Inteligencia Artificial

El boom de la inteligencia artificial abre un nuevo frente ambiental

La expansión de la IA ya genera emisiones y consumo de agua comparables a los de una gran ciudad

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Las «cleantech» son aquellas tecnologías que contribuyen a la sostenibilidad y al cuidado del medioambiente

La inteligencia artificial ya no es solo una cuestión digital. El despliegue de modelos cada vez más grandes y la expansión de los centros de datos están empezando a tener un impacto ambiental medible, con cifras comparables a las de grandes núcleos urbanos.

Un estudio publicado en la revista científica Patterns estima que las emisiones de CO₂ asociadas al uso de la inteligencia artificial en 2025 podrían alcanzar los 80 millones de toneladas, una huella similar a la de una ciudad como Nueva York y equivalente a más del 8% de las emisiones globales de la aviación. Es uno de los primeros trabajos que intenta aislar el impacto específico de la IA, más allá del consumo general de los centros de datos.

El análisis ha sido elaborado por el investigador neerlandés Alex de Vries-Gao, fundador de Digiconomist, a partir de datos de consumo energético facilitados por las propias compañías tecnológicas. Según el autor,el auge de herramientas como ChatGPT o Gemini ha disparado la demanda de potencia de cálculo hasta niveles que dejan de ser residuales dentro del sistema energético global.

Energía y agua: la otra cara del crecimiento

Pero las emisiones no son el único problema. El estudio también estima que el consumo de agua vinculado a la inteligencia artificialpodría alcanzar los 765.000 millones de litros anuales, una cifra superior a la demanda global de agua embotellada. Es la primera vez que se cuantifica de forma específica el uso de agua asociado a la IA y muestra que supera con creces estimaciones anteriores sobre el consumo total de los centros de datos.

La Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que los grandes centros de datos dedicados a la IA yaconsumen tanta electricidad como industrias altamente intensivas, como las fundiciones de aluminio, y prevé que la demanda eléctrica se duplique antes de 2030. Estados Unidos concentra cerca del 45% de ese consumo, seguido de China y Europa.

En países como India, donde se están invirtiendo decenas de miles de millones de dólares en nuevas infraestructuras digitales, los expertos alertan de un posible aumento del uso de generadores diésel como sistema de respaldo ante la inestabilidad de la red eléctrica, lo que podría agravar aún más lahuella de carbono del sector.

La pregunta es quién acaba asumiendo ese coste ambiental. Mientras las grandes tecnológicas capitalizan el nuevo ciclo de innovación, el impacto energético y climático recae sobre infraestructuras públicas y recursos compartidos.

Organizaciones de defensa de los derechos digitales y del medio ambiente reclaman mayor transparencia en las métricas ambientales de las empresas tecnológicas. De Vries-Gao subraya que los informes de sostenibilidad actuales no permiten evaluar con precisión el impacto real de la IA, ya que a menudo excluyen elementos clave como el consumo de agua necesario para generar la electricidad que alimenta los sistemas.

Algunas compañías, como Google, reconocen que cumplir sus objetivos climáticos se ha vuelto más complejo a medida que crece la demanda asociada a la inteligencia artificial. La dificultad para desplegar energías libres de carbono a la velocidad que exige el sector empieza a poner en cuestión el relato deeficiencia que ha acompañado a la IA.

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