

ChatGPT
La relación entre las grandes empresas de inteligencia artificial y la administración estadounidense acaba de saltar por los aires. El Pentágono ha cancelado abruptamente sus contratos con Anthropic por negarse a participar en tareas de vigilancia. Para llenar ese vacío, OpenAI asume el control de los sistemas de defensa militar del país.
La información, publicada inicialmente en las páginas del medio Android Headlines, recoge las justificaciones de Sam Altman tras el acuerdo. El responsable argumenta que asegurar la ventaja tecnológica de Estados Unidos frente a otros países es una prioridad absoluta y defiende la participación de su compañía apelando directamente a la seguridad nacional.
El desencuentro viene de lejos. El gobierno de Donald Trump ya había vetado a los creadores de Claude, pero horas después el ejército utilizó la IA de Anthropic en bombardeos sobre Irán, tal y como revelan los informes sobre el ataque. Este uso no autorizado terminó por dinamitar la escasa confianza restante entre ambas partes.
Tras esa fractura definitiva, el departamento de defensa exigió a la firma que abandonara todas sus operaciones en un plazo máximo de seis meses. Mientras tanto, el Pentágono ya integraba a Grok en sus redes clasificadas tras sellar una alianza paralela con Elon Musk, buscando proveedores dispuestos a operar sin las restricciones éticas corporativas.
Los responsables de ChatGPT aceptan el nuevo encargo asegurando que su software no tiene autonomía para ejecutar ataques letales. Prometen que un supervisor humano autorizará siempre cualquier acción armada, intentando mitigar el miedo a que un algoritmo decida abrir fuego por su cuenta en medio de un conflicto bélico a escala internacional.
La reacción de los consumidores ante esta deriva bélica ha sido fulminante. Durante las últimas jornadas hemos visto cómo miles de usuarios cancelan sus suscripciones a ChatGPT, migrando sus cuentas hacia la competencia. Como consecuencia directa de esto, Claude se ha coronado rápidamente como la aplicación más descargada en las principales tiendas digitales.
Queda en evidencia que las prioridades gubernamentales chocan frontalmente con las normativas internas de estas herramientas. Mientras Altman justifica su decisión como un servicio imprescindible para el país, el software de consumo entra oficialmente en la industria armamentística, obligando a los internautas a replantearse a quién ceden sus datos personales.

Mi perro no ladra