

Ciencia
Durante mucho tiempo, la ciencia ha sospechado que, cuando hay una tormenta, los árboles no son simples espectadores, sino que esconden un secreto. Y ahora, por fin, lo hemos visto. Un grupo de meteorólogos ha conseguido captar por primera vez los destellos invisibles de luz ultravioleta que emiten las hojas de los árboles cuando hay tormenta. A este fenómeno lo llaman efecto "corona". Hasta hace poco, este extraño resplandor solo se había recreado en laboratorios o intuido por lecturas en los campos eléctricos del bosque, pero nadie lo había pillado nunca en vídeo en plena naturaleza.
Para saber cómo funciona exactamente, hay que pensar en las tormentas como enormes estructuras de turbulencia eléctrica. Dentro de esos nubarrones gigantes, las partículas de hielo y polvo se mueven a lo loco, actuando como si fueran una batería colosal. Cuando la tensión es insoportable, la energía se libera de forma explosiva en forma de rayos. Pero el intercambio de energía entre el cielo y la tierra no siempre hace tanto ruido. A veces, la carga eléctrica decide "trepar" silenciosamente por el árbol más cercano. Como la madera y las ramas están llenas de humedad, le sirven de autopista. El problema llega cuando esa electricidad alcanza las hojas y se topa con el aire exterior, que actúa como aislante y no la deja pasar. Al quedarse ahí, en las puntas, la energía empieza a irradiar esa débil luz ultravioleta.

Ahora bien, una cosa es la teoría y otra muy distinta, demostrarlo. Patrick McFarland, un meteorólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, lo tenía claro: si querían que la gente se lo creyera, había que salir a cazar tormentas. Pero antes, hicieron una prueba de fuego. Metieron pequeños abetos y arces en el laboratorio, los pusieron bajo placas de metal electrificadas para simular nubes y apagaron la luz. Ahí estaba: un tenue resplandor azul bañaba las hojas. Con esa confirmación, llegó el momento de salir a la carretera. Usaron una furgoneta a modo de estación meteorológica. Llevaron detectores de campos eléctricos, láseres y hasta un periscopio en el techo conectado a una cámara ultravioleta especial.
En medio del viento y la lluvia de Carolina del Norte, lograron grabar las copas de unos liquidámbares y pinos taeda. Al principio, la grabación no parecía gran cosa, pero los sensores contaron otra historia: detectaron 41 ráfagas de luz ultravioleta por las ramas. Eran destellos rápidos, de apenas unas décimas de segundo a tres segundos, que saltaban de hoja en hoja de forma totalmente esporádica. Como dice el propio McFarland, si tuviéramos una visión especial capaz de ver ese tipo de luz, los bosques bajo una tormenta nos parecerían un espectáculo mágico. Literalmente, veríamos miles de luciérnagas parpadeando a la vez en las copas de los árboles.

Más allá de lo bonito que suena, este descubrimiento abre muchos interrogantes. Ahora mismo no sabemos qué efecto tiene realmente esta exposición eléctrica en los árboles del planeta. Los investigadores sospechan que estas "coronas" podrían estar alterando la forma en que los bosques filtran ciertos químicos del aire, o incluso dañando lentamente las ramas más altas por la sobrecarga constante.