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Irán destruye con drones kamikaze los radares antimisiles más valiosos de EE.UU. desplegados en Oriente Medio

El sistema THAAD en Jordania y el enorme radar AN/FPS-132 en Catar han sido alcanzados, lo que expone la vulnerabilidad de activos estratégicos ante amenazas de bajo coste

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Base de radar destruida

Irán ha logrado destruir o dañar varios de los radares de defensa antimisiles más sofisticados que Estados Unidos tiene desplegados en Oriente Medio. Los ataques de represalia iraníes, ejecutados con drones kamikaze de largo alcance y misiles balísticos, han alcanzado sistemas valorados en cientos de millones de dólares y han puesto en evidencia una vulnerabilidad que los expertos llevaban años señalando.

La ironía del episodio resulta difícil de ignorar. Drones de bajo coste, similares a los que Irán ha suministrado a Rusia para la guerra en Ucrania, han conseguido inutilizar radares capaces de rastrear objetos que se desplazan a velocidades hipersónicas e incluso fuera de la atmósfera. La asimetría entre el precio del arma atacante y el del sistema destruido constituye una de las lecciones más relevantes de este conflicto.

El impacto estratégico de las pérdidas va más allá de lo inmediato. Cada radar destruido reduce la capacidad de interceptación de futuros ataques con misiles iraníes, lo que incrementa la probabilidad de que proyectiles posteriores alcancen sus objetivos. La pérdida de cobertura también afecta a la vigilancia general de la región y puede tener implicaciones que trascienden el conflicto actual.

Daños confirmados en Jordania y Catar

Imágenes de satélite obtenidas por la CNN a través de Planet Labs han confirmado que un radar AN/TPY-2 fue alcanzado en la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania. Según publica The War Zone, el Pentágono se apresuró a enviar un reemplazo, lo que indica que el daño fue sustancial. El AN/TPY-2 es el sensor principal del sistema antimisiles THAAD y solo se han fabricado 16 unidades en total, con un coste unitario de entre 250 y 300 millones de dólares.

En Catar, el enorme radar AN/FPS-132 también fue dañado el primer día del conflicto. Se trata de un sistema fijo de alerta temprana con cobertura de 360 grados cuyo paquete de venta se valoró en 1.100 millones de dólares en 2013. Al menos una de sus tres caras fue impactada y se detectaron signos de un posible incendio posterior. Otras instalaciones en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí también fueron atacadas, aunque la magnitud exacta de los daños sigue sin esclarecerse.

La necesidad urgente de defensas por capas

Los ataques iraníes han puesto de relieve que las instalaciones de radar estáticas son objetivos fáciles para drones cargados con explosivos. Su ubicación es conocida, aparece en imágenes comerciales de satélite y no requiere más que unas coordenadas para ser atacada. Un dron con una carga del tamaño de una granada puede perforar una antena de matriz de fase activa e inutilizarla durante meses.

La solución a largo plazo pasa por migrar las capacidades de rastreo de misiles al espacio. El Pentágono trabaja en constelaciones de satélites distribuidos que ofrecerían redundancia y una cobertura menos vulnerable que la de los radares terrestres. Esa transición, sin embargo, llevará años de desarrollo e inversiones multimillonarias antes de alcanzar la capacidad operativa plena.

Mientras tanto, la guerra contra Irán ha dejado una conclusión incómoda para los planificadores del Pentágono: los activos más caros y sofisticados del escudo antimisiles estadounidense siguen expuestos a las amenazas más baratas y rudimentarias del arsenal enemigo. La asimetría de costes no es un problema teórico, sino una realidad comprobada en el campo de batalla.