

Artemis II
La misión Artemis II que ha devuelto al ser humano a la Luna por primera vez en 54 años ha tenido que superar innumerables desafíos tanto en su preparación como en su trayectoria hasta el satélite. Sin embargo, a los tripulantes de la nave Orión les queda el que probablemente sea el más complicado: atravesar la atmósfera terrestre a una velocidad que alcanzará los 40.000 kilómetros por hora.
Después de que la tripulación formada por el comandante Reid Wiseman , el piloto Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen haya batido el récord de lejanía con respecto a la Tierra de ningún otro astronauta ahora que el viaje toca a su fin es momento de enfocar la atención en la maniobra de mayor complejidad: la reentrada en la atmósfera y el amerizaje.
La cápsula que devolverá a los tripulantes de la misión Artemis II a la Tierra se desplazará a velocidades enormes que se estipulan en torno a los 40.000km/h, lo que provoca un calentamiento extremo al rozar con la atmósfera y generará la sensación de estar ante una bola de fuego. Para que sirva como referencia, esa velocidad supone multiplicar por 30 la velocidad del sonido y será la mayor velocidad alcanzada por una nave tripulada desde el Apolo 10 en mayo de 1969.
El aspecto de la reentrada en la atmósfera y el amerizaje posterior ha sido destacado por la tripulación como uno de los momentos más esperados de la misión. Así, el piloto Víctor Glover señaló durante una conferencia de prensa celebrada en el transcurso del viaje lunar que "viajar a través de una bola de fuego por la atmósfera es una experiencia profunda".
La nave Orión pasará por diversas fases en esta exigente maniobra. En primer lugar, tendrá que desprenderse de los paneles solares y el motor principal, dejando la cápsula expuesta de manera directa al intenso calor solar. Un progreso a esa velocidad supersónica de 40.000km/h supone que el aire que surca la cápsula eleve su temperatura hasta unos 2.600 grados Celsius, convirtiendo así el exterior en esa masa ígnea que describía Glover.
Para evitar consecuencias indeseadas de ese calor extremo la nave Orión utiliza un escudo térmico y una técnica especial llamada reentrada en salto, que le permite rebotar brevemente en la atmósfera para reducir velocidad y controlar mejor la trayectoria de acceso a la misma hasta amerizar, si todo sale según lo previsto, en una zona acotada del océano Pacífico, al oeste de San Diego, California.
Se da la circunstancia de que en las pruebas iniciales de vuelo y reentrada a la atmósfera de la misión Artemis I, sin tripulación a bordo, se produjeron fallos en el escudo térmico de la nave. En aquel caso, algunas partes del escudo se desprendieron en una cuestión que los ingenieros de la NASA achacaron a a la acumulación de gas caliente, que se producía más rápido de lo que se podía disipar.

Como curiosidad, cabe apuntar que los ingenieros no han retocado el escudo térmico de cara la misión Artemis II, sino que han optado por dibujar otra trayectoria de acceso a la atmósfera para reducir el calor evitando la reentrada hacia la Tierra por zonas en las que la atmósfera presenta mayor temperatura.
La fase final del regreso de la misión Artemis II estará protagonizado por los paracaídas que se desplegarán desde la nave Orión en el momento oportuno y tras haberse producido cierta desaceleración. En primera instancia aparecerán dos paracaídas de frenado para estabilizar la cápsula y luego tres más irán desplegándose para terminar de frenar la trayectoria hasta lograr unas condiciones óptimas para el amerizaje, momento en el que se activan sistemas para mantener la cápsula en posición correcta en el agua. Tras ello el rescate de la tripulación y el fin a un viaje que pasará a la historia.