

ChatGPT
La tecnología de textos generativos impulsada por grandes modelos de lenguaje abrió infinidad de escenarios de cara a imaginar algo y ser el cerebro que fabricara lo que luego responde el producto o la interfaz sobre la que el usuario se mueve.
Uno de los grandes referentes es el chatbot de OpenAI ChatGPT, en el que hace meses que se vislumbra la posibilidad de que las conversaciones suban de temperatura. El potencial de temas sobe los que interactuar con el asistente daba pie a pensar que en algún momento llegarían las conversaciones subidas de tono, opción que el propio Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, había dejado abierta al señalar en octubre que la idea final del asistente es “tratar a los adultos como adultos”.
En diciembre, fue Fidji Simo, directora ejecutiva de operaciones de OpenAI, quien confirmó que estaban trabajando en esa línea, con especial atención al apartado de asegurar que quienes accedan a ese “modo adulto” sean efectivamente personas de más de 18 años. Ahora, el código fuente de una de las futuras actualizaciones de ChatGPT confirma que estamos más cerca de un chatbot que permita interacciones de índole erótico.
Así lo recogen los compañeros de Android Authority, que destacan haber comprobado en la versión ChatGPT v1.2026.055 líneas de código en las que se mencionan “chats traviesos”. Un eufemismo que a estas alturas de la película todos sabemos lo que quiere decir.
En principio esta nueva versión implica la eliminación de determinadas restricciones que antes planteaba el asistente a la hora de que el usuario buscara derivar la conversación hacia temas de marcado carácter sexual. Ahora, la idea es que a través de los sistemas de predicción de edad que ChatGPT ha implementado de manera reciente el chatbot sea capaz de inferir la edad del usuario con el que conversa, de cara a aceptar o no que la conversación de carácter +18 siga adelante con su colaboración.
En caso de que el asistente de OpenAI no pueda garantizar la mayoría de edad de su interlocutor, lo incluirá en la categoría de menores de edad. Para subsanar esto, en caso de que sea un error, el usuario deberá hacerse una fotografía de su rostro y aportarla a través de la aplicación Persona, la plataforma de verificación de identidad externa que OpenAI utiliza para garantizar la seguridad de sus herramientas.
De este modo Sam Altman y su equipo buscan principalmente cumplir con normas de seguridad y regulación sobre protección de menores. No es tanto una cuestión de “control”, sino más bien de responsabilidad legal y regulatoria, especialmente en un contexto donde la IA está muy vigilada.
Con todo ello, las señales apuntan en una dirección clara y que algunos consideran que era inevitable desde el primer momento en que aparecieron este tipo de herramientas: con medidas de seguridad y garantías de por medio, pero las conversaciones picantes con un asistente de IA con ChatGPT parecen estar a la vuelta de la esquina.