Ciencia

La Antártida pierde hielo equivalente a 20 veces el tamaño de Madrid en solo 30 años

Un equipo internacional de investigadores pone a prueba la fiabilidad de los modelos climáticos actuales

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Glaciar de Pine Island

Entender qué está pasando realmente con los glaciares antárticos ha sido, durante mucho tiempo, un rompecabezas lleno de piezas que no terminaban de encajar. Por suerte, un grupo de científicos de la Universidad de California en Irvine ha logrado marcar un antes y un después. Han recopilado nada menos que treinta años de datos sobre la "línea de contacto", que es ese punto crítico donde el hielo deja de tocar el suelo y empieza a flotar, creando un registro histórico que se convierte en el examen que todo modelo climático deberá aprobar a partir de ahora si quiere ser tomado en serio.

Como bien apunta Eric Rignot, el líder del estudio, ya no sirve de mucho lanzar predicciones al aire si no pueden explicar lo que ya ha ocurrido. Si un modelo no es capaz de replicar esos treinta años de historia real, simplemente no es válido. Ese es el verdadero valor de este trabajo: obligar a los investigadores a volver a la mesa de trabajo, a revisar sus cálculos y a entender qué piezas físicas les faltaban para que las proyecciones del aumento del nivel del mar sean, por fin, fiables.

Un futuro marcado por el nivel del mar

Glaciar Thwaites
Glaciar Thwaites

Lo más interesante es que este estudio también pone orden en el caos de datos contradictorios que rodeaban a la Antártida oriental. Resulta que, contra todo pronóstico, el 77 % de la costa se ha mantenido bastante estable. Es una buena noticia, sin duda, pero el estudio no se queda solo en la superficie; tiene la precisión suficiente para señalar exactamente dónde las cosas sí se están desmoronando, marcando esos puntos calientes donde el retroceso del hielo es ya una realidad imparable que está alterando la forma del continente.

El análisis detallado de ciertos glaciares emblemáticos deja ver la magnitud de este retroceso con datos que no dejan lugar a dudas sobre la gravedad de la situación. Glaciares masivos como el Pine Island han experimentado un retroceso de 33 kilómetros, mientras que el glaciar Thwaites, fundamental para la estabilidad de la región, ha cedido 26 kilómetros. Sin embargo, el caso más extremo registrado en este estudio es el del glaciar Smith, que ha retrocedido 42 kilómetros. Estas cifras no son meras estadísticas, sino evidencias de un ecosistema que se está fracturando ante el aumento de la temperatura del océano.

Aunque la Antártida sea un lugar inhóspito, es el hogar de algunos animales
Aunque la Antártida sea un lugar inhóspito, es el hogar de algunos animales

La explicación detrás de todo esto reside en una dinámica de retroalimentación oceánica y atmosférica donde los vientos juegan un papel determinante. Según las observaciones del investigador Eric Rignot, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el problema principal radica en cómo las corrientes de agua cálida son empujadas por los vientos hacia las bases de los glaciares, erosionando su estructura desde abajo. Esta analogía del globo que no se desinfla de forma pareja, sino que sufre daños profundos en puntos específicos donde la presión es mayor, permite entender por qué ciertas áreas están colapsando mientras otras parecen mantenerse estables. La Antártida, lejos de ser un bloque uniforme, está siendo atacada por una serie de incisiones profundas que amenazan con transformar de forma irreversible la configuración del continente y, por consiguiente, el nivel del mar a escala global.

Ahora bien, no caigamos en el error de respirar tranquilos demasiado pronto. Aunque a estas alturas debamos sentirnos afortunados de que no todo el continente esté reaccionando al mismo tiempo, el equipo advierte que no podemos bajar la guardia. Esto no es el final, sino más bien una señal de alerta sobre lo que podría pasar después. Al final, este registro de tres décadas no solo nos cuenta una historia sobre el pasado, sino que nos da indicios de a qué nos enfrentamos, con algo más de rigor.