanto podrían formar parte de la estrategia de integración, así como por el coste económico».

Asimismo, el doctor en Pedagogía apunta «que es necesario ajustar las extraescolares a las nuevas necesidades de la población» y , en este sentido, destaca que «cada barrio tiene lógicas distintas y por ello no sirven lógicas universales». Por tanto, a su entender, «las extraescolares que mejor funcionan son las que en el diseño de la actividad han participado más actores educativos diferentes».

Si los beneficios de la participación en actividades escolares están demostrados, de ellas tendría que poder sacar provecho toda la población, puesto que de otro modo éstas serían generadoras de desigualdades. Sheila González, doctora en Ciencias Políticas y Transformación Social y miembro del Instituto de la Infancia, asegura que «estas actividades tienen un impacto sobre el rendimiento escolar de los niños, que se traduce en mejores resultados, mayor vinculación y menor absentismo, un incremento de las expectativas académicas y una mejora de las habilidades socio-emocionales, entre otras cosas». «Las extraescolares de carácter académico equivalen a una ganancia de dos meses sobre el progreso académico medio del alumnado ordinario y de dos meses y medio en el caso del alumnado más vulnerable, una ganancia que es menor en las actividades artísticas o deportivas, las cuales sin embargo, tienen un mayor impacto sobre la autoestima, las habilidades socio-emocionales y los comportamientos de riesgo de los niños», apunta González, quien destaca especialmente que «los alumnos que más se benefician de las extraescolares son los más desaventajados, con un bajo rendimiento y/o de perfil socioeconómico bajo, quienes muestran una progresión más evidente puesto que también parten de una situación peor».

Y es que, «estas actividades suponen un aumento del tiempo de educación, suplen en muchas ocasiones la falta de impulso educativo, que no hay en la familia, y además es una forma de que el niño que no encaja en un entorno académico, pueda participar en este contexto más informal, que encaja más con su perfil».

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