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Por sorprendente que parezca, Netflix se ha hecho un nombre por cancelar numerosas series justo cuando empezaban a consolidarse, pero pocas decisiones resultan tan desconcertantes como la que se vio en Sombra y hueso. Precisamente, esta no era una serie con dificultades que se alimentaba solo con la expectación del público. En realidad, se trataba de una fantasía visualmente impactante que se centraba en unos personajes con cierto potencial de desarrollo.
Basada en las novelas de Leigh Bardugo, el estreno de Sombra y hueso tuvo a su favor un público interesado en la adaptación de Netflix. Por un lado, los lectores de los libros se mostraron optimistas por lo que estaba por llegar, mientras que los recién llegados se sintieron atraídos. Por otro, la crítica también elogió su ambición. Sin embargo, a pesar de todo ese potencial, Netflix logró frustrar su propio éxito y luego usó las consecuencias de la decisión como justificación para cancelar la serie.
Desde el principio, Sombra y hueso logró algo con lo que la mayoría de las adaptaciones de fantasía tienen dificultades: conseguir un reparto perfecto. Los actores no solo se parecían a los personajes literarios que adaptaban, sino que suponían la mejor opción posible para interpretarlos. Por ese motivo, las actuaciones fueron consideradas uno de sus puntos fuertes.
La primera temporada también se benefició de una dirección clara. Es cierto que la construcción del mundo podía resultar densa en ciertos momentos, pero nunca llegó a ser abrumadora. Lo que sí estaba en juego era el hecho de comprender la intriga política que una serie de estas características necesita desarrollar. Por eso, Netflix había sentado las bases para un éxito de fantasía que podría haberse extendido unas cuantas temporadas.
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Además, la serie respetó el material original sin verse limitada por él. Sí, puede que se produjeran cambios, pero fueron valiosos y no llegaron a reemplazar nada realmente importante. Este enfoque fue vital porque ayudó a mantener a los espectadores enganchados, a la vez que permitió que la serie se mantuviera firme por sí sola. Es decir, fue capaz de seguir su propio camino.
El problema comenzó cuando la segunda temporada se alejó aún más de la estructura de la saga literaria. Se cambiaron las tramas, se modificaron las motivaciones de los personajes y los atajos narrativos reemplazaron la meticulosa construcción que hizo que la primera temporada se sintiera tan especial. En consecuencia, la audiencia bajó, no porque el concepto fallara, sino porque la ejecución de la propuesta no fue la ideal. En lugar de corregir el rumbo, Netflix pareció interpretar el declive como una prueba de que la serie había alcanzado su mejor momento, ignorando su verdadero potencial.