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El truco de la discográfica de Taylor Swift para inflar el mercado: por qué los 1.000 millones del vinilo son un espejismo

La industria celebra ingresos récord que no se veían desde los años 80, pero tras las cifras se esconde una estrategia de especulación que está asfixiando a los artistas independientes

Errol Musk en el podcast Wide Awake
El coleccionismo de variantes y ediciones limitadas ha transformado el vinilo en un objeto de inversión, alejándolo de su función original como soporte para disfrutar de la música

El vinilo ha vuelto a facturar mil millones de dólares al año en Estados Unidos. La última vez fue en 1983, cuando el CD estaba empezando a dar sus primeros y tímidos pasos. La cifra, sobre el papel, parece apuntar a una victoria del formato físico sobre el algoritmo; a que el público, después de años metidos en el mundo del streaming, por fin está plantando cara y premiando tangibilidad sobre conveniencia.

Y si bien es cierto que algunos indicadores parecen moverse en esa dirección en determinadas áreas de la tecnología, incluso con determinados formatos que la generación Z abraza, la verdad es que esta supuesta victoria no es tal. Tampoco es que sea mentira, sino una verdad a medias que conviene a la industria.

La RIAA (el organismo que regula toda la música grabada en Estados Unidos) ha publicado los números de ventas de vinilo de 2025, fijando la cifra final en un total de 1.042,9 millones de dólares. La cifra, desde luego, resulta llamativa, con medios tan prestigiosos como el diario inglés The Guardian haciéndose eco de ella. Ante tal panorama, me sentí impelido a investigar y preparar este texto que ahora tienes ante tus ojos.

Lo primero que hay que tener en cuenta es el feo asunto del dinero. Calculando con arreglo a la inflación, la cifra de 1983 serían hoy en día unos 3.417 millones de dólares, lo que por el lado económico ya desmontaría el argumento de la victoria. Pero no es eso lo que más me ha llamado la atención, sino la trampa de las ediciones múltiples. ¿Que de qué estoy hablando? Voy a intentar explicarlo.

Las discográficas, Taylor Swift y el timo de las variantes

No estoy intentando, en ningún caso, atacar o criticar a la que posiblemente sea la artista pop más importante de la última década. Y, sin embargo, tiene mucho que ver en esos más de mil millones de dólares que la industria ha recaudado sólo a golpe de vender vinilos. Del top cinco de los artistas más vendidos en EE.UU., la que comenzase su carrera como un icono del country ha colocado 46,8 millones de unidades en las estanterías del público estadounidense.

¿Cómo lo ha hecho? La explicación es muy sencilla: lanzando ocho versiones diferentes del mismo disco. No es culpa de la artista, sino una maniobra de especulación discográfica que funciona a distintos niveles y que, en su caso particular, aplica al álbum The Life of a Showgirl. El primer paso es editar ese disco, hasta aquí todo normal.

El segundo pasa por prensarlo en vinilo en ocho colores diferentes: negro tradicional, azul translúcido, dorado, rojo, verde... la idea es hacer que las ediciones que no sean la sencilla, corriente y moliente de vinilo negro de toda la vida se sientan más especiales que esta. ¿Cómo? Ahora llegamos a eso.

Para hacer que cada una se diferencie de las anteriores se añaden extras arbitrarios a cada una de ellas. Por ejemplo, una tiene un póster firmado, otra tiene una foto que no sale en ningún otro sitio... creo que se entiende bastante bien a dónde va el razonamiento de la discográfica. Y no sólo se contentan con eso, sino que algunas de estas ediciones estuvieron disponibles durante sólo 48 horas en la web oficial de la artista.

Teniendo en cuenta el furor que Swift despierta entre sus fans y la devoción que algunos de ellos sienten por ella, el resultado es que se vende el mismo producto ocho veces a la misma persona; posiblemente un fan con una cuenta bancaria abultada y con la necesidad imperiosa de coleccionar todo lo relacionado con su ídolo.

Pero la cosa no se queda ahí. Según The Conversation, en total se publicaron 34 variantes de The Life of a Showgirl: 16 de ellas en CD, las ya mencionadas 8 en vinilo y una edición en cassete, a las que se suman 7 ediciones en descarga digital también con ligeras alteraciones entre ellas. Y eso se publicó sólo durante la primera semana de vida del disco en las tiendas.

En total, el último álbum de Taylor Swift vendió 4 millones de copias durante su primera semana, de las que 1,3 millones respondieron a discos de vinilo. ¿Y por qué algunas personas compraron ocho versiones del mismo LP? Porque cada una de ellas incluía un poema único escrito por Swift de su puño y letra que, al combinarse, formaba todo el prólogo del álbum. No era sólo una cuestión de color, sino que estamos hablando de contenido exclusivo fragmentado.

En otras palabras: no hay 1,3 millones de nuevos amantes del vinilo, sino cientos de miles de fans comprando las ocho variantes para tener acceso a esa pieza exclusiva. Y, desde el punto de vista de alguien que reivindica el consumo de música en formato físico, esto no es coleccionismo sino FOMO como estrategia de venta. Anthony Fantano, uno de los críticos musicales más importantes de YouTube, lo definió así el pasado mes de enero:

Una vez que lanzas ocho versiones diferentes, ¿qué demanda del mercado estás satisfaciendo? ¿Estás dando a tus fans lo que quieren, o estás explotando un monopolio de nicho sobre gente que pagará por cualquier objeto con tu nombre?
Anthony Fantano, crítico musical en YouTube

Desde mi humilde punto de vista, a mí me parece más bien lo segundo.

La excepción que confirma la regla: Kendrick Lamar y Billie Eilish

Billie Eilish y Kendrick Lamar
Billie Eilish y Kendrick Lamar

En el mismo top cinco de vinilos más vendidos de 2025 aparece un nombre como la excepción y el contrapunto a todo lo que ha hecho Swift (y que también está asociado a ella y a su equipo creativo por motivos que ahora no vienen al caso): el rapero Kendrick Lamar y su disco GNX.

El que posiblemente sea el artista hip hop más importante de los últimos 15 años lanzó su álbum en una sola edición estándar y sin estrategias comerciales: una sola edición en vinilo negro, sin ventanas de tiempo limitadas, sin contenido fragmentado y sin variantes de colores. Lamar, que controla él mismo sus lanzamientos discográficos a través de su propio sello, vendió 272.000 copias y ocupa el tercer puesto de los cinco que más unidades colocan.

Otra cosa que hizo Lamar (y que dice mucho de su visión artística) es que él, a pesar de tener una base de fans muy dedicada, no vendió un objeto de colección, sino música. Y funcionó, y ese es el modelo que debería servir para alimentar el renacimiento del vinilo: un formato que presenta batalla frente al resto por su valor ritual frente a la competencia del streaming.

Por otro lado tenemos a Billie Eilish, quinta en ventas con 192.000 unidades, que ha intentado construir una alternativa ética usando, de nuevo, una estrategia deliberadamente opuesta a la de UMG con Swift: una sola edición de vinilo 100% reciclado para el color negro, materiales como BioVinyl (que reduce las emisiones derivadas de la fabricación de discos un 90%) para las ediciones de color y packaging sin precinto de plástico.

La artista criticó el modelo de variantes en 2024, asegurando que le parecía un derroche y una forma muy rastrera de sacarle dinero a los fans. Su madre y manager, Maggie Baird, ha propuesto regulación: máximo cuatro colores por álbum. Sin embargo, a pesar de las nobles intenciones de Eilish, lo realmente sostenible sería comprar discos de segunda mano; cada uno de ellos es uno menos de plástico virgen.

El daño colateral de las variantes: los artistas independientes

A pesar de que el vinilo está experimentando una especie de segunda juventud que matizaremos un poco más adelante, lo cierto es que el número de prensas para fabricarlo es limitado y hace tiempo que hay listas de espera para satisfacer toda la demanda. Las prensas, además, sirven primero los pedidos de los artistas más grandes, porque también es lo que más dinero les deja.

¿En qué se traduce esto? En que los artistas independientes que quieren editar sus trabajos en vinilo se enfrentan a retrasos que pueden durar demasiado tiempo. Desde la pandemia de la COVID-19, las listas de espera se dispararon exponencialmente, llegando a un máximo de entre 9 y 12 meses en 2022 según la web oficial de los premios Grammy. En 2018 el plazo era de entre 4 y 6 semanas.

En 2025 la cosa mejoró un poco, con plantas como Citizen Vinyl ofreciendo plazos de entre 5 y 6 meses (algunas plantas bajan hasta 3 meses), pero para alguien que depende de que su base de seguidores compre sus discos para poder plantearse siquiera empezar a trabajar en el siguiente (ya no digamos vivir), medio año de espera es un tiempo que no se pueden permitir. El cuello de botella es enorme.

Jack White, exguitarrista y vocalista de The White Stripes, propietario de Third Man Records y también de su propia planta de prensado en Nashville, lo explicó muy bien en marzo de 2022, cuando publicó una carta abierta a los tres grandes grupos discográficos (Sony, Universal y Warner) instándolas a construir sus propias fábricas:

Al menos una vez por semana, alguien me pide ayuda para acelerar la fabricación de sus vinilos... Los tiempos de espera actuales se acercan a los nueve meses de embarazo humano, lo que mata la energía, el alma, la expresión artística y, demasiado a menudo, los medios de subsistencia.
Jack White, músico y emprendedor discográfico

Esto no es un renacimiento, es una burbuja

FormatoIngresos 2025% del mercado total
Streaming9.500 millones de dólares55%
Vinilo1.042 millones de dólares9,1%
CD312 millones de dólares2,9%
Cassettes25,8 millones de dólares0,2%
Total mercado11.500 millones de dólares100%

Voy a ser muy claro aquí: esta "victoria" es totalmente irrelevante si miramos las cifras del informe de la RIAA en lo que a consumo de música respecta durante 2025. Para ponerlo en perspectiva, el streaming sigue siendo el rey con un 55% del total del mercado e ingresos por valor de 9.500 millones de dólares.

El segundo en relevancia es el vinilo, pero su presencia baja drásticamente comparada con servicios como Spotify: sólo un 9,1% del total y los 1.042,9 millones de dólares en ingresos que mencionamos antes. Y, aún así, la cifra sigue siendo muy respetable teniendo en cuenta el espacio que el streaming se come. Es aquí donde el argumento del regreso y la segunda juventud se cae por completo.

Los números de los CDs y los cassettes quedan en tercer y cuarto puesto a una distancia abismal del streaming y a mucha del vinilo, también con ingresos que resultan casi testimoniales cuando se los compara con lo que el LP de toda la vida está logrando: 312 millones de dólares y 25,8 millones de dólares en ingresos respectivamente. Su cuota de mercado es testimonial y casi residual en cada caso.

Es muy triste que se quiera vender esto como un renacimiento del vinilo o una victoria frente al streaming, cuando los precios de los LPs han subido exponencialmente en los últimos años y se han convertido en un nicho de lujo dentro de un mercado dominado por lo digital e intangible. Y, como ya hemos visto, este crecimiento (y también el aumento de precios del formato, no lo olvidemos) es el resultado de la especulación, no de una avalancha de nuevos oyentes.

Y mi experiencia personal no es una métrica oficial, pero por si sirve de algo conozco personas que compran discos y no los desprecintan. El artista es lo de menos, ellos lo llaman "inversión". Es una especie de Pokémon para adultos con más dinero que sentido común: no se compra música para escucharla, sino para poseer un objeto con la esperanza de que suba de valor. En el caso menos sangrante (aunque también me toca alguna fibra sensible), sólo para hacer una foto y subirla a redes sociales.

¿Y qué pasará cuando explote?

El hype desaparecerá, y sólo quedará el público fiel
El hype desaparecerá, y sólo quedará el público fiel

El vinilo lleva 19 años creciendo consecutivamente según datos de la industria, pero ese crecimiento se ha desacoplado de su función original. En 2006 el vinilo suponía un 0,2% del mercado (igual que ahora los cassettes); si lo comprabas era porque te gustaba el formato y, a su manera, hacerlo conllevaba una declaración de intenciones.

Hoy en día ese 9,1% del mercado responde a un consumo compulsivo y no a lo que, en teoría, debería llevarnos a comprar música: el simple placer de escucharla, de darle el valor y el espacio que merece a un producto cultural con, insisto, valor intrínseco. Y los números de Taylor Swift no pueden ser más claros: 1,6 millones de unidades entre cientos de miles de compradores. Creo que no hace falta seguir repitiendo el discurso.

¿Qué pasará cuando el romance se acabe, cuando la generación Z deje de ver el vinilo como un objeto de estatus del que hablar en Instagram y TikTok, cuando los fans de Swift envejezcan y vendan sus colecciones o cuando aparezca la próxima gallina de los huevos de oro? Tengo una teoría: nos quedaremos los de siempre.

Los de siempre somos los que compramos música para escucharla, los que tenemos un disco en tres formatos distintos porque, en algunos casos, es inevitable. Lo confieso: tengo el Bat Out of Hell de Meat Loaf y su segunda parte en los tres grandes formatos, y lo escucho en los tres. Sí, incluso tengo reproductores portátiles para escuchar cintas y CDs en la calle, además de DAPs para mi biblioteca digital particular. También uso el streaming, pero no Spotify. A fin de cuentas, soy un oyente con principios.

Lo que intento decir es que el vinilo es el que merece la pena por lo que supone: sacar la funda de la carpeta, el disco de la funda, ponerlo en el plato, bajar la aguja y... dejarse llevar. No puedo saltar canciones, no puedo poner una playlist. Se establece un contrato no verbal entre el formato y yo; él me va a contar una historia en canciones y yo voy a escucharla de pe a pa.

Y lo hago encantado porque me gusta la música, la valoro, la respeto y valoro y respeto a las personas que trabajaron con su tiempo, esfuerzo, técnica y dedicación en poner ese disco de plástico lleno de canciones fantásticas en mis manos. Eso es lo que debemos valorar, lo demás es plástico de lujo con fecha de caducidad.