

Astronomía
Júpiter pudiera parecer una hermosa pintura al óleo con sus coloridas capas atmosféricas de helio e hidrógeno, pero lo cierto es que el distante gigante gaseoso del sistema solar oculta en su interior una salvaje vorágine del caos: temperaturas de -140º, tormentas eternas y vientos huracanados que llegan a alcanzar velocidades de hasta 600 km/h. Pero uno de los elementos más fascinantes y misteriosos de Júpiter no es otro sino su Gran Mancha Roja, también conocida como Gran Punto Rojo, un fenómeno atmosférico que lleva activo más de 350 años y supera las dimensiones del planeta Tierra.
Previamente, desde la sección de ciencia y tecnología de La Razón, ya hemos hablado largo y tendido sobre otros extraños fenómenos atmosféricos que desentonan dentro de la gran incógnita de la naturaleza intrínseca del Universo como el masivo huracán hexágonal de 30.000 km de Saturno y otros enigmas espaciales del cosmos como las estructuras estables bajo la superficie de Venus o la reciente teoría que indica que Urano y Neptuno podrían no ser gigantes de hielo y podrían estar formados por un núcleo rocoso de mayores proporciones a lo que se imaginaba. Esta vez, hablaremos sobre la Gran Mancha Roja de Júpiter. Una tormenta infinita que desafía todas las leyes conocidas del Universo.

La tormenta infernal de la mancha que vemos en el hemisferio sur de la atmósfera de Júpiter, a unos 22 grados del ecuador, es incluso más grande que el planeta Tierra. Es como una especie de anticiclón de aproximadamente unos 14.000 km de diámetro que gira en el sentido contrario a las agujas del reloj. Aunque los datos recogidos por los científicos indican que antes era mucho más grande. Se lleva observando desde el año 1665, por lo que tiene al menos 350 años de antigüedad. Por aquel entonces, su tamaño era de entre 40.000 km y 50.000 km de ancho, lo cual sugiere que dentro de unos cientos de años podría acabar desapareciendo.
Esta Gran Mancha Roja de Júpiter está rodeada por corrientes atmosféricas muy potentes que ayudan a estabilizar sus tormentas y evitan que se disipe en la gélida superficie del planeta. Sus vientos huracanados llegan a alcanzar hasta 640 km/h. De hecho, recientemente, la NASA analizó la voracidad de los relámpagos en Júpiter determinando que son hasta 10.000 veces más potentes que los relámpagos de la Tierra.

En cuanto a su temperatura, suele oscilar entre -160ºC y -120ºC. Por su parte, en las capas visibles de Júpiter las temperaturas rondan en torno a -145ºC. Sin embargo, en su ionosfera la temperatura puede llegar a alcanzar 2.000ºC debido al campo magnético del gigante gaseoso.
En la Tierra, los anticiclones se forman cuando la presión atmosférica empuja hacia abajo el aire de las capas superiores. Pero, a pesar de que los científicos comprenden la naturaleza de los anticiclones terrestres, nadie sabe con certeza cómo ni cuándo se formó la Gran Mancha Roja de Júpiter. El titán del sistema solar está repleto de otros muchos anticiclones de menor tamaño, pero entre sus tonalidades siempre predomina el color blanco.