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Divirod nació como tantas startups tecnológicas lo hacen en el mundo. Con una visión y una promesa. En su caso, desarrollar y desplegar una plataforma integral de sensores y datos capaces de ofrecer una gestión minuciosa de los recursos hídricos. Por varias razones. La principal: el agua es un bien escaso, y se le debe dar el mayor valor posible hasta la última gota.
Hoy esta firma estadounidense ya es una empresa de pleno derecho. Tras recabar financiación de inversores de riesgo durante años, la compañía ya comercializa su producto. El mes pasado anunció un hito: de la mano de la empresa japonesa Oki completó satisfactoriamente un proyecto “para mejorar las capacidades de alerta temprana y fortaleza climática” de las autoridades niponas.
Con su tecnología basada en sensores, reflectometría y algoritmos, la empresa pudo detectar deslizamientos de tierra prácticamente imperceptibles al ojo humano (y a la tecnología hasta ahora usada) en la región japonesa de Fukuoka. Gracias a ello se pueden anticipar y evitar tragedias. Por eso la firma está cerrando cada vez más casos de usos en diversos países.
También en España, donde la empresa espera crecer expansivamente durante los próximos años. Por eso ya negocian y trabajan con instituciones públicas. Su interés por España no es solo genuino: Divirod es una empresa estadounidense, pero fundada por un andaluz llamado Javier Martí que insiste, en una entrevista con LA RAZÓN, en uno de sus mayores anhelos. “Devolverle a mi país todo lo que he aprendido”.
Si bien se trata de un desarrollo muy sofisticado, la tecnología de Divirod se puede explicar también muy gráficamente. Divirod aprovecha las señales de satélite que ‘rebotan’ en grandes masas de agua para obtener datos. Después, gestiona toda esa magna cantidad de información y la procesa para ofrecer el análisis más minucioso del mercado. Esto ofrece un amplio abanico de soluciones. Por ejemplo: anticipa escenarios de inundación, como las vistas estas últimas semanas en una España azotada por un tren de borrascas.
Pero también permite controlar que no hay filtraciones en grandes balsas de agua o incluso anticipar aludes o que colapsen techos de grandes superficies por acumulaciones de nieve. La información que genera también permite detectar, como sucedió en Fukuoka, lentos desplazamientos de tierra. Así, las autoridades cuentan con mayores y mejores mediciones para anticipar situaciones de emergencia y, de ese modo, minimizar los riesgos de la población. Sobre todo cuando los efectos del cambio climático empiezan a azotar a diversas partes del mundo.

Aunque es fácil imaginar que las principales interesadas en la solución de Divirod serían las administraciones, lo cierto es que la compañía ya abre mercado en varios países y genera mucho interés en compañías aseguradoras y firmas geotécnicas. Sobre todo, porque las aseguradoras quieren tener a sus coberturas prevenidas (mediante alertas y emergencias) para que se puedan minimizar daños.
Pero el gran punto diferencial de la tecnología de Divirod está en su plataforma de datos. Javier Martí, fundador y CEO de la compañía, detalla a este periódico desde EE UU por qué: “Trabajamos con nuestros propios sensores, pero además hemos construido una plataforma de datos sobre agua muy grande en la que integramos y curamos datos, y hacemos control de calidad de todo lo que está disponible públicamente”.
Pero el anhelo de Divirod por abrirse paso en el mercado español no se ciñe únicamente a una oportunidad empresarial. La frecuencia de desastres como los vistos estos últimos meses puede seguir creciendo y por ello es indispensable contar con información en tiempo real. Pero más allá de salvar vidas, Martí insiste en otra cuestión más personal. “Yo quiero devolver algo. Quiero ayudar”.
“Quiero una España donde el talento no tenga que marcharse. La cantidad de gente brillante de origen español que trabaja fuera es enorme. Yo tengo 56 años. He lanzado cohetes al espacio, fui líder técnico del observatorio ALMA, desarrollé un observatorio de cambio climático en Estados Unidos. He hecho cosas muy grandes, de renombre mundial, y hago esto porque me siento responsable de hacerlo y porque sé cómo hacerlo”, enfatiza.
El empresario tiene bagaje y currículum, pero también ganas de aportar su “granito de arena”. “Yo quiero cambiar mi país. Quiero que en España se valore la tecnología, el emprendimiento y el talento que tenemos, que es mucho. No tenemos por qué salir fuera para demostrarlo, aunque lo seguimos demostrando más fuera que dentro”.
Para ello, Javier también elude caer en ciertos tropos. No es cuestión de que los jóvenes se lo “crean”. También es importante que los fondos que operan en el mercado nacional y las Administraciones hagan una apuesta sólida y decidida, considera. “Es el momento de invertir de verdad, no de jugar con pequeñas empresas”. “Tengo la convicción de traer de vuelta todo lo que he aprendido en más de 30 años fuera”, apunta.
Por ahora es una desconocida en España, pero posiblemente su nombre empiece a resonar en unos meses también aquí. Divirod, que es la construcción de Divine Road, ya es una sociedad anónima que fabrica sus sensores bajo contrato en Colorado, en EE UU. Han fijado para este 2026 y para el año que viene su plan de expansión. “Queremos producir entre 2.000 y 3.000 dispositivos al año”.
Pero los dispositivos son una pequeña pata del negocio. La importancia está en la plataforma de datos: “Queremos crear el mapa del agua más preciso posible”. “Hay competidores en sensores y competidores en plataformas de datos, pero nadie tiene la solución de extremo a extremo que estamos ofreciendo en Divirod”, incide Martí: el español que confía a la tecnología la necesidad de controlar hasta la última gota.

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