Inteligencia Artificial

Consumo energético récord y cero beneficios económicos: el informe de Goldman Sachs que cuestiona el verdadero impacto de la IA

Un gigante de Wall Street desmonta el mito del crecimiento económico impulsado por los algoritmos, advirtiendo que la inmensa inyección de capital ha dejado de cuadrar y asoma una severa crisis

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Los analistas dudan del retorno de una industria hipertrofiada que consume enormes recursos ambientales mientras sus ganancias quedan en simples promesas vacías

La industria lleva meses intentando vender el discurso de que la automatización iba a salvar la economía, pero las cifras reales acaban de dar un golpe brutal sobre la mesa. Y es que la burbuja de la inteligencia artificial está a punto de estallar, confirmando los peores presagios sobre una crisis que ya veníamos advirtiendo desde hace tiempo al analizar sus insostenibles expectativas financieras.

Los últimos datos que recogen en Futurism a través de un duro informe de Goldman Sachs certifican que las empresas invirtieron 410.000 millones sin retorno económico durante el año pasado. Semejante inyección de capital no ha servido para generar ni un solo punto de crecimiento en el producto interior bruto estadounidense, desmontando por completo la ficción reinante.

La paradoja de la productividad: fábricas de calor y cero riqueza macroeconómica

Para entender este monumental agujero negro hay que mirar dónde acaba el dinero que gasta Estados Unidos al comprar servidores. Resulta que ese capital beneficia a los fabricantes asiáticos, impulsando fuertemente la economía de territorios como Taiwán mientras los inversores locales siguen esperando sentados a que el mercado interior devuelva unos beneficios que no aparecen.

El segundo problema tiene que ver con una industria pesada disfrazada de software que padece una grave paradoja de productividad. Aunque un empleado trabaje más rápido, las supuestas ganancias quedan atrapadas dentro de las oficinas sin hacer que las cadenas de suministro sean más eficientes para el conjunto de la sociedad, bloqueando cualquier tipo de impacto real macroeconómico.

Darío Perkins, responsable en TS Lombard, asegura con rotundidad que la automatización no está mejorando las cifras de empleo, argumentando que los recientes despidos responden a simples ciclos habituales del mercado. Por su parte, antiguos reguladores de la Reserva Federal coinciden en que el retorno a corto plazo de semejante despliegue resulta, siendo muy generosos, bastante discutible.

Toda esta falta de rentabilidad choca frontalmente con el enorme gasto eléctrico que requieren estas infraestructuras repletas de acero y hormigón. Ya sabemos que entrenar estos modelos exige cantidades absurdas de megavatios, un apetito muy lejano a los apenas doce vatios que consume un cerebro humano y que ahoga gravemente las redes de suministro de energía nacionales.

Esta inmensa voracidad ya está afectando directamente a los bolsillos de la gente corriente. La construcción incesante de centros de datos está encareciendo el recibo eléctrico de los ciudadanos, provocando que varios senadores exijan explicaciones urgentes a los gigantes del sector por trasladar sus altísimos costes operativos de forma totalmente silenciosa a toda la población civil.

El panorama no pinta bien para quienes sigan empeñados en fingir que no pasa nada, ya que las previsiones apuntan a un gasto de otros 660.000 millones este año. Y es que la industria se asoma a un crudo invierno financiero donde quedará claro si estamos construyendo herramientas útiles o simplemente engordando el colapso más caro de nuestra historia.

 

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