

Complementos
Elegir gafas parece sencillo hasta que te pones delante del espejo. Es una de esas decisiones que, sobre el papel, tienen respuesta rápida —según la forma de tu cara—, pero que en la práctica generan muchas dudas. De hecho, una de las cuestiones que más se repiten es cuáles son las que más favorecen, como reconoce la propia diseñadora Blanca: “Es la pregunta que más he oído desde que digo que soy diseñadora de gafas”.
A partir de ahí, lo que suele aparecer es una especie de guía bastante clara: cada tipo de rostro tiene sus formas recomendadas. Pero ¿hasta qué punto funciona realmente?
Según la teoría más extendida, todo se basa en una idea sencilla: compensar. Es decir, buscar monturas que contrasten con la forma del rostro para equilibrar el conjunto. Como explica Blanca, “se basa mucho en geometría y en efectos visuales”.

En un rostro redondo, por ejemplo, se suelen recomendar gafas rectangulares o cuadradas. “Si tu cara es más redonda, una gafa más cuadrada o con más esquinas hará que tu cara se vea menos redonda”, aclara. En cambio, si la cara es más cuadrada, lo habitual es optar por formas redondeadas o aviador, que suavizan los ángulos.
Para los rostros triangulares, las monturas tipo aviador o las cat eye funcionan bien porque añaden peso visual en la parte superior, generando ese efecto de compensación. Y en el caso de los rostros alargados o rectangulares, se buscan diseños más anchos o con volumen en los laterales, que equilibran la longitud.
Los rostros en forma de corazón suelen admitir bastante variedad —desde gafas cuadradas hasta aviador—, mientras que el rostro ovalado se considera el más versátil. “A este tipo de rostro le quedan bien todas las formas de gafas”, asegura.
Aunque estas recomendaciones siguen vigentes, no siempre se traducen en un resultado que convenza. La propia diseñadora lo resume así: “esto es lo que dice la ciencia, la geometría o el marketing”. Funciona como punto de partida, pero no como una norma cerrada.
Más allá de la forma del rostro, entran en juego otros factores que cambian por completo cómo se ve una montura: el color de la piel, los ojos, las cejas, el pelo o incluso el estilo personal. Dos personas con la misma estructura facial pueden verse completamente distintas con las mismas gafas.
Frente a todas esas referencias, la recomendación es bastante más simple: probar. Ver qué encaja contigo, sin guías de por medio. Como ella misma apunta, “depende completamente de lo que a ti te guste y cómo tú te quieras ver”. Y con eso es suficiente.