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La escalada militar entre Estados Unidos e Irán ha devuelto al primer plano una pregunta que muchos europeos creían superada: ¿puede un misil iraní alcanzar territorio español? La respuesta corta es que, con las capacidades demostradas hasta la fecha, no. La larga obliga a matizar, porque el programa balístico de la República Islámica avanza a un ritmo que inquieta a los analistas occidentales.
La distancia en línea recta entre Teherán y Madrid ronda los 5.117 kilómetros. Es un dato clave porque establece el umbral que cualquier proyectil iraní debería superar para representar una amenaza directa sobre suelo español. Ningún misil operativo en el inventario de Irán ha demostrado ese alcance en pruebas verificadas por fuentes independientes.
Sin embargo, reducir la cuestión a una cifra sería un error. España alberga infraestructura militar de la OTAN y bases utilizadas por Estados Unidos, lo que la convierte en un eslabón de la cadena logística occidental. Aunque el Gobierno español ha negado cualquier autorización para usar esas instalaciones en ataques contra Irán, su mera existencia eleva el perfil estratégico del país en un conflicto que ya no es hipotético.
El pilar del programa balístico iraní lo componen misiles de corto y medio alcance. Los Fateh-110, Zolfaghar y Qiam-1 emplean combustible sólido y se despliegan desde plataformas móviles, pero su radio de acción no supera los 700 kilómetros. Son armas diseñadas para el entorno regional, no para alcanzar Europa.
El salto llega con los sistemas de medio alcance. El Ghadr y el Emad cubren un alcance de entre 1.500 y 1.800 kilómetros, mientras que el Khorramshahr eleva la marca a 2.000 kilómetros con una ojiva de 1.500 kilogramos. Si se reduce la carga útil, algunos analistas estiman que podría aproximarse a los 3.000 kilómetros. Con esa cifra, ciudades como Berlín o Roma entrarían dentro del radio de acción, pero la Península Ibérica seguiría fuera.
Lo que ha disparado las alarmas en los últimos meses no son los sistemas ya probados, sino las declaraciones sobre un posible misil intercontinental iraní. En julio de 2025, Irán presentó el Khorramshahr-5, un proyectil de combustible líquido al que atribuye un alcance de 12.000 kilómetros, velocidad de Mach 16 y una ojiva de dos toneladas. De ser cierto, no solo España, sino todo el continente americano quedaría dentro de su cobertura, según ha detallado Interesting Engineering.
El problema es que no existe verificación independiente de esas cifras. No existen datos públicos de pruebas de vuelo a esa distancia ni evaluaciones de inteligencia occidentales que confirmen la capacidad operativa del Khorramshahr-5. Irán tiene un historial documentado de exagerar las prestaciones de sus armas con fines disuasorios, y la comunidad de defensa trata estas afirmaciones con cautela. Lo que sí reconocen los expertos es que el programa avanza y que la brecha tecnológica con un ICBM funcional se reduce cada año.
Aunque los misiles iraníes no pueden alcanzar territorio español con sus capacidades actuales, España no es un actor neutral en este conflicto. La base naval de Rota, en Cádiz, y la base aérea de Morón de la Frontera, en Sevilla, son instalaciones clave para las operaciones estadounidenses en el Mediterráneo y Oriente Medio.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, declaró que España no ha concedido «ninguna» autorización para utilizar esas bases en la campaña contra Irán. Sin embargo, la presencia de infraestructura de la OTAN y del escudo antimisiles de Estados Unidos en suelo español convierte al país en un objetivo potencial si el conflicto escala a una dimensión continental. Esa exposición no depende de que un misil iraní pueda llegar hoy, sino de que pueda hacerlo mañana.
La conclusión de los analistas es clara: con las capacidades operativas demostradas, España queda fuera del alcance del arsenal iraní. Los 2.000-3.000 kilómetros de sus mejores sistemas probados no cubren los más de 5.000 que separan a Teherán de Madrid. Pero la carrera balística de Irán no se ha detenido, y las ambiciones intercontinentales expresadas con el Khorramshahr-5 indican una hoja de ruta que apunta a distancias cada vez mayores.
El verdadero riesgo para España no es un ataque directo a corto plazo, sino la evolución de un programa que podría alcanzar capacidad intercontinental en un horizonte de años. En un escenario donde Irán lograse verificar un ICBM operativo, el mapa de amenazas europeo cambiaría por completo, y la Península Ibérica dejaría de ser la retaguardia segura que ha sido hasta ahora.

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