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Para entender dónde empezó de verdad la historia de Goku en el mundo de las consolas, hay que viajar sí o sí hasta 1986. Fue entonces cuando aterrizó en la NES (Famicon en Japón) un título llamado Dragon Ball: Shenron no Nazo, y lo hizo a finales de noviembre. Unos meses antes, en septiembre de ese mismo año, vio la luz Dragon Ball: Dragon Daihikyou para la consola Super Cassette Vision. No obstante, nos vamos a centrar en el de NES.
Lo que hacía que este juego fuera tan diferente de lo habitual en aquella época era su ambición a la hora de mezclar géneros. El título no se conformaba con ser una sola cosa, sino que te obligaba a cambiar de chip constantemente: a veces explorabas el mapa con una vista aérea y, poco después, estabas en un combate en un escenario de plataformas de scroll lateral. Está claro que el hardware de los 80 tenía sus límites, pero en este juego se las apañaron realmente bien.
A nivel de historia, el juego no perdía el tiempo con rodeos: te soltaba directamente en el monte Paozu, justo cuando Goku y Bulma cruzan sus caminos por primera vez. A partir de ese momento, el guion nos llevaba de la mano en la búsqueda de las bolas de dragón, pero con giros propios. Podías acabar metido en una versión alternativa de la Torre Músculo, una de las sedes del ejército de la Red Ribbon, o incluso viajando a la Luna.
En cuanto a la jugabilidad, los combates tenían cierto toque arcade que se complementaba realmente bien con las zonas de plataformas. Pero lo que de verdad le daba vida al cartucho era cómo usaron las bolas de dragón. Al reunir las esferas, podías elegir entre varios deseos. Esto invitaba a jugarlo una vez más.
El broche de oro, como no podía ser de otra forma, lo ponía el Gran Torno de las Artes Marciales. Te daba la oportunidad de medirte contra un montón de personajes conocidos, mezclando amigos y enemigos de diferentes etapas. Sin duda, es un juego que merece la pena probar, pero como es muy difícil conseguirlo a estas alturas, siempre puedes emularlo. Por último, decir que este juego de Bandai sí que llegó a España, pero lo hizo en 1993.