El iceberg que cambiará el mapamundi

Larsen C está a sólo 13 km de desprenderse de la Antártida y de modificar así la topografía del Polo Sur convirtiéndose en una nueva señal sobre el calentamiento global

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04 de julio de 2017. 17:24h

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Sólo han bastado seis días para que la fractura de la plataforma Larsen C de la Antártida se haya alargado 17 kilómetros. Ahora tan sólo 13 km la sujetan a la tierra firme. La pregunta ha dejado de ser si Larsen C se romperá generando un enorme iceberg de casi 5.000 km2 (más o menos como La Rioja) sino cuándo lo hará. Y cuando eso ocurra el hemisferio sur ya no será igual.

La alerta la ha lanzado el investigador Adrian Luckman de la Universidad de Swansea (Gales), quien tiene bajo control esta plataforma del Polo Sur y estudia los efectos del calentamiento global en esta zona del mundo. No es la primera plataforma de hielo que se deshace. De hecho, Larsen A y B ya se separaron en 1995 y 2002 respectivamente. Dicen los investigadores de Sweansea que Larsen C no tendrá un efecto directo en la subida del nivel del mar, aunque el problema es que «los pequeños cambios en la Antártida pueden tener una gran influencia. Si se derritiera Groenlandia habría una subida del nivel del mar de más de 7 metros, si la Antártida se quedara sin hielo el mar subiría casi 60 metros. Obviamente estos son valores teóricos, pues los gigantes de hielo continental de la Antártida y Groenlandia no van a desaparecer de un día para otro, pero nos dan una idea de cómo los pequeños cambios en estas inmensas masas de hielo ya pueden causar subidas notables del nivel del mar. De la Antártida aún se sabe muy poco sobre lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir. En teoría, es un continente más estable por la cantidad enorme de hielo que tiene, mucho mayor que la de Groenlandia, y su situación geográfica. Pensamos que está más o menos estable pero hay estudios que indican que la parte oeste (que incluye la península donde se encuentra Larsen C), cuya capa de hielo es más fina, tal vez no sea tan estable. En el caso de la plataforma Larsen C, la pregunta es lo que va a pasar una vez que el iceberg gigante se separe de ella. ¿Lo que resta de la plataforma se quedaría estable, o será el preludio de la completa desintegración de una plataforma más?», explica Sergio Henrique Faria, profesor e investigador del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3).

Independientemente del interés científico que causa esta plataforma, la situación realmente grave sigue siendo la del Ártico, que se está calentando y derritiendo a un ritmo sin precedentes. De hecho, se espera que en los próximos años o décadas se produzca un verano completamente sin hielo marino en esa región. «El hielo marino es una capa de hielo flotante que se forma sobre el océano en regiones polares. La superficie del hielo marino es de color muy claro, generalmente blanco por la nieve. Gracias a él se refleja la luz y la energía del sol, que retorna al espacio. Es lo que llamamos efecto albedo. Si es muy alto, como en la nieve, casi toda la energía se refleja. Si desaparece una parte, lo que encontramos es la superficie oscura del océano, que absorbe casi toda la energía solar. Si calientas el océano, se calienta también la atmósfera, causando un derretimiento aún más intenso del resto del hielo marino en un efecto de retroalimentación. Se cree que esta retroalimentación es una de las causas del fenómeno de amplificación del calentamiento en el Ártico, caracterizado por un aumento de la temperatura aquí de 2-3 grados más que el calentamiento medio en el resto del globo. Dicho calentamiento amplificado desestabiliza el clima polar y a su vez afecta los climas vecinos (Europa, Asia, America del Norte...). Tal desestabilización la empezamos a ver de forma clara también en nuestra región, a través de los eventos meteorológicos extremos, como olas de calor y de frío, sequías, inundaciones, etc. Además, el calentamiento del océano Ártico afecta también la estabilidad del hielo continental sobre Groenlandia y todo lo que salga de ahí aumentará el nivel del mar», explica Faria.

Es más, un reciente estudio liderado por el BC3 alerta de que el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5ºC por encima de los niveles pre-industriales está en serio riesgo debido a la desaparición del hielo marino del Ártico. El equipo ha tenido en cuenta una variable que ha quedado fuera de los modelos de análisis integrado del IPCC en los que se basan los acuerdos y es precisamente esa desaparición acelerada del hielo. «Estos modelos no consideran el efecto de retroalimentación generado por una pérdida rápida del hielo marino en el albedo. Nuestro estudio permite capturar el calentamiento global adicional de diferentes escenarios sin hielo en verano en el Océano Ártico. Incluso, en la situación más optimista, en la que todo el mundo deja de emitir rápidamente, un verano sin hielo nos obligaría en el futuro a tener que retirar y almacenar enormes cantidades del CO2 ya presentes en la atmósfera para poder estar por debajo de los 1,5ºC», detalla Faria.

Cuando las olas de calor dan una tregua es más difícil palpar el calentamiento global en el día a día y entender que, aunque se redujeran las emisiones que crean el efecto invernadero, las consecuencias climáticas seguirán estando allí, con nuevos eventos extremos cuya frecuencia seguirá aumentado. «El cambio climático es difícil de entender porque va mucho más allá de la meteorología. El clima es la tendencia de la meteorología durante décadas», afirma Faria. Y sobre tendencias nada mejor que seguir las evaluaciones de diferentes organismos como la Organización Meteorológica Mundial sobre el clima. Si en 2016 dibujaba un panorama de calor sin precedente en todo el mundo, un hielo marino en mínimos en ambos polos y una subida del nivel del mar más veloz de lo que se pensaba (el 2016 fue el año más caliente desde que se tienen registros con 1,1ºC por encima de los niveles preindustriales), para 2017 las previsiones son aún más extremas. «Las olas de calor (la última ha provocado temperaturas 6º por encima de la media) son fenómenos naturales, considerados extremos, pero que en los últimos diez años se han hecho muy recurrentes a causa del calentamiento global. Hay que estar preparados para que estos fenómenos sean cada vez más comunes», recogía la agencia Efe sobre el tema. Tras la primavera más calurosa del último medio siglo (con 1,7ºC más de promedio), la Agencia Estatal de Meteorología confirma que en la Península este verano podría ser hasta un grado más caluroso de lo habitual.

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