

samsung
Samsung lleva años en una posición incómoda con su línea Plus. El modelo estándar le queda cerca por abajo; el Ultra, por arriba. Y en medio, un teléfono que tiene que justificar por qué merece existir cuando por 200 euros más te llevas lo mejor de la casa y por 250 menos te ahorras un pellizco sin perder tanto. Con el Galaxy S26+, vendido en España desde el 11 de marzo por 1.249 euros en su versión de 256 GB, Samsung intenta de nuevo resolver esa ecuación.
Pero este año hay una variable nueva. O más bien, una variable vieja con cara lavada: el Exynos 2600, el primer chip de dos nanómetros que llega a un móvil comercial. Después de años de críticas por el rendimiento inferior de sus procesadores propios frente a los Snapdragon que monta en Estados Unidos, Samsung ha apostado fuerte. La promesa es que el salto a los 2 nm ha cerrado la brecha. ¿Le ha salido bien?
Lo he usado durante diez días como mi teléfono principal. He hecho fotos en interiores, en exteriores y con poca luz. He jugado sesiones largas de Diablo Immortal hasta notar el calor en la mano. He respondido correos, grabado notas de voz, navegado por redes sociales y configurado todas las funciones de inteligencia artificial que Samsung ha metido en One UI 8.5.
Después de esos diez días, la impresión en general es positiva, pero tiene algún que otro problema. El S26+ hace muchas cosas bien: la pantalla es sobresaliente, el procesador ha dado un salto real y la autonomía cumple sin drama. Pero Samsung sigue pidiendo 1.249 euros por un teléfono que recicla las cámaras del año pasado, carga a 45 W cuando otros fabricantes ya duplican esa velocidad y queda atrapado entre dos hermanos que le roban protagonismo por arriba y por abajo. Este es mi veredicto.
El Galaxy S26+ parte de 1.249 euros por los 256 GB y sube a 1.449 por los 512 GB, ambos con 12 GB de RAM. Samsung ha eliminado la opción de 128 GB que existía en el S25+, lo que en la práctica supone una subida del precio de entrada para quien no necesita tanto almacenamiento.
Frente al S26 estándar, que arranca en 999 euros con pantalla de 6,3 pulgadas, el Plus pide 250 euros más a cambio de una pantalla mayor, batería más grande y carga más rápida. Y frente al S26 Ultra, que parte de 1.449 euros con zoom 5x y carga a 60 W, el Plus se queda a solo 200 euros de distancia sin poder igualar sus prestaciones.

* Precio a fecha de publicación del artículo. Puede variar sin previo aviso.
Si miramos atrás, la tendencia es clara. El Galaxy S25+ se lanzó en España por 1.199 euros en su versión de 256 GB. Samsung ha subido el precio 50 euros de una generación a otra sin que las cámaras o la carga rápida hayan cambiado. Ahora tienes más potencia, un procesador mejor y aumentos significativos en algunos campos, pero para muchos quizás se queda algo corto en novedades. No es un caso aislado: el mercado de teléfonos de más de mil euros se ha endurecido y los precios están a la alza en un mundo dominado por la IA en el que esta exige cada vez más financiación y componentes en detrimento de las tecnologías de toda la vida.
Antes de entrar en valoraciones, las cifras que definen este teléfono sobre el papel.
| Especificación | Dato |
|---|---|
| Pantalla | 6,7" Dynamic AMOLED 2X, QHD+, 120 Hz adaptativo, 2.600 nits |
| Procesador | Exynos 2600 (Europa) / Snapdragon 8 Elite Gen 5 (EE UU) |
| RAM | 12 GB |
| Almacenamiento | 256 GB / 512 GB |
| Cámara trasera | 50 MP + 12 MP ultra gran angular + 10 MP teleobjetivo (3x) |
| Cámara delantera | 12 MP |
| Batería | 4.900 mAh |
| Carga | 45 W por cable / 20 W inalámbrica Qi2.2 |
| Sistema operativo | Android 16, One UI 8.5 |
| Conectividad | 5G, WiFi 7, Bluetooth 5.4, NFC, USB-C |
| Resistencia | IP68 |

Samsung no ha reinventado nada aquí, y a estas alturas tampoco lo esperaba nadie. El S26+ mantiene la línea depurada de su predecesor, con marco de aluminio, trasera de cristal Gorilla Armor 2 y un grosor contenido que facilita el agarre. En mano se siente sólido sin resultar pesado, algo que no siempre consiguen los teléfonos de pantalla grande. Las esquinas redondeadas encajan bien en el bolsillo del pantalón, aunque sigue siendo un móvil difícil de manejar con una sola mano si tienes manos pequeñas.
Las diferencias con el S25+ son mínimas. Samsung ha reducido los biseles de la pantalla un milímetro y ha suavizado las esquinas del marco. Si pones ambos teléfonos uno al lado del otro, cuesta distinguirlos. Eso no es un defecto —el diseño del S25+ ya estaba maduro—, pero tampoco es un argumento de venta para quien se esté planteando actualizar desde la generación anterior.
Hay cuatro colores disponibles en España: azul cielo, blanco, negro y violeta cobalto y dos más exclusivos de la tienda de Samsung, los oro rosa y gris plata. El azul cielo es el que mejor disimula las huellas dactilares, y no es un detalle menor. En el acabado negro, las marcas aparecen a los treinta segundos de sacarlo de la caja. Si eres de los que llevan el móvil sin funda , prepárate para limpiar la parte trasera cada pocas horas. En el acabado plata la cosa mejora, pero no desaparece del todo. En general, en todos se nota. En nuestro caso hemos probado el violeta cobalto y la verdad es que es precioso.

Tras diez días de uso, ni un arañazo en la pantalla ni en la trasera. El Gorilla Armor 2 ha demostrado buena resistencia al roce con llaves y monedas dentro del bolsillo, aunque habrá que esperar unos meses para confirmar su durabilidad a largo plazo. El certificado IP68 garantiza resistencia al agua y al polvo, algo que a estas alturas es un mínimo exigible en cualquier teléfono que supere los mil euros.
La botonera lateral queda a buena altura y el lector de huellas bajo pantalla responde rápido, incluso con el dedo húmedo. Lo desbloqueé tras lavarme las manos y reconoció la huella al primer intento. El motor háptico transmite una vibración precisa y contenida, mejor que la del S25+ y entre las mejores del mercado Android. Samsung ha afinado la respuesta táctil y se nota en cada pulsación. A mí me gusta mucho, siempre será mi forma favorita de desbloqueo frente a otras como la facial.

La pantalla del S26+ es lo que más va a gustar a quien lo compre. El panel Dynamic AMOLED 2X de 6,7 pulgadas a resolución QHD+ funciona de maravilla en cualquier condición de luz. Los 2.600 nits de brillo pico hacen que usar el móvil a plena luz del sol deje de ser un ejercicio de entrecerrar los ojos y ladear la cabeza. El color es preciso, los negros son absolutos y la tasa de refresco adaptativa de 120 Hz se mueve sin tirones ni cortes visibles, da igual que estés leyendo un artículo o desplazando el feed de Instagram.
Frente al S26 estándar, que se queda en Full HD+, la diferencia se aprecia en texto pequeño y en fotografías. Al ampliar una imagen o leer un artículo con letra reducida, los píxeles del QHD+ desaparecen donde los del Full HD+ empiezan a asomar. ¿Merece 250 euros esa diferencia? Si pasas mucho tiempo leyendo o editando fotos en el móvil, sí. Si tu uso se limita a redes sociales y vídeo, la mejora es menos perceptible.
Los 2.600 nits no son el techo del mercado —hay paneles que llegan a 3.300—, pero la calibración de color me parece más natural que la de la mayoría de sus rivales. Donde otros saturan rojos y naranjas para impresionar en la tienda, Samsung ha apostado por un perfil más contenido que se acerca a lo que ven los ojos sin filtros. En HDR10+, el panel muestra un rango dinámico muy amplio: las sombras conservan detalle sin que las luces altas se quemen, algo que se agradece al ver series en Netflix o contenido HDR en YouTube.

Los altavoces estéreo cumplen para ver un vídeo o escuchar un podcast, aunque no pasan de correctos en volumen y graves. No son los mejores que he escuchado en un teléfono, pero están lejos de ser malos. Samsung sí ha mejorado la calidad de llamada respecto al S25+: la voz del interlocutor se escucha clara y sin distorsión incluso con el altavoz a volumen alto, y el micrófono con cancelación de ruido filtra bien el sonido ambiente. Para llamadas y videollamadas, el salto es notable.
El Exynos 2600 es el elefante en la habitación de cualquier Samsung vendido en Europa. Cada año, la misma pregunta: ¿se nota la diferencia con el Snapdragon que montan en Estados Unidos? Y cada año, Samsung responde que no, que su chip es igual de bueno. Hasta ahora, eso no era del todo verdad. Con el salto a 2 nm, la cosa cambia.
Los números hablan claro. En las pruebas publicadas por Geekbench 6, el Exynos 2600 marca unos 3.100 puntos en un solo núcleo y supera los 10.400 en multinúcleo. El Snapdragon 8 Elite Gen 5 le saca ventaja en el primer test —hasta un 18 % más en tareas de un solo hilo—, pero el Exynos gana en multinúcleo por un 5 % gracias a su configuración de diez núcleos frente a los ocho del Snapdragon. ¿Qué significa esto fuera de los benchmarks? Que abrir aplicaciones, saltar entre redes sociales y responder mensajes se siente igual de rápido en ambos procesadores. La diferencia es invisible en el día a día para la inmensa mayoría de usuarios.
Donde sí hay diferencia a favor del Exynos es en la GPU. La Xclipse 960, basada en arquitectura RDNA4 de AMD, planta cara a la Adreno del Snapdragon y todo apunta a que muy notablemente.
Lo que más se nota en el día a día es la mejora en el procesamiento neuronal. La NPU del Exynos 2600 es un 36 % más potente que la del S25+, y eso se traduce en funciones de IA más rápidas: las sugerencias aparecen al instante, la edición de fotos con Photo Assist tarda dos o tres segundos donde antes tardaba cinco, y el reconocimiento de voz funciona en local sin necesidad de conexión a internet. Para quien use las funciones de IA a diario, el salto es real. De verdad, Samsung hace auténtica brujería en materia de IA y el resto de marcas están a años luz de conseguir que su edición fotográfica sea tan buena.
El Exynos 2600 es, sin discusión, el mejor Exynos que Samsung ha fabricado. Ha cerrado la brecha en multinúcleo e incluso ha adelantado al Snapdragon en GPU. Pero mientras exista una versión con procesador ajeno que le gana en CPU, el debate seguirá abierto.

Aquí viene una de las pegas que más va a chirriar a los amantes de la fotografía. El S26+ monta el mismo hardware fotográfico que el S25+: sensor principal de 50 MP (Samsung ISOCELL GN3), ultra gran angular de 12 MP y teleobjetivo de 10 MP con zoom óptico 3x. Samsung no ha cambiado ni un componente. Las mejoras, según la compañía, vienen del procesado gracias al nuevo ISP del Exynos 2600. Es un discurso que ya hemos escuchado antes y que os debo confesar que sí que oculta verdades en su interior. La foto es mejor aunque monte las mismas cámaras, aunque como amante de estas cositas, echo en falta algo nuevo y vibrante para un teléfono de esta categoría.
El sistema VPS (Visual Perception System) analiza la escena antes de disparar y aplica correcciones de ruido, color y rango dinámico fotograma a fotograma. Con buena luz, las fotos son excelentes: colores fieles, detalle nítido y un rango dinámico amplio que conserva información tanto en sombras como en luces altas.
En interiores con luz mixta —fluorescente y natural combinados—, el S26+ resuelve mejor que su predecesor. El ruido en sombras se reduce sin perder textura, algo que en el S25+ era un problema evidente cuando la iluminación no acompañaba. He sacado fotos en un restaurante iluminado con velas y la diferencia con mi antiguo S25+ es clara: menos grano, blancos más limpios y un balance de color que no tira ni a amarillo ni a magenta. El modo noche también mejora, con exposiciones más cortas que reducen el riesgo de trepidación al disparar a pulso. Y a mi me tiembla mucho la mano, la verdad.
¿El problema? El zoom. Con solo 3x óptico, cualquier ampliación por encima recurre al recorte digital, y ahí la pérdida de detalle es evidente pero sigue rindiendo bien. El S26 Ultra ofrece 5x óptico real, y por 200 euros más la diferencia en versatilidad fotográfica es enorme. Samsung lleva dos generaciones con el mismo sensor de 10 MP para el zoom del Plus y no da señales de cambiarlo. Por 1.249 euros, echar en falta un teleobjetivo mejor es legítimo. Eso sí, el zoom digital funciona muy bien como podéis ver en la siguiente imagen:

La función Photo Assist, un sistema de edición de imagen por comandos de texto, funciona para corregir detalles puntuales: borrar un objeto del fondo, cambiar el cielo, ajustar la iluminación de un rostro. El resultado es convincente en fotos sencillas, en escenas con muchos elementos puede dejar artefactos visibles, pero a mí me sigue pareciendo brujería. Es útil como herramienta de retoque rápido; como sustituto de un editor de escritorio, obviamente no, pero está democratizando algunas cosas que solo aquellos con conocimientos podían llevar a cabo. Y también para los que somos un poco vagos y no vamos a ponernos a sacar alguna app de edición en el portátil para quitar a una única persona del fondo.
En vídeo, el S26+ graba en 4K a 60 fps con estabilización óptica y electrónica combinada. La estabilización funciona bien caminando, aunque si corres se nota el recorte del campo de visión que aplica el software para compensar el movimiento. El audio capturado por los micrófonos es limpio y rechaza bien el ruido de fondo, un punto que Samsung ha mejorado respecto a la generación anterior. La cámara frontal de 12 MP cumple para videollamadas y selfis, sin más: no esperes un salto respecto al S25+, porque no lo hay.
La batería de 4.900 mAh rinde bien. En mis pruebas, con uso mixto entre WiFi y datos móviles, el S26+ aguantó un día completo sin apuros y llegó a la noche con un 20-25 % de carga. Con uso más intensivo —cámara, navegación GPS, vídeo en streaming—, hay que enchufarlo antes de acostarse, pero no antes de cenar. En ningún momento me quedé tirado a mitad de la tarde, algo que no puedo decir los teléfonos que he probado estos años ni de mi teléfono personal.
La autonomía en navegación web alcanza las 18 horas y en juegos 3D roza las 10. Son números decentes para un teléfono con pantalla QHD+ y tasa de refresco de 120 Hz. No lidera la tabla de autonomía, hay baterías de 6.000 mAh en el mercado que estiran más la jornada, pero el S26+ llega al final del día sin agobios en la gran mayoría de escenarios. ¿Qué pasará dentro de un año cuando la batería se degrade? Ahí entra en juego un factor importante y es que echo de menos que Samsung innove en este campo. Cada vez hay más teléfonos ofreciendo mayores capacidades y nuevas concepciones tecnológicas para intentar paliar uno de los puntos débiles de los teléfonos de alta gama, como es la autonomía.

La carga rápida es uno de los puntos más flojos del S26+. Con sus 45 W, necesita algo menos de una hora ir de 0 a 100 %. Es un resultado discreto para los estándares de 2026, donde hay teléfonos que tardan menos de 45 minutos en llenarse por completo. Si necesitas una carga de emergencia de 20 minutos antes de salir de casa, el S26+ te da un 35 %. No es moco de pavo lo que pierdes frente a quienes ofrecen velocidades de 80 o 100 W.
One UI 8.5 incluye un nuevo gestor de salud de batería que permite limitar la carga al 80 % para prolongar su vida útil. Es una función que otros fabricantes ya ofrecían y que Samsung ha tardado en incorporar, pero funciona bien: tras activarla, la degradación de la batería debería ser mínima a los dos años de uso. Para quien piense quedarse el S26+ los siete años que cubren las actualizaciones, es un añadido que marca la diferencia a largo plazo. Pero claro, estás perdiendo ni más ni menos que un 20% de autonomía en un teléfono al que esta no le sobra en absoluto.
One UI 8.5 sobre Android 16 es, por lo que he visto estas semanas, una interfaz rápida y fluida sin sorpresas desagradables. Samsung ha afinado las animaciones, más suaves y con mejor timing, el panel de ajustes rápidos se personaliza mejor y el sistema de notificaciones hereda las mejoras de Android 16, que agrupa los avisos por categoría y permite silenciar conversaciones concretas sin afectar al resto. La integración con los servicios de Google es completa: no hay duplicidades innecesarias entre aplicaciones de Samsung y de Google, salvo las que ya conocemos (Samsung Internet convive con Chrome, Samsung Notes con Google Keep).
El bloatware sigue ahí. Aplicaciones de Meta, Microsoft, Spotify, Samsung (SmartThings, Samsung Health, Bixby, Samsung Free) y Netflix vienen preinstaladas y ocupan espacio desde el primer encendido. Se pueden desinstalar, por lo que es un mal menor para un SO que por lo demás a mí me parece que funciona genial. En un teléfono que ya no ofrece la opción de 128 GB, Samsung se ha asegurado de que te sobre espacio para su bloatware. Ojo con eso.
Más anecdótico resulta Estudio Creativo, que genera imágenes a partir de bocetos o texto. Es divertido para crear stickers y fondos de pantalla personalizados, pero su utilidad para las tareas cotidianas es limitada. Lo probé para generar una ilustración a partir de un garabato y el resultado fue simpático, nada más. No es comparable con las herramientas de generación de imagen que ya existen en el mercado, y tampoco pretende serlo: es un juguete, no un estudio de diseño. Hoy en día todas las marcas tienen algo parecido y a mí me resulta algo innecesario pero que tampoco molesta.
Lo que sí tiene peso a largo plazo son los siete años de actualizaciones de sistema operativo y de seguridad que Samsung garantiza. Eso significa que el S26+ recibirá Android 23 y parches de seguridad mensuales hasta 2033. En un teléfono de 1.249 euros, debería ser el mínimo; y aun así, pocos fabricantes igualan esa cifra. Para quien no quiera cambiar de móvil cada dos años, es un argumento real de compra. Bravo por Samsung un año más por este detalle tan bueno.
Samsung Knox, el sistema de seguridad de la compañía, sigue siendo uno de los más completos dentro de Android. Incluye carpeta segura cifrada, protección contra malware integrada en el propio hardware y aislamiento de datos corporativos para usuarios de empresa. Para quienes manejen información sensible en el móvil, es un punto a favor claro. No es una función nueva, pero Samsung la mantiene actualizada y funcional, y eso tiene mérito en un mercado donde muchos fabricantes abandonan las funciones de seguridad tras el primer año.
Con un precio de 1.249 euros, el S26+ juega en un segmento muy disputado. Merece la pena poner las cartas sobre la mesa antes de tomar una decisión, pero a mí me ha gustado mucho el terminal por lo que no puedo hacer otra cosa que recomendarlo. Es que funciona bien, se ve bien y además es muy robusto en su concepción. Samsung lleva años haciendo teléfonos de esta gama, se nota que siempre han sido premium y que saben cómo gestionar el teléfono para que sus usuarios puedan sacarle el máximo.
Pese a ello, es necesario ponerlo en su contexto frente al resto de contendientes, así que vamos a echarle un ojo al resto.
El Google Pixel 10 Pro se puede encontrar por unos 899 euros, es decir, 350 euros menos que el Samsung. A cambio, ofrece un teleobjetivo de 5x (frente al 3x del S26+), siete años de actualizaciones, el procesador Tensor G5 y lo que muchos consideran el mejor procesado fotográfico del mercado Android. ¿Dónde pierde? En pantalla —el panel del Samsung es más luminoso en interiores y tiene mejor calibración de color— y en rendimiento bruto de GPU, donde el Exynos 2600 con su Xclipse 960 saca ventaja en juegos exigentes. Pero si la fotografía es tu prioridad y no quieres gastar más de mil euros, el Pixel es difícil de batir.
* Precio a fecha de publicación del artículo. Puede variar sin previo aviso.
Sí, Samsung está compitiendo contra sí misma en este mercado. Apple ha renunciado a sus modelos Plus, así que solo podemos optar por el pequeño de la familia o el Pro, así que este Samsung Galaxy S26+ se queda un poco en terreno de nadie frente a la competencia. Diagonal enorme, peso ligero, estilo preciosista. Tendremos que elegir qué es lo que queremos, si unas mejores cámaras y mayor potencia bruta del S26 Ultra, o una diagonal más discreta como la del S26 que reduce su peso y nos cansa menos las muñecas.
Si vienes de un S24+ o anterior y quieres un salto generacional, el S26+ no te va a decepcionar. La pantalla es sobresaliente, el procesador ha dado un paso adelante real, la autonomía cumple sin agobios y el software está pulido tras años de iteración. Ahora bien, si tienes un S25+, el salto es demasiado pequeño para justificar otros 1.249 euros. Las cámaras son las mismas, la carga no ha mejorado y el diseño es casi idéntico. Quédate con el que tienes.
La tensión real de este teléfono está en sus vecinos de catálogo. El S26 Ultra cuesta solo 200 euros más y viene con mejor cámara (zoom 5x), pantalla más grande de 6,9 pulgadas, carga a 60 W y el mismo procesador Exynos 2600. Para quien pueda estirarse a 1.449 euros, el Ultra tiene más sentido en cada apartado. El S26 estándar cuesta 250 euros menos y, para quien no necesite la pantalla grande ni la batería extra, ofrece una experiencia muy similar en cámara y rendimiento. El Plus queda para aquellos que quieran un teléfono con unas diagonales más grandes que el pequeño de la familia, pero que tampoco busca una experiencia tan masiva como la del Ultra.
Samsung vende marca, confianza. Vende siete años de soporte y la tranquilidad de saber que el teléfono funcionará bien durante mucho tiempo. Para una parte importante de los compradores, eso vale lo que cuesta.