Ciencia

Investigadores lanzan una llamada desesperada, miles de especies invasoras podrían llegar al frío ártico

Unos investigadores han creado herramientas de detección temprana para frenar el avance de plantas exóticas antes de que transformen el paisaje ártico para siempre

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Con el deshielo, miles de tipos de plantas que están en otras regiones podrían sobrevivir en el Ártico

Solemos imaginar el Ártico como un desierto de hielo remoto e inalcanzable, una fortaleza natural donde solo los organismos más resistentes pueden sobrevivir. No obstante, un estudio reciente liderado por expertos de la Universidad NTNU y la Universidad de Liverpool, que ha sido publicado en NeoBiota, ha puesto sobre la mesa una cifra que invita a la reflexión: más de 2.500 especies de plantas ajenas a la región podrían encontrar hoy mismo un hogar en el extremo norte, especialmente en zonas como Svalbard y el norte de Noruega.

Para entender la magnitud de lo que podría llegar a suceder, los investigadores realizaron lo que llaman un "escaneo de horizontes". Básicamente, se pusieron en el lugar de las plantas y analizaron unas 14.000 especies exóticas de todo el mundo para ver cuáles serían capaces de aguantar el tipo en el clima ártico actual. Los resultados confirmaron que 2.554 de ellas poseen un perfil climático compatible con la región. No estamos hablando de una posibilidad teórica, sino de un riesgo real. Cuando una de estas especies logra establecerse donde no le corresponde, suele hacerlo a costa de las plantas locales, desplazándolas y rompiendo un equilibrio ecológico que ha tardado milenios en formarse.

Plantas de otras regiones acabarían en el Ártico

Las plantas boreales se adaptan muy bien al frío
Las plantas boreales se adaptan muy bien al frío

Lo cierto es que ya no existen refugios totalmente seguros. Aunque el norte de la Noruega continental es el punto más vulnerable por su clima algo más suave, ni siquiera los lugares más aislados están a salvo. En el archipiélago de Svalbard, por ejemplo, ya se han identificado 86 especies exóticas que podrían prosperar sin demasiados problemas. A esto hay que sumarle el factor del calentamiento global, que está actuando como un aliado inesperado para estos invasores. Al subir las temperaturas, el Ártico deja de ser ese entorno hostil de inviernos letales para convertirse en un terreno cada vez más acogedor para plantas que antes simplemente habrían muerto al primer soplo de aire polar.

Ante este panorama, la ciencia ha pasado a la ofensiva con herramientas de detección temprana. Hasta hace poco, los comités de expertos se veían desbordados; intentar predecir qué planta podría convertirse en un problema entre miles de opciones era una tarea titánica, casi imposible. Ahora, gracias al trabajo de investigadores como Tor Henrik Ulsted, cuentan con mapas y bases de datos que permiten identificar los puntos calientes de riesgo y actuar antes de que sea demasiado tarde. La lógica es aplastante: es infinitamente más sencillo y barato frenar la llegada de una semilla que intentar limpiar un ecosistema entero una vez que la invasión ha echado raíces.

Al final, este esfuerzo por blindar el Ártico no es un caso aislado, sino que forma parte de un compromiso global mucho mayor. Los hallazgos de este equipo de científicos son una pieza clave para alcanzar los objetivos del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que busca reducir a la mitad la introducción de especies invasoras para el año 2030. Nos recuerda que, en un planeta cada vez más interconectado y cálido, proteger la esencia de los últimos rincones vírgenes de la Tierra depende de nuestra capacidad para anticiparnos y, sobre todo, de ser conscientes de la huella, a veces invisible, que dejamos al viajar.