Ciencia

Los bebés ya nacen contaminados: un estudio detecta 42 químicos en su interior antes del parto

La ciencia alerta sobre la presencia masiva de compuestos industriales en la sangre del cordón umbilical de los recién nacidos

Errol Musk en el podcast Wide Awake
En este estudio analizaron muestras de sangre de los cordones umbilicales de 120 recién nacidos

Resulta escalofriante pensarlo, pero incluso antes de nacer, los bebés ya están expuestos a una cantidad enorme de sustancias tóxicas. De hecho, una investigación reciente nos advierte que los niveles de ciertas sustancias a los que están expuestos los fetos son mucho más altos de lo que pensábamos. Hablamos de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, para abreviar). Llevamos décadas usándolas en la industria, por lo que han terminado colándose en nuestro entorno y, al final, en nuestro propio cuerpo. 

Hasta hace poco, la ciencia daba por sentado que existía un patrón claro en todo esto. Se pensaba que el primer bebé se llevaba la peor parte, y que su placenta acumulaba más PFAS que la de los hermanos que venían después. Un grupo de investigadores de Estados Unidos y Canadá quiso tirar de este hilo y profundizar en el asunto. Para lograrlo, analizaron muestras de sangre de los cordones umbilicales de 120 recién nacidos (tomadas entre 2003 y 2006) para ver exactamente qué había ahí. Al principio, los datos parecían darles la razón y confirmar ese "efecto del primogénito". Pero la sorpresa llegó cuando decidieron ir más allá: al cambiar la técnica para detectar más variedad de estos químicos, esa diferencia entre el primer hijo y los siguientes simplemente se esfumó.

Una tecnología capaz de ver lo que antes era invisible

Los objetivos de este estudio fueron proporcionar una imagen más completa de la exposición a PFAS
Los objetivos de este estudio fueron proporcionar una imagen más completa de la exposición a PFAS

¿Qué cambió exactamente? Lo que hicieron es usar una tecnología de escaneo mucho más moderna. En lugar de buscar químicos ya conocidos, dejaron que la máquina rastreara una gama mucho más amplia de compuestos en la sangre. Y vaya si los encontraron. Pasaron de detectar apenas 8 tipos de PFAS con el método tradicional, a identificar nada menos que 42. Tal y como explica Shelley Liu, bioestadística de Mount Sinai y coautora del estudio, el truco está en cómo medimos. Cuando los científicos miran con más atención y mejores herramientas, se hace evidente que la exposición de los bebés antes de nacer es mucho mayor y más compleja de lo que pintaban los estudios anteriores.

Llegados a este punto, es muy probable que hayamos estado subestimando el problema todo este tiempo. Los PFAS están literalmente en todas partes. Para colmo, la dinámica de la industria sería algo así como la pescadilla que se muerde la cola. Cuando por fin se prohíbe un químico peligroso, a menudo lo sustituyen por otro parecido del que apenas sabemos nada. Aunque este estudio, que acaba de publicarse en la revista Environmental Science & Technology, no se centró en medir los problemas médicos en los niños, lo que ya sabemos por otras investigaciones no pinta bien. Estas sustancias se han relacionado con fallos renales, mayor riesgo de padecer cáncer, problemas en el crecimiento del feto e incluso cambios en el desarrollo del cerebro infantil.

Los científicos responsables del hallazgo ya definieron su siguiente objetivo: exprimir al máximo esta técnica de análisis para determinar el grado de exposición y, sobre todo, sus efectos a largo plazo. La meta de fondo no es otra que adelantarnos al problema, identificar estos riesgos a tiempo y proteger la salud de los más pequeños cuando son más vulnerables, durante los nueve meses de embarazo.