Defensa

Europa ya tiene su propio 'Golden Dome' para prescindir de EE UU: Thales lanza un sistema de defensa antimisiles

SkyDefender es un escudo basado en inteligencia artificial y protección por capas capaz de cubrir grandes regiones ante amenazas como drones, misiles de crucero o proyectiles hipersónicos

Errol Musk en el podcast Wide Awake
SkyDefender fue presentado el 11 de marzo y según Thales ya está operativo

La creciente tensión bélica a nivel internacional exige a los bloques adecuar sus capacidades de defensa. En un mundo en el que la batalla se produce de manera mayoritaria a través de ataques aéreos, con drones y misiles como los que se están empleando en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, Europa ha dado un paso al frente para reducir su dependencia del país presidido por Donald Trump.

Para protegerse de amenazas procedentes del aire, Estados Unidos aspira a disponer en 2029 del sistema que se conoce como 'Golden Dome' o 'Cúpula Dorada'. Se trata de un escudo antimisiles formado por una red de satélites e interceptores espaciales cuya misión será evitar que misiles balísticos e hipersónicos, así como otras amenazas aéreas, puedan entrar en territorio estadounidense. 

SkyDefender ya es una realidad

Con esa referencia, la compañía francesa Thales ha desarrollado el sistema SkyDefender, llamado a proteger regiones completas de ataques aéreos. Un sistema que vivió su puesta de largo el pasado 11 de marzo y que, según la multinacional gala y como recoge New Atlas, ya se encuentra en pleno funcionamiento. El concepto sobre el que se basa el sistema europeo es idéntico al estadounidense, aunque presenta algunas particularidades.

Resulta inevitable comparar el proyecto 'Cúpula Dorada' de EE. UU. y el desarrollado por la francesa Thales. Pese a compartir aspectos, su alcance y enfoque es muy distinto. En el caso de SkyDefender, la idea fundamental es la defensa de regiones que se vean amenazadas con ataques. El rango de protección que ofrece el sistema europeo abarca 5.000 kilómetros de territorio, frente a la idea estadounidense de que su escudo proteja toda la zona continental de Estados Unidos en el momento en que se encuentre operativo.

El funcionamiento de SkyDefender se basa en capacidades de inteligencia artificial y en actuar como una estructura defensiva por niveles, compuesta por unidades que pueden funcionar por separado pero conectadas entre sí. La idea de la compañía Thales, responsable del proyecto, es que SkyDefender ofrezca protección frente a un amplio abanico de misiles, desde tácticos a los de crucero pasando por los hipersónicos. Por supuesto, los vehículos aéreos no tripulados también forman parte del catálogo de elementos acerca de los que establecer protección bajo el escudo del sistema.

Protección por capas buscando adecuarse a cada escenario

La estructura del sistema creado por Thales se divide por capas. La primera de ellas, la más alejada, se sirve de los satélites de Thales Alenia Space para detección de largo alcance. La franja intermedia, situada a una altitud máxima de 150 kilómetros, emplea diferentes sistemas de detección de misiles que se complementan con un radar de fuego terrestre, de cara a percibir amenazas entrantes a neutralizar gracias al despliegue de misiles Aster 30 B1 NT. Para la capa más baja queda la responsabilidad de detectar y anular el peligro que pueda proceder de drones y naves de vuelo bajo.

Los sistemas defensivos de SkyDefender se pueden completar con la integración de misiles Martlet o Mistral 3. La diferencia entre ellos es que los primeros utilizan un sistema de guiado basado en láser mientras los segundos se sirven de una navegación por infrarrojos. Entre los puntos positivos de este sistema se encuentra su capacidad de trabajo y de comunicación eficaz con la OTAN y el resto de defensas aliadas.

Con SkyDefender, Thales busca ofrecer una respuesta a un potencial peligro que se está mostrando en los conflictos que actualmente permanecen abiertos, en los que los ataques aéreos se han vuelto más desafiantes debido a su carácter masivo. La saturación que permiten los ataques aéreos es un arma adicional que amplía la exposición y urge sistemas de protección fiables.

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