

Libertad de expresión
A nadie se le escapa que las diferentes plataformas de contenido y redes sociales se han convertido en el nuevo escenario predilecto para tratar de ganar adeptos a una causa. Sea cual sea el origen y la finalidad, el algoritmo juega un papel crucial a la hora de crear corrientes de opinión, por lo que tratar de tenerlo bajo control es una tentación a la que a algunos les resulta imposible escapar.
Junto con la importancia de la inteligencia artificial y su futuro, ese que Estados Unidos aspira a dominar a través de la Misión Génesis, Internet y las plataformas de difusión han demostrado una importancia capital en el mundo actual, que queda más de manifiesto si cabe cuando suceden episodios como los que se viven estos días en Irán, donde la población ha perdido el acceso a internet incluso a través de la red satelital Starlink, de Elon Musk.
Controlar los medios y los espacios de comunicación e información es clave y las redes sociales han crecido mucho en los últimos tiempos como vía de información prioritaria para las nuevas generaciones. Esa razón, junto a los habituales intereses económicos y empresariales que trascienden de ella, provocan discursos que ponen en serio peligro la libertad de expresión y que hacen pensar en épocas pretéritas.
Es el caso de la idea planteada por el empresario e inversor israelí Shlomo Kramer, que centra su actividad en las tecnologías de la información. Entre los proyectos de Kramer, se encuentra Cato Networks, proveedor de seguridad de redes en la nube, compañía de la que es cofundador. Su papel dentro de la industria tecnológica llevó a Kramer a una entrevista en la CNBC, la cadena de televisión estadounidense especializada en noticias de negocios y finanzas. En ella, el empresario reveló una verdad incómoda al mostrarse partidario de suspender la Primera Enmienda de la constitución de los Estados Unidos y limitar la libertad de expresión y prensa para, según él, frenar la polarización.
Para el millonario israelí, controlar por parte del gobierno la libertad de expresión de sus ciudadanos es el único camino para garantizar una supervivencia y un ambiente en el que se reduzca el ruido en el debate público. Para Kramer, la defensa a ultranza de la Primera Enmienda está haciendo un daño difícil de calibrar en el país presidido por Donald Trump y según el empresario "se está observando la polarización en los países que permiten la Primera Enmienda y la protegen, lo cual es estupendo. Sé que es difícil de oír, pero es hora de limitar la Primera Enmienda para protegerla", afirmó sin tapujos.
Por si quedara alguna duda acerca de a qué se refería, Kramer aclaró a renglón seguido que su objetivo eran las redes sociales y demás plataformas en las que los ciudadanos pueden mostrar sus opiniones de manera libre y sin temores: "Quiero decir que necesitamos controlar las plataformas, todas las plataformas sociales. Necesitamos clasificar la autenticidad de cada persona que se expresa en línea y tomar el control de lo que dicen, basándonos en esa clasificación", reiteró Kramer.
Kramer, que aseguró que se debería educar a la gente "contra las mentiras", abogó por un control gubernamental de las redes con un as en la manga. Se trata de una medida para la que sería necesario un amplio despliegue y cooperación público-privada en materia de ciberseguridad. Y ahí es donde parece emerger el interés de Shlomo Kramer: ofrecer los servicios de su firma, Cato Networks, para que sea una de las compañías que trabajara en ese ámbito de seguridad y control.
La postura del empresario israelí es sin duda radical, y por ello resulta inevitable buscar una razón de peso más allá de la preocupación por el tono del debate social. Razón que aparece al pensar en a quién beneficiaría una medida de tal calibre. Con una empresa basada en soluciones de ciberseguridad en su tarjeta de visita, Kramer apunta a la "urgente necesidad" de "implementar ajustes que quizás no sean populares" en un gesto que resulta complejo evaluar de manera independiente a los razonables intereses económicos que pueden promover su idea de remodelar la Primera Enmienda y restar a las personas un derecho fundamental como lo es la libertad de expresión, palabra y prensa.