Animales

Llevan 130 años estudiándolo y por fin saben por qué los gatos casi siempre caen de pie

El verdadero secreto de este misterio centenario se esconde en el diseño asimétrico de su espalda

Errol Musk en el podcast Wide Awake
No, los gatos no siempre caen de pie

Se dice que los gatos siempre caen de pie, pero aunque la probabilidad es muy alta, la verdad es que no siempre caen bien. La obsesión científica con este superpoder viene de lejos. Allá por 1894, el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey usó una de las primeras cámaras de alta velocidad para pillar in fraganti a un gato en plena caída. En las fotos, que acabaron publicadas nada menos que en la revista Nature, el animal se retorcía en el aire como si nada, pareciendo desafiar descaradamente la ley de conservación del momento angular. Tuvieron que pasar décadas, hasta 1969, para que las matemáticas demostraran que sí, los gatos pueden reorientarse en el aire girando unas partes de su cuerpo respecto a otras.

Pero había un detalle importante. Hasta ahora, casi todos los estudios se habían centrado en la física pura y dura. Faltaba mirar dentro del gato. Ahora, en pleno 2026, un equipo liderado por el fisiólogo veterinario Yasuo Higurashi (de la Universidad de Yamaguchi, en Japón) acaba de publicar un artículo en The Anatomical Record que por fin aclara el origen biológico de esta pirueta. Y resulta que el gran secreto para caer bien está en el diseño de su columna vertebral, que no tiene la misma flexibilidad en todas sus partes.

El secreto de por qué los gatos casi siempre caen de pie

Diagrama de la espina dorsal de un gato
Diagrama de la espina dorsal de un gato

Para llegar al fondo del asunto, los investigadores tuvieron que ir directamente a la fuente. Analizaron las columnas vertebrales de cinco gatos donados a la ciencia, conservando intactos tanto los ligamentos como los discos intervertebrales. Luego, metieron diferentes secciones de esas espinas en una máquina de torsión para ver, hasta dónde aguantaban el giro. Lo que encontraron fue un contraste brutal entre la mitad delantera y la trasera. La parte frontal del felino (la sección torácica) se retuerce muchísimo más fácil: tiene el triple de rango de movimiento y es un tercio menos rígida que la zona lumbar. Además, esta parte delantera cuenta con lo que los expertos llaman una "zona neutra" de unos 47 grados, que viene a ser un margen donde el cuerpo puede girar casi sin esfuerzo. ¿La zona lumbar? Ni rastro de algo parecido; es rígida como una tabla en comparación.

Con el fin de comprobar si lo visto en el laboratorio encajaba con la realidad, dejaron caer a dos gatos vivos desde más o menos un metro de altura (sobre un buen cojín, por supuesto) y lo grabaron todo a cámara lenta. Las imágenes confirmaron las sospechas. Cuando un gato cae, no gira todo su cuerpo a la vez en un solo movimiento fluido, aunque a simple vista nos lo parezca. En realidad, lo hace por fases. Primero rota la mitad delantera, aprovechando que esa parte de la columna es muy flexible y concentra menos peso. Y justo después, apenas unos 70 o 90 milisegundos más tarde, le sigue la pesada y rígida parte trasera.

Esto no solo explica por qué los gatos son los reyes indiscutibles del aterrizaje. Los científicos creen que es la misma clave detrás de su increíble agilidad para correr o hacer giros cerrados a toda velocidad. Aunque es verdad que manipular los restos anatómicos en el laboratorio pudo alterar mínimamente algunos datos mecánicos del tórax, los resultados cuadran a la perfección con observaciones más antiguas hechas en gatos vivos. 

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